El orgullo de una estirpe

Los descendientes del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, buscan ser fieles a su legado. Así lo afirman María Elena de Céspedes y su hija Olga Elena, tataranieta y chozna, respectivamente, del héroe, con quienes conversó este diario

Autor:

Luis Hernández Serrano

María Elena de Céspedes Martínez y su hija Olga Elena Arbas de Céspedes llevan en su sangre genes del Padre de la Patria. Con ellas conversamos, en la mañana del pasado miércoles, en su casa, en el municipio habanero de San Miguel del Padrón.

María Elena es tataranieta y Olga está entre los diez choznos (hijo de tataranieto) del primer presidente de la República de Cuba en Armas, Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, el hombre que el 10 de octubre de 1868 —junto a 147 compañeros, en su ingenio La Demajagua, al este de Manzanillo— dio el grito de guerra contra el colonialismo español, liberó a sus esclavos y pidió la libertad de los que se incorporaran a la lucha por la independencia de Cuba

«Yo nací en Pilón, Oriente, el 18 de enero de 1949; pero a los ocho días de nacida me llevaron para San Rafael de la Junta, la primera finca que tuvo mi tatarabuelo, en Media Luna, hoy Granma, donde él vivió con su primera esposa, María del Carmen de Céspedes. Allí residí hasta los 14 años. Después volví, a los 17, hasta diciembre de 1973», evoca María Elena de Céspedes, la tataranieta, quien conoció personalmente a sus cuatro abuelos, fortuna que no todo el mundo tiene.

«Allí residí hasta que en 1973 vine para La Habana. Yo soy bisnieta de Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, hijo gemelo con Gloria, que tuvieron el Padre de la Patria y su segunda esposa, Ana de Quesada y Loynaz».

Explica ella que su bisabuelo,  Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, les decía a sus nietos «los guardianes». Y que todos sus antecesores repartieron amor a derecha e izquierda, y ayudaron al que no tenía.

«Así era nuestra tradición humana, eso era nuestra casa. Allí se apretaban siempre las manos de los pobres, se le daba de comer al hambriento. Y por las enseñanzas que sembró nuestro tatarabuelo en el alma de toda la familia, para nosotros no existen los colores, pues nos criamos entre hombres de piel oscura», asegura.

Olga Elena Arbas de Céspedes, hija de María Elena, recalca que una de las herencias del tronco patriótico e ilustre de la familia fue su amor a lo justo. Cuando nos dice que nació en la finca que fuera del Padre de la Patria, recuerda que luego de estar 30 años en La Habana, fue a Bayamo, volvió allá y enseguida sintió el olor que se aprendió de memoria de ese sitio sagrado donde, decían sus antepasados, «aún se sienten los pasos de Céspedes». «Ese olor a hierba y al agua del arroyo que pasaba muy cerca no puedo olvidarlo», comenta Olga Elena, conmovida por ese recuerdo.

Otros chornos de Carlos Manuel de Céspedes son los demás hijos de María Elena, la tataranieta. Estos son Flavio, de 46 años; Laura, de 43, y María Elena, de 41.

«Mi bisabuelo Carlos Manuel de Céspedes Martínez contaba muchas cosas sobre el gran héroe de nuestra familia. Hay algo que me conmueve mucho. Yo nunca había visto una imagen de Ana de Quesada, la esposa del Padre de la Patria, y cuando lo hice, descubrí que yo me he pelado siempre igual que ella y tengo su mismo pelo. En toda la familia dicen que el arco de mis cejas es exacto al de él. Y Laura, mi hermana, es igualita a Gloria, la hija suya con Ana, pruebas indelebles de la herencia, de la genética», expresa Olga Elena.

La entrevistada de más edad, María Elena de Céspedes Martínez, se refiere también a La Bayamesa, esa canción cuya letra y música fue obra, en parte, de su tatarabuelo.

«Siempre que he escuchado esa pieza —que por cierto la cantaba muy bien Vilma Espín— me engrandezco, me siento mucho más animada y fuerte, me conmueve en todo el cuerpo y en el alma. No sé por qué. ¿Será por la porción de sangre que llevo de mi tatarabuelo?», comenta con un suave brillo sentimental en sus ojos.

Hace una pausa mientras Olga, su hija, busca dos fotos: la de Carlos Manuel, el hijo gemelo del Padre de la Patria (hermano de Gloria), y la de su montura, tomada en 1944 en la finca medialunera de La Junta.

María Elena cuenta que en una clase en la Primaria, cuando una maestra explicaba que Carlos Manuel de Céspedes era un burgués terrateniente, ella se puso de pie y le dijo: «Sí, es verdad, pero liberó a sus esclavos y dio inicio a las guerras para ser libres e independientes».

Resalta asimismo que su abuelo paterno, Carlos Manuel de Céspedes Martínez, nació en la manigua, se alimentaba con sagú, y el padre de este —Carlos Manuel de Céspedes y Quesada— llegó a ser coronel del Ejército Libertador de Cuba en la Guerra del 95, abogado, y presidente provisional de la República en 1933, murió el 27 de marzo de 1939, con 67 años.

Aclara María Elena que Fidel estuvo en la casa del Padre de la Patria, una especie de chalet hecho de maderas preciosas, en la citada finca de La Junta, en Media Luna, el 2 de diciembre de 1961. Y puntualiza María Elena igualmente que allí Carlos Manuel de Céspedes Martínez falleció, el 2 de febrero de 1980.

«Déjeme decirle —argumenta la tataranieta de Céspedes— que nuestra familia fue antibatistiana impenitente. Sobre todo mi abuelo y mi abuela. Los dos eran unos fieles mambises, así como sus dos hijos, mi papá y mi tío. Mi hermano, Víctor Manuel de Céspedes Borgollá, con 12 años se fue a alzar a la Sierra Maestra y solo llegó hasta El Perico, donde topó con los rebeldes y le dijeron que regresara para su casa, que era muy niño e iba a ser mucho más útil ayudando a sus padres».

Olga, la hija de María Elena, enfatiza que hay —que ellos sepan— diez chornos, «aunque por existir el también chorno Manuel de Céspedes, que todavía reside en Media Luna (nació en 1960, hace 55 años), el apellido de nuestro héroe mayor no termina, porque tiene un hijo varón.

La tataranieta ilustre nos dice que la inolvidable Celia Sánchez Manduley todos los años mandaba a un periodista a entrevistar a su papá en la finca La Junta. «En el último intento de diálogo, ya Celia había muerto, el 11 de enero de 1980, y también mi padre. Eso fue el 5 de febrero del propio año».

«Sí, precisa, porque no se conoce mucho tampoco que el padre de Celia era médico de cabecera de Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, bueno, en realidad de la familia cespediana entera. Y debo decir —y así le honro de alguna manera— que a nuestro ancestro Carlos Manuel de Céspedes Martínez, el que se alimentaba con sagú en la manigua mambisa, le decían en La Junta “el Padre de los campesinos”, porque los ayudaba».

María Elena, la tataranieta de Céspedes, está jubilada del sector del comercio. Y Olga Elena, su hija, es actualmente técnica en obras de ingeniería de la subdirección de infraestructura vial de la Dirección General de Transporte, con sede en Ulloa, entre Avenida Zoológico y Emporio.

«Yo —habla María Elena— me siento mambisa. Creo que la principal virtud de mi tatarabuelo fue su humanismo, su patriotismo. Y me da rabia pensar que lo dejaron solo, sin escolta, en San Lorenzo, en una ranchería de la Sierra Maestra, sin protegerlo del enemigo, sin rendir culto a su condición de primer presidente de la República de Cuba en Armas, el iniciador de nuestras guerras libertarias.

«Y yo, por inexperiencia —apunta Olga Elena— jugaba de niña en la primera finca del Padre de la Patria, con sus espuelas, su montura y con otras de sus pertenencias. Y mi bisabuelo materno, el que se alimentaba con sagú, como desconfiaba y no creía en muchos abogados de la época, hizo un testamento manuscrito para que se distribuyeran con justicia sus bienes. Los descendientes de Céspedes tratamos de ser fieles a su legado. Yo, por ejemplo, me siento orgullosa de llevar su apellido y su sangre».

Afanes y azares de un libertador

El Padre de la Patria nació el 18 de abril de 1819, en Bayamo. Hijo de Jesús María de Céspedes Luque, de Oriente, y Francisca Borja López del Castillo y Ramírez de Aguilar, de Camagüey, su nombre completo fue Carlos Manuel Perfecto del Carmen de Céspedes y López del Castillo.

La boda del Padre de la Patria con Ana de Quesada y Loynaz, en segundas nupcias, tuvo lugar en San Diego del Chorrillo, Najasa, en los campos de Cuba libre, el 4 de noviembre de 1869, él con 50 años y ella con 26. Ana había nacido el 14 de febrero de 1842 y murió el 22 de diciembre de 1910, con 67 años, en París. La mencionó mucho en su Diario.

La boda con Ana ocurrió tiempo después de morir su primera esposa, su doble prima hermana María del Carmen de Céspedes y Castillo, con la que se había casado en 1839 y que le dio tres hijos: María del Carmen, Carlos Manuel y Oscar; este último fusilado el 3 de junio de 1870. Todos ellos tuvieron como apellidos «de Céspedes y de Céspedes». Ella murió en enero de 1868 a causa de la tuberculosis.

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