Muchacha de alma inquieta - Cuba

Muchacha de alma inquieta

La guantanamera Idaliena Díaz Casamayor es la delegada más joven al venidero VII Congreso del Partido

Autor:

Haydee León Moya

GUANTÁNAMO.— Ella evita hacerse notar, pero su alma inquieta se lo impide. Ni cuando, casi adolescente aún y recién graduada como instructora de arte, acogió con gusto su inserción laboral en una escuelita especial de su ciudad natal. Allí, su constancia e iniciativas ayudaron a mover los cimientos de un trabajo cultural sostenido y sobresaliente.

Tampoco ese natural carácter suyo, sosegado y para nada altisonante, impidió que en una asamblea, los vecinos del barrio donde nació y vive todavía, la eligieran a ella, con apenas 21 años de edad, como su delegada de circunscripción.

La misma muchacha, hija de una ama de casa y de un electricista, tres años después fue electa presidenta de un Consejo Popular con más de 33 000 habitantes, y una de las diputadas más jóvenes del Parlamento cubano.

Idaliena Díaz Casamayor, hoy licenciada en Comunicación Social, tiene en la actualidad 27 años de edad y tantas responsabilidades (en el Gobierno, en el consejo Jóvenes Plaza Martiana, en el Comité Provincial de la UJC) como para renunciar a ese empeño suyo de no hacerse notar. Pero es algo bien arraigado en ella.

Entre un grupo de jóvenes guantanameros que emprendieron esta semana la ruta 55 pasos y 90 huellas, organizada por la UJC, me encontré con esta muchacha de espíritu noble y agudo pensamiento que ahora es, además, la delegada más joven del país al 7o Congreso del Partido Comunista de Cuba.

Mientras se cumplía este singular periplo por sitios de aquí, donde dejó su huella el líder histórico de la Revolución Fidel Castro, Idaliena dialogó con Juventud Rebelde sobre sus expectativas del importante evento partidista, y de sus inquietudes.

—Que una jovencita con apenas dos años en las filas del Partido esté en su más importante evento, ¿lo consideras suerte o merecimiento?

—Las dos cosas, y más. Es una suerte tener la oportunidad de participar en un debate junto a la dirección histórica de la Revolución, una circunstancia que tal vez sea única para mí y para los de mi generación. Creo, por otra parte, que la juventud cubana necesita estar en un espacio como ese.

—¿Por qué consideras necesaria esa presencia joven?

—Porque tengo la seguridad de que el 7o Congreso va a marcar una pauta, pues se va a conceptualizar nuestro modelo económico y social al que los jóvenes estamos llamados a dar continuidad.

—¿Cuál es tu perspectiva del Congreso en ese sentido?

—Sin dudas trazará acciones cuya materialización nos corresponderá, por ley de la vida, a los jóvenes. Nos toca demostrar que nuestro sistema es viable y para eso tenemos que concretar las transformaciones que permitan prosperidad y sostenibilidad en el orden económico, de manera que el desarrollo en ese sentido acompañe con creces el prestigio y la moral que tiene la Revolución por sus conquistas sociales.

«Para mí es una responsabilidad mayúscula. Pero también se trata de un debate y toma de decisiones con la presencia de la generación a la que pertenezco, o sea, un sector de la sociedad cubana marcado por las carencias del período especial, blanco y prioridad del enemigo en las campañas para desacreditar a la Revolución.

«Espero que las intervenciones satisfagan las inquietudes de los jóvenes que estaremos allí».

—¿Como cuáles?

—Por ejemplo, que muchas personas no aportan nada a la sociedad y tienen los mismos beneficios. Eso es igualitarismo y no ayuda al progreso.

«Que en el país se logre garantizar, definitivamente, la alimentación de la población, en respuesta a todo lo que se ha invertido no solo materialmente, sino en la formación de ingenieros y técnicos. Eso, y los logros de la ciencia en ese sector, se tienen que ver ya en resultados productivos concretos, porque de lo contrario nunca van a ser creíbles las proyecciones.

«A mí me inquietan muchas cosas más. Una de ellas es el protagonismo real de los jóvenes, que no se mide solo por la cantidad de cargos o la posición que tengan en el Partido y en los organismos de la administración central del Estado, sino por su participación en los hechos que definen el desarrollo de la sociedad.

«En eso se ha avanzado mucho. Yo diría que tenemos la dicha de tener aún una dirección histórica, pero es importante perfeccionar la política de cuadros de manera que las nuevas generaciones transiten por diferentes responsabilidades. No se trata de una representatividad ni de un relevo de generaciones, sino de que la juventud, preparada y consciente, dé continuidad al proyecto social que nos ha dignificado.

«Los jóvenes, no obstante, estamos en todas partes, con un protagonismo enorme. Uno lo aprecia incluso a nivel de las comunidades. Vivo en un espacio físico socialmente complicado, con situaciones precarias en los viales, muchos riesgos ambientales; sin embargo, son los más jóvenes, incluso algunos que permanecen sentados en las esquinas, los primeros en acudir de inmediato cuando ven a su barrio en peligro. Eso es también protagonismo, aunque necesiten estar mejor orientados.

«Pero no “orientaciones” desde afuera, como las que expresó el presidente Obama durante su visita a nuestro país, como si los jóvenes cubanos estuviésemos en un escenario que no es correcto y por tanto necesitásemos que nos guíen hacia dónde ir.

«Eso es ofensivo para la juventud cubana, cuya mayoría es una generación consciente de lo que quiere, es una gran masa de profesionales, técnicos, estudiantes y trabajadores, muchachos y muchachas que aunque creamos que es perfectible nuestro sistema, estamos claros de que es el nuestro y no otro, el proyecto social que necesitamos».

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