Día 13 del mes de marzo

Habana de los 50/hecha de sangre y de llanto,/tú que lo has visto esta tarde,/día 13 del mes de marzo/nacer como lo hace un niño/desde una patria luchando,/dile que él aún se escucha/donde hay un reloj sonando/y en Cuba, que hoy vive libre/hay jóvenes recordándolo,/porque es más vida que hombre,/más historia que muchacho

Autor:

Yunet López Ricardo

Habana de los 50

hecha de sangre y de llanto,

tú lo viste aquella tarde

día 13 del mes de marzo

ser más historia que hombre,

ser más hombre que muchacho.

De ojos que lo saben todo,

negros como el pelo lacio,

José Antonio Echeverría

a sus 24 años

tiene palabra de fuego

que es como un horno en sus labios,

y unas balas, una Carta

y un país entre las manos.

 

Es porque ha nacido hecho

con la firmeza del árbol,

la fuerza de las corrientes

y la visión de los faros,

es porque piensa que a veces

tiene hasta el cuerpo de mármol,

que hoy no tiene miedo a nada,

ni al peligro del asalto,

ni al rostro del enemigo,

ni al frío de los disparos

ordenados por Batista

tras las rejas de un palacio.

Él va como los gigantes

dejando huella a su paso,

con el apoyo de muchos

y el coraje de unos cuantos.

 

Son las tres y veintiuno

cuando llega hasta la Radio

donde el tic tac de un reloj

es fondo del noticiario.

José Antonio, que es el líder

de todo el estudiantado,

le dice al pueblo de Cuba

que se ajustició al tirano,

que se le ajustaron cuentas

del presente y el pasado,

que Batista ya no es más

que un cuerpo vuelto pedazos,

y mientras habla sin miedo

al frío de los disparos,

sale del aire su voz

y queda un reloj sonando.

 

Ya la noticia está dada

Y ya el Presidente ha hablado,

corre entonces a la calle

donde lo esperan los autos,

el alma le late fuerte

como una nube de rayos,

lleva una sonrisa amplia

y una pistola en la mano.

Algunos tiros escucha

desde algún próximo ángulo;

en la céntrica avenida

un hotel es fabricado

y hay grúas y materiales,

nube de polvo y de sacos

entorpeciendo el camino

como piedras ante el paso,

y por diferentes rutas

las sortean los tres carros.

 

En el segundo va el hombre

que olvidó que era muchacho,

aquel de ojos audaces,

negros como el pelo lacio,

y la sonrisa más amplia

que los océanos cálidos.

Va hacia su Universidad

que lo vio volverse bravo,

hoy, que ya ha dejado escrito

qué hacer si faltan sus brazos

para seguir esta lucha

hija de horizontes claros,

hoy, cuando no le rehúye

al peligro, y tan guapo,

que cuando dobla por M

y es por Jovellar hallado

por los rostros enemigos,

dispara como un soldado

curtido por muchas guerras,

tira como un veterano,

pero las balas lo agitan

y su cuerpo no es de mármol.

 

Cae como las semillas

que se siembran en el patio,

por siempre, pues él se hizo

con la firmeza del árbol,

José Antonio Echeverría

a sus 24 años,

riega su sangre bendita

que es llanto de los cubanos,

y cae como un gigante

dejando huella a su paso,

vuelto una estrella en el suelo

regando luz, de costado,

cae con su risa amplia

como los mares más cálidos,

porque cumplió con la Carta

que con Fidel ha firmado.

 

Habana de los 50

hecha de sangre y de llanto,

tú que lo has visto esta tarde,

día 13 del mes de marzo

nacer como lo hace un niño

desde una patria luchando,

dile que él aún se escucha

donde hay un reloj sonando

y en Cuba, que hoy vive libre

hay jóvenes recordándolo,

porque es más vida que hombre,

más historia que muchacho.

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