Un adiós simulado

Los estudiantes de primer y tercer año de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana terminaron sus prácticas en el diario Juventud Rebelde. Pero ese final es un nuevo comenzar y ellos bien lo saben

Autores:

Susana Gómes Bugallo
Yeilén Delgado Calvo

Bien se sabe que quien llega una vez a Juventud Rebelde, pasa trabajo para volverse a ir. Pero, de todos modos, quisimos intentar la despedida a los estudiantes de primer y tercer año de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, quienes estuvieron de prácticas preprofesionales en nuestras redacciones durante alrededor de tres semanas.

Para ese empeño de «cerrar» por todo lo alto este período, varias fuerzas del bien se congregaron en la Galería Pancho Vázquez del diario de la juventud cubana en una especie de ritual de la suerte en el que no faltó la buena música de la agrupación La otra mitad.

Una mezcla entre resumen de estas tres semanas y recomendaciones de no alejarse mucho de JR fueron las intervenciones de cada jefe de equipo del diario, quienes comentaron sobre la importancia de este período para su formación como profesionales y reconocieron el entusiasmo, la disciplina y la competencia que traen estos jóvenes, quienes no dejaron de trabajar ni un día y hasta abarcaron varios géneros del periodismo que aún no han recibido en la academia.

En nombre de los 18 alumnos —aunque cada quien habló a su modo— Amaya Rubio Ortega compartió lo que han significado estos días de desvelos y urgencias, en los que todos crecieron un poco más y le pusieron vivencias a los contenidos ya aprendidos en la academia.

No faltaron, por supuesto, los chistes sobre la convivencia y sus vaivenes, los abrazos repletos de sentimentalismos justificados y las muestras de admiraciones mutuas que cada quien se regaló a su modo.

Iraida Calzadilla, profesora de la Facultad, acompañó a sus muchachos en este simbólico momento y reconoció que la presencia en los medios durante el aprendizaje universitario completa cada una de las herramientas que se entregan desde las aulas.

Sobre la importancia de no olvidar el sentido colectivo a la hora de hacer periodismo, abundó Antonio Moltó Martorell, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), quien recordó además el legado de Julio García Luis, eminente periodista y estudioso de la Comunicación, que debe ser leído y aprehendido por cada periodista, insistió Moltó.

Aunque este ejercicio académico esté programado al final de cada semestre universitario, en cada uno de los lenguajes comunicativos en los que deben formarse los profesionales, la presencia cotidiana en la facultad y los medios le aporta mucho a la preparación de un periodista. En ello enfatizó Yailin Orta Rivera, directora de JR y quien también ha impartido clases en la Facultad.

Luego de la música, el cake y las acostumbradas fotografías —todo bautizado por el excelente humor que caracteriza a este lugar— algo quedó muy en serio: las puertas de Juventud Rebelde están abiertas siempre para cualquiera que viva por el Periodismo. Y no solo las puertas de la entrada al edificio, también las del umbral del corazón.

Redacción tomada

Percatarse por estos días de que la Redacción Nacional estaba «invadida» por estudiantes no fue cosa difícil. En primer lugar, porque la mesa central, generalmente sobria y recogida, permaneció todo el tiempo repleta de bolsos,  agendas, bolígrafos y espejuelos; y ni siquiera Agnerys pudo imponer el orden, aunque lo intentó.  Las computadoras ocupadas al ciento por ciento, que parecieron escasas, fueron otro indicio de que el brío iniciático de Adelina, Amaya, Gabriela, Yilena y Ana Laura estaba dando vueltas por allí; pero lo que realmente denotó el cambio revolucionador de estas prácticas fue la vida inusitada que cobró la redacción, llena de risas contagiosas , ganas de aprender, de los consejos periodísticos ofrecidos por cada reportero, fuera o no tutor y, sobre todo, del deseo casi respirable de encontrarle las cosquillas al oficio, y no a cualquiera, sino al cubano, que es mucho decir.

Todo ese impulso derivó en la publicación de alrededor de trece trabajos en el diario impreso y similar cifra en el digital;  pero más allá de los números hay que destacar de estas futuras periodistas la disposición y responsabilidad con que enfrentaron disímiles coberturas y temas,  desde sismos, encuentros con diputados,  las guaguas y sus guagüeros, los bufetes colectivos, hasta las inundaciones en el Malecón. Incluso, sobrepasaron  los objetivos de la práctica para atreverse con la fotografía, el reportaje y hasta con la esquiva crónica.

De la mano de Tamayo, Susana, Yuniel y Enio gestaron muchos otros trabajos que ahora quedan en ese tan necesario colchón editorial, y llegarán a las manos  de la gente cuando ya ellas estén de vuelta al aula; y esa fue una de las lecciones que creo aprendieron más rápido: la tiranía del espacio en un diario de solo ocho páginas.

Ahora espero que disculpen las quince veces que suena el teléfono mientras se trabaja con ellas un texto, o las ocasiones en que atendieron ellas mismas esas llamadas y guardaron recados; ese definitivamente no era un acápite de las prácticas, pero ayuda a templar los nervios.

Sobre todo, espero que conocer al equipo de Nacionales las haya impulsado y animado en el camino de este oficio, que ansíen volver a Juventud Rebelde y vuelvan. Queremos, y creo que hablo por todos, que se lleven al menos un poco de los saberes nuestros y mucha de la pasión por hacer Periodismo.

El colectivo de JR les preparó una pequeña actividad a los estudiantes. Foto: Roberto Suárez

Varios estudiantes fueron reconocidos por el resultado de su trabajo. Foto: Roberto Suárez

No se trata de un adiós sino de un nuevo comienzo. Foto: Roberto Suárez

«La presencia cotidiana en la facultad y el vínculo con los medios de comunicación le aporta mucho a la preparación de un periodista» afirmó Yailin Orta Rivera, directora de JR.  Foto: Roberto Suárez

La actividad cultural estuvo a cargo de la agrupación «La otra mitad». Foto: Roberto Suárez

La algarabía y el entusiasmo juvenil estuvieron presente en todo momento. Foto: Roberto Suárez

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