Otra boda cerca de las nubes

¿Pudiera convertirse en costumbre casarse en el Pico Turquino, a casi 2 000 metros sobre el nivel del mar? Dos jóvenes celebraron la segunda boda conocida en esa elevación

Autores:

Osviel Castro Medel
Yasel Toledo Garnache

BARTOLOMÉ MASÓ, Granma.— Dos bodas han tenido lugar en el Pico Real del Turquino, a 1 974 metros sobre el nivel del mar, una altura insospechada tiempo atrás para cualquier pareja cubana.

Karen Alonso Zayas y Rodolfo Romero Reyes celebraron nupcias el pasado 22 de octubre en esa emblemática elevación y de este modo siguieron los pasos de Nadiagne Rondón Badell y Amaury Hechavarría Nistal, quienes se casaron en 2009, según reseñó este periódico (Boda por todo lo alto), el 25 de diciembre de 2013.

El reportaje de JR subrayó entonces que «según la memoria colectiva de los que laboran en el Parque Nacional Pico Turquino, y de vecinos de la zona», aquella fue la primera vez «que una pareja escogía el punto culminante de la geografía cubana como escenario de su casamiento».

Para esta segunda boda solo 11 personas, incluyendo los novios, pudieron asistir a la ceremonia, pues los rigores del camino hacia el Turquino, aumentados por las lluvias de octubre, provocaron que otros 19 amigos de Karen y Rodolfo se quedaran sin completar la travesía.

«Fue una subida más difícil de lo normal por los aguaceros y el fango. Yo he subido cinco veces y Karen dos; esta fue la más complicada de todas. Los zapatos de ella se rompieron y los míos largaron la suela», explicó Rodolfo, periodista de profesión que trabaja como profesor en la Universidad de La Habana (UH).

«Llevamos el vestido y el traje dentro de un nailon por la posibilidad de que lloviera. Convencimos al notario, que es mi amigo, compañero de la secundaria y el preuniversitario, y joven igual que nosotros. Es cierto que algunos no lograron llegar a la cima, pero otros sí y todo estuvo maravilloso», agregó.

La idea de la boda fue de Karen, quien originalmente pensó casarse en una playa, pero después de una escalada al Pico junto a Rodolfo y otros coetáneos creyó que esa cumbre era ideal y se ajustaba a su idea de celebrar una fiesta de matrimonio «no convencional».

Ella, quien es graduada de Comunicación Social por la UH, comentó que hasta estuvieron dispuestos a esperar al día siguiente con tal de casarse y acotó que el único sinsabor fue la ausencia en la ceremonia de los seres queridos, quienes no pudieron asistir por la complejidad de la escalada.

Los jóvenes se casaron sobre las 5:00 de la tarde aprovechando una expedición a la Sierra Maestra de la Guerrilla de Blogueros, un proyecto integrado por bisoños profesionales de varias provincias, nacido para divulgar en las redes sociales la importancia de sitios históricos de toda Cuba.

En el Pico Turquino se han desarrollado múltiples actos y abanderamientos y cerca de este también han acontecido graduaciones, como la realizada hace casi 50 años, en el Pico Cuba, el 14 de noviembre de 1965, fecha en que Fidel presidió la entrega de títulos a los primeros médicos egresados con la Revolución.

Está por ver si luego de estas dos bodas la cima más alta cubana se convierte también en un lugar de nupcias para otras parejas de una nación en la que los índices de casamientos formales han disminuido. Según un artículo del periódico Granma de abril de 2014 (Casados o no, ¿una cuestión de amor?), de acuerdo con la Dirección Nacional de Registros y Notarías del Ministerio de Justicia, «en los últimos cinco años (2009–2013) se ha producido una fluctuación en el índice de matrimonios formalizados. Mientras que en el 2010 se casaron 76 135 parejas, por ejemplo, en el 2012 registraron su unión 49 502».

En otras latitudes se han celebrado matrimonios a grandes alturas, como el que protagonizaron los argentinos Sabrina Oribe y Luciano Vedia, trabajadores de la mina de oro Pascua-Lama, quienes se enlazaron formalmente en marzo de 2012 en el campamento Los Amarillos, situado en el límite entre Argentina y Chile a unos 4 100 metros sobre el nivel del mar.

Sin embargo, esa pareja no tuvo que realizar un ascenso de varias horas por caminos fangosos como sí hicieron Karen y Rodolfo, quienes apuntan que, después de más de dos años de noviazgo, «sentimos que hicimos público algo que decidimos desde hace mucho: estar juntos para toda la vida».

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