Fidel, una bandera

Acompañados por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, más de 800 000 cubanas y cubanos, en representación de la población capitalina, y amigos de todo el mundo, ratificaron su apoyo a la Revolución y el Socialismo

Autor:

René Tamayo León

Fueron decenas las personas que sacaron de sus álbumes familiares las fotos de Fidel —porque él es eso, uno más en cada casa— para armar sus carteles propios, a mano y con sus recuerdos vívidos del Comandante en Jefe, y desfilar por la Plaza de la Revolución.

Más de 800 000 cubanas y cubanos, en representación de la población habanera, y amigos de todo el mundo, participaron en una marcha que por más de una hora se mantuvo compacta, siempre patriota y militante, pero también alegre y bullanguera, porque así somos por aquí.

Se avanzó rápido antes y después, pero al pasar frente a la tribuna, todos se acercaban al lado derecho, a la vera del Apóstol, para saludar a Raúl, quien con su ya habitual sombrero para estas ocasiones, no dejó de reciprocar a la gente.

El General de Ejército, Primer Secretario del Comité Central del Partido, encabezó la jornada capitalina por el Primero de Mayo junto a miembros del Buró Político y el Secretariado del Comité Central y de los Consejos de Estado y de Ministros. Ulises Guilarte de Nacimiento, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), tuvo a su cargo el discurso central.

También asistieron a la celebración por el Día Internacional de los Trabajadores Danny Faure, presidente de Seychelles, y más de 1 600 amigos de 86 países y 349 organizaciones sindicales, de solidaridad y movimientos sociales del mundo.

Como tantas otras veces, la Plaza se desbordó de pueblo, mas fue apenas una muestra de las celebraciones realizadas en el país en apoyo y compromiso con la Revolución, con el Socialismo, con Raúl y con el legado de Fidel.

Durante la jornada, unos seis millones y medio de compatriotas desfilaron por plazas y avenidas de todo el archipiélago.

Cada imagen vista o guardada en las cámaras de los fotógrafos profesionales y aficionados, y en los miles de celulares que portaba la población, preservan ahora un testimonio único de grandeza y de amor.

Son millones los rostros de ancianos, adultos, jóvenes, adolescentes, niños y niñas que no mienten: la Revolución está en la sangre y el corazón de cada uno, en la inmensa mayoría del pueblo cubano. Ya es parte intrínseca de nosotros.

Eso es Cuba. Eso fue este Primero de Mayo.

Tal vez algunos —malintencionados siempre— quieran travestir la dimensión del hecho, y solo hablen ahora de un individuo que —para ofensa de la bandera y el genuino pueblo estadounidense— se escurrió dentro de la muchedumbre y se lanzó en corta carrera por la Plaza con el pendón norteño.

Según informaciones brindadas a JR, se trata de una persona que en 2002 fue sancionada a cinco años de privación de libertad por robo con fuerza, con múltiples antecedentes antisociales y que está pendiente de juicio por un hecho de receptación agravada.

También conocimos que ya había protagonizado dos provocaciones en las que usó la bandera estadounidense como acto, más que anexionista —aunque también lo es—, para construirse un «expediente contrarrevolucionario» para emigrar hacia EE. UU.

Ese no fue este Primero de Mayo.

El nuestro, el de verdad, el que nadie puede negar, es ese donde, a horcajadas, en brazos o por sus propios pies, miles de niños acompañan risueños y esperanzados a padres, abuelos, tíos... Donde los jóvenes estudiantes, trabajadores y combatientes encabezan y llenan, como tantas otras veces, la Plaza de la Revolución.

La Cuba cierta, la que no pueden empañar campañas y tergiversaciones, es esta en la que amigos de todo el mundo, entre ellos obreros y obreras de Estados Unidos, llegan a manifestar su apoyo y solidaridad, a decirnos que la lucha no acaba ni los sacrificios tampoco, pero que la Revolución va, y bien.

Para la joven trabajadora Lisbet Martínez Jai «venir a la Plaza es participar, ser parte. Hacerlo te vivifica. Me voy con una energía tremenda, una alegría como pocas veces se siente. Constituye un privilegio estar entre miles y miles de cubanos. Me voy como arropada de millones de hombres y mujeres, por esa inmensidad del pueblo que, como yo, ama y lo dará todo por esta Revolución».

«¿Por qué venir a la Plaza? Fui educada en esos principios. Desfilar aquí es dar mi voto por Cuba, por Fidel, por Raúl. Toda mi familia lo ha hecho siempre, desde que yo era niña, y no voy a traicionar esa herencia. Seguiré la tradición, pero no por costumbre, sino por convicciones». Ibis Calixto González, ama de casa.

«Claro que tenía que llegar hasta aquí. En la unidad está la fuerza, más hoy, cuando la derecha internacional quiere destruir la obra que han construido Fidel y Chávez. Estoy aquí, junto a casi un millón de cubanos, para reafirmar mi apoyo total a nuestro Partido y Gobierno». Alberto Martínez, profesor de Educación Física.

«Combatí en la Sierra, llegué a La Habana el 8 de enero, con Fidel, fui internacionalista. El 1ro. de Mayo es muy significativo para el pueblo cubano, y la Plaza continúa desbordándose en apoyo a nuestra obra, a los logros sociales, a la independencia y soberanía de la que hemos disfrutado por casi 60 años y continuarán… No vamos a perder ni la historia ni la memoria, porque este es un pueblo de victoria siempre. Un pueblo que quiere, que lucha y que seguirá luchando por un mundo mejor». El Palmero.

«He llegado a la Plaza por la convocatoria de las organizaciones sindicales, estudiantiles y la UJC. Puedo estudiar y trabajar gracias a la Revolución, que nos dignificó. Marchar en la Plaza es, también, enviar un mensaje al mundo de que la defenderemos a costa de todos los sacrificios». Luis Ramón García, estudiante de Ingeniería Hidráulica y trabajador de la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico de La Habana.

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