El destino para Cuba tiene que ser grande

«Aún nos queda algo de energía y de voz para saludar al pueblo de Matanzas. Lo único que no me gusta es que este balcón está muy alto y yo estoy muy lejos de ustedes, yo quisiera estar más cerca de ustedes. Yo quisiera estar allá abajo, pero si ustedes me ven a mí, yo no los veo a ustedes. (…) Decía que lamentaba no estar más cerca, porque yo no he venido a los pueblos a hacer discursos, no he venido a los pueblos a hacer retórica, no he venido a los pueblos a impresionar a nadie, he venido a los pueblos a hablar con el pueblo». Fidel en Matanzas, el 7 de enero de 1959

Autor:

Juventud Rebelde

El 7 de enero de 1959 quedó en la memoria colectiva del pueblo matancero. Una trascendental epopeya nacía con la entrada a la provincia de la Caravana de la Libertad, por el poblado de San Pedro de Mayabón.

Cada año, desde entonces, se ha rememorado ese acontecimiento que marcó el destino de Cuba y de los hombres progresistas del mundo.

En aquella ocasión, desde un balcón en la sede del Gobierno provincial, Fidel se dirigió al pueblo matancero: «El destino para Cuba tiene que ser grande, porque nuestro pueblo se ha puesto en marcha, nuestro pueblo está de pie y está decidido a cualquier cosa (…). Cuando los pueblos se ponen en marcha, solo dos cosas pueden ocurrir: o logran lo que se proponen y conquistan aquello a lo que tienen derecho, o hay que exterminarlos, hay que desaparecerlos, porque sería la única manera de impedir su triunfo».

Tras pronunciar el histórico discurso ante un pueblo enardecido, Fidel descansó unos minutos en el hotel Internacional de Varadero.

Muy temprano en la mañana, el 8 de enero el Comandante en Jefe desvía la Caravana hacia Cárdenas, donde recibió infinitas muestras de apoyo hasta llegar a la Casa Natal de José Antonio, sitio en el que conversó con la familia del joven revolucionario.

Posteriormente, junto a miembros del Ejército Rebelde y del Movimiento 26 de Julio, se trasladó hacia el cementerio de la ciudad, donde depositó una ofrenda floral en el panteón de esa familia.

En todos los poblados, miles de matanceros se reunieron a vitorear a los barbudos y a Fidel, quien en varios pueblos se dirigió a las multitudes, no con promesas vanas, sino advirtiendo los obstáculos a vencer en el futuro. Por primera vez un mandatario ponía su corazón junto al pueblo.

Ciudadanos de otros países se sumaron al homenaje multitudinario que acompañó a la caravana en todo su recorrido por la provincia.

Fidel a su paso por Matanzas en 1959.

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