Monarca de la cantina

El espirituano Amaury Cepeda Álvarez conquistó el máximo galardón del Grand Prix de Coctelería Havana Club 2016, premio que lo ratifica como uno de los mejores cantineros del país

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.— Desde hace 17 años se arropó con el traje de cantinero. Atrás dejó el legado familiar por la pelota. Prefirió por legendarios home run a base de mezclas de licores y vinos. Con perseverancia, estudio y dedicación, Amaury Cepeda Álvarez se distingue entre los mejores en ese oficio en Cuba y reconocido internacionalmente.

«Para lograr resultados en esto hay que amar lo que se hace detrás de la barra y respetar a los clientes», dice, mientras prepara un trago para un turista que intenta apaciguar el calor en la taberna Yayabo, donde labora desde su inauguración en el 2014.

—¿Cómo descubres este mundo?

—En el 1996 comencé a trabajar como dependiente de salón en el Café central, un bar-restaurante del sistema de la gastronomía de la ciudad de Sancti Spíritus. Allí, conocí que algunos de mis compañeros pertenecían a la Asociación de Cantineros de la provincia. Entonces, poco a poco me uní a ellos. Un día empecé a improvisar con las bebidas y alguien me dijo que tenía futuro.

Tras ese primer paso, este espirituano se motivó a cursar estudios en el sistema de Formación Turística (Formatur), y buscó apoyo en varios colegas.

Y ese constante afán por la superación ha propiciado que haya sido reconocido entre los mejores en los diez certámenes nacionales y muchos otros provinciales, en los que ha participado.

Precisamente, en el pasado 2015 obtuvo el primer lugar en el Fabio Delgado in memóriam, avalado como el concurso más importante que organiza la Asociación de Cantineros de Cuba.

«No fue fácil obtener ese resultado porque en nuestro país existen cantineros con una extrema calidad. Por ese premio, tengo derecho a participar en el Campeonato Mundial de Coctelería IBA 2016, que sesionará en octubre venidero, en Japón».

—Entre tantos reconocimientos, sin dudas, el de mayor trascendencia ha sido el obtenido recientemente en la XI edición del Grand Prix de Coctelería Havana Club 2016. ¿Cómo lograste seducir el paladar de un jurado tan exigente?

—En cada evento se exige cumplir con la convocatoria. En la de ese, pidieron que fuera un coctel puramente cubano. A partir de eso, me fui para la biblioteca a estudiar y descubrí, que un trapiche manual con fecha de 1515 se llamaba Cunyaya. Cuando leí eso, me dije «este es el nombre».

Después de varias mezclas de pruebas, propuse la fusión entre el jugo de caña y naranja agria; ron Havana Club 7 Años; miel y gotas de esencia frutales. Todo vertido en una jarra de barro; servido en un plato que tomó como base una hoja de tabaco, para que se le colara en su sabor ese olor.

—¿Confiado que ganarías?

—No, nunca antes un cubano se había acercado a los finalistas de ese tipo de evento. La prensa internacional me puso muy nervioso. Pero no me amilané y lo di todo. Cuando dijeron Cuba no lo podía creer. Ha sido la alegría más grande e inesperada de mi vida, claro después de mi familia.

—¿Te arriesgarás con esa bebida en Japón?

—Todavía no sé cuál es la convocatoria de ese concurso. Pero mezclas con autenticidad se pueden obtener muchas, así que allá llevaremos otra tan sabrosa como Cunyaya.

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