Otra noche cienfueguera con el Comandante - Cuba

Otra noche cienfueguera con el Comandante

El pueblo esperaró a Fidel en su última entrada a Cienfuegos para presentarle sus respetos y admiración

Autor:

Glenda Boza Ibarra

Cienfuegos.— La gente vuelve a agitar el brazo para decirle adiós, para llamar su atención, para tratar de verlo, pero la gente no está alegre esta vez.

La gente esperó horas a ambos lados de la carretera, se les notó el agotamiento físico, pero no se movieron. La gente esperó a Fidel en su última entrada a Cienfuegos.

Cuando arribó el cortejo fúnebre a esta provincia, a pesar de ser más de las nueve de la noche, las personas seguían a la espera de Fidel.

Unos resistieron también una llovizna inoportuna justo a la entrada de la ciudad, otros tuvieron que sentarse en el suelo, los niños se entretuvieron en la acera dibujando banderas, soles, montañas.

En todos los lugares que recorrió la comitiva, estaban los cienfuegueros esperando: la entrada de la ciudad, el Prado, el parque José Martí, la salida hacia Santa Clara.

Esta vez no llegaron al Museo Naval, antiguo Distrito Naval del Sur, de Cayo Loco.

¡Qué importa que la noche oscureciera la llegada, si la Caravana traía en sí misma luz, si de esa urna de cedro salían rayos iluminados de esperanza!

Allí estaban, frente a su secundaria básica, los alumnos de la escuela 5 de Septiembre, que en 1957 se convirtió en el cuartel de los revoltosos del alzamiento popular de ese día.

Alumnos emocionados ante el paso de la Caravana afirmaron cómo valió la pena esperar las más de cinco horas y media. Algunos de ellos, maestros, vecinos, trabajadores, quienes pudieron, guardaron en sus celulares y cámaras las imágenes de este triste momento.

Otros prefirieron mirar al Comandante en Jefe por última vez y con el brazo en alto, como quien busca a alguien especial en la multitud, para decirle adiós.

Cuando dejó el parque José Martí, donde una vez lo escucharon atentamente, los más jóvenes corrieron por las calles paralelas para verlo de nuevo en su viaje de regreso.

Al regresar al Prado, procedente de Punta Gorda y saliendo ya de la ciudad, la gente no pudo quedarse tras la línea límite y se lanzó al otro lado de la carretera, como un hijo que se lanza a los brazos de un padre.

Y entonces aparecieron el llanto, los gritos constantes de Viva Fidel, Yo soy Fidel, y tras un breve silencio, rompió un Himno Nacional a viva voz, de esa forma tan espontánea que solo aparece con el corazón.

Mientras se alejaba en la oscuridad, los cienfuegueros se quedaron en la calle. Acompañados por las principales autoridades del PCC y el Gobierno seguían agitando las banderas, gritando su nombre, como si esperaran su regreso.

Con el mismo amor de aquella bienvenida en 1959, el pueblo de Cienfuegos se despidió de Fidel, pero esta despedida fue solo un hasta siempre.

Frente al Antiguo Ayuntamiento de Cienfuegos, donde Fidel pronunció hace más de 57 años un emotivo discurso, el pueblo se reunió otra vez.

El céntrico parque Martí fue nuevamente testigo de un rencuentro histórico.


Con el mismo amor de aquella bienvenida de 1959, el pueblo de Cienfuegos esperó a Fidel.

Libertad: el regalo de una Caravana

La Caravana de la Victoria llegó a Cienfuegos en 1959 como regalo del Día de Reyes. Traía barbudos libres que regalaban libertad, y se desviaron hasta esta ciudad, porque como dijo el más grande de todos: «a Cienfuegos había que venir».

Cuentan que en la noche de aquel martes 6 de enero, el pueblo salió a las calles y a ambos lados de la carretera se reunió la gente para saludarlos.

La Caravana entró a la Base Naval del entonces Distrito Sur de la Marina, en Cayo Loco, a recordar a los mártires del levantamiento popular del 5 de septiembre de 1957. Luego, en una improvisada tribuna, sobre un camión, Fidel se dirigió al pueblo en el parque José Martí.

Así aparecen los recuerdos del casi adolescente que escoltaba a Fidel, el hoy general de la reserva Marcelo Verdecia Perdomo, quien evoca siempre cómo el Comandante explicó a los pobladores la necesidad de la unidad para mantener el naciente proceso revolucionario.

La paella que María Covadonga le ofreció al líder, fue uno de los últimos sucesos en Cienfuegos, desde donde partieron hacia Matanzas en aquel enero del 59.

Fidel en Cienfuegos, el 6 de enero de 1959.

En uno de los lugares más famosos de Cienfuegos, el restaurante Covadonga, en Punta Gorda, Fidel celebró la cocina de doña María.

A lo largo de todo el Prado se tendió un cordón humano en la tarde-noche de este miércoles.

Con múltiples iniciativas, los cienfuegueros han honrado a su líder histórico.

Fidel es una inspiración perenne para mujeres y hombres de todas las generaciones.

«(en) Nuestro avance hacia La Habana desde Santiago de Cuba, me había hecho el propósito de detenerme solo en las capitales de provincias (…) Pero es que realmente con Cienfuegos hay que contar cuando se escriba la historia de la Revolución. A Cienfuegos había que venir, aunque solo fuera para saludar a este pueblo revolucionario, e inclinarme, reverente, en tributo a los héroes y mártires del 5 de Septiembre».

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