Cuando la victoria llegó en un Día de Reyes

Por más de cinco décadas el pueblo cienfueguero se reúne en el Parque Martí, como si volvieran a esperar a Fidel. Ya no son barbudos quienes bajan de la Sierra Maestra, sino pioneros, estudiantes de bachiller, nivel medio y universitarios

Autor:

Glenda Boza Ibarra

Aquel desvío en horas de la tarde, casi noche, atrasaría la anhelada llegada a La Habana, pero era preciso. A pesar del júbilo, el cansancio comenzaba a sentirse y la entrada a la capital era el máximo deseo de quienes venían en la caravana. Pero «a Cienfuegos había que venir».

Ellos también contribuyeron al triunfo revolucionario, aunque muchos pensaran que la única acción importante de ese pueblo fue el Levantamiento Popular del Cinco de Septiembre de 1957.

¿Cómo llegaron los rebeldes? Algunos lo recuerdan, pero la mayoría no lo vivimos. Pasó a la historia- con sus fantasías incluidas- como el recibimiento de la gente a ambos lados de la carretera, el recorrido de los jeeps por el Prado y hasta el Distrito Naval del Sur, el camión que improvisó una tribuna en plena madrugada, el casi adolescente que escoltaba a Fidel, la paella que le ofrecería al líder María Covadonga.

Y la historia se repite cada 6 de enero, porque uno debe recordar siempre. Mas ya no son barbudos quienes bajan de la Sierra Maestra, sino pioneros, estudiantes de bachiller, nivel medio y universitarios. Los más jóvenes recorren ahora la Isla, siempre con los primeros días del nuevo año.

Entonces aparecen los camiones llenos de banderas y la gente se reúne para verlos llegar, algunos para evocar aquella gesta, otros solo por la curiosidad y el placer de ver a los más nuevos recorriendo el país alegres, como quienes hacen otra vez una revolución.

Por más de cinco décadas el pueblo cienfueguero se reúne en el Parque Martí, como si volvieran a esperar a Fidel, aunque tal sueño no se cumpla.

A veces hace frío, a veces las noches son frescas como esta última, pero siempre la evocación, es también un festejo.

Sobre la tribuna, que ya no es improvisada, aparecen ahora los artistas, para cantar y bailar al ritmo de la libertad. La historia es otra vez motivo de celebración y el seis de enero se vuelve una fiesta para todas las religiones.

Como los que trajeron oro, mirra e incienso al niño Jesús en el lejano Belén, los «reyes magos» que llegaron a Cienfuegos venían del Oriente y seguían una estrella.

Aunque tal recorrido de verde olivo no está recogido en ningún evangelio, ambas tradiciones narran igualmente el camino de los sabios hacia la esperanza de un futuro mejor para los seres humanos.

Ni Gaspar, ni Melchor ni Baltasar llegaron a Cienfuegos en jeep. Venían otros cubanos, a muchos cuyos nombres incluso, la historia no recuerda. Pero estuvieron allí, aquí, trayéndonos, como reyes magos, un solo regalo: la libertad.

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