La indiferencia que un enero barrió

¿Cómo se vivía en Pinar del Río antes de 1959? ¿Cuánto ha cambiado desde entonces hasta hoy? JR se acerca a las transformaciones que ha experimentado un territorio conocido otrora por sus niveles de atraso y pobreza

Autor:

Dorelys Canivell Canal

PINAR DEL RÍO.— Desempolvando fotos de la ciudad, que casi llega a sus 150 años, se encuentra el recuerdo triste de los primeros años de la etapa republicana y un poquito más acá, cuando ya se hablaba de guerrilleros en la Sierra y no pocos pinareños sentían la inquietud de la revolución que se gestaba.

En las imágenes aparece el Palacio de Guasch, el Parque de la Independencia, la calle Real, varios comercios y muchas señoras vestidas con los atuendos de antaño en un paseo por las avenidas sin asfalto de la que fuera por muchos años la Cenicienta de Cuba.

Por edad, no es esta de las urbes más antiguas del país; sin embargo, sintió con dureza la pobreza, la absorción cruda de los monopolios, el comercio deprimido, la falta de salud y educación.

No pueden las fotos mostrar todo cuanto tuvo la región de esplendor o de tristeza, más de tristeza que de esplendor; pero las cifras están recogidas, y algunas memorias recuerdan lo difícil que era ver a un doctor, o esperar el día del cobro para llevar a la casa una lata de galletas y seguir con el boniato y la harina con leche en la mesa de los muchachos.

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Cuentan las reseñas y la Síntesis histórica de Pinar del Río que antes de 1959 apenas existían 248 médicos en la provincia, es decir, aproximadamente un médico por cada 1 935 habitantes.

La tasa de mortalidad infantil era de 60 por cada mil nacidos vivos, solo entre los niños que se inscribían, pues eran muchos los que morían en el campo y nunca quedaban registrados.

Solo había 16 unidades asistenciales y un centenar de consultas privadas. La esperanza de vida al nacer para el pinareño era de tan solo 53 años.

Primaba antes de la luz de la Revolución un índice de analfabetismo del 30 por ciento, pero más del 50 o 60 por ciento de las personas eran analfabetas funcionales.

Las ciudades lucían casi vacías. El 70 por ciento de los habitantes residía en el campo, y la mayoría, en casas de yagua y piso de tierra. Menos del 27,4 por ciento de las viviendas tenía electricidad y el 64,5 carecía de servicio de agua.

El antes y el después de la calle Martí. Foto: Cortesía del Museo Provincial de Historia

Desde entonces era el tabaco el principal renglón económico del territorio, pero la Cuban Land y otras compañías se encargaban de que los campesinos apenas percibieran el resultado de sus esfuerzos. El monopolio siempre llenó los bolsillos de los más ricos.

Existía un 30 por ciento de desempleo, y un 38 por ciento en el campo. De las viviendas asentadas en la zona rural, el 90,3 por ciento no disponía de baños o duchas.

Solo se contaba con 1 710 maestros y profesores, y el presupuesto para la educación no superaba los seis millones de pesos.

Diría Fidel en 1976, cuando este territorio ganó la sede del 26 de Julio por primera vez: «En el capitalismo, ninguna región del país fue más olvidada y ninguna población de Cuba fue objeto de mayor indiferencia, y hasta podríamos decir de desprecio, a pesar de que esta provincia durante la última guerra de independencia tuvo una participación fundamental y que estas tierras fueron escenario de muchos de los más brillantes hechos de armas del Ejército Libertador y de su glorioso lugarteniente, Antonio Maceo, y de que incontables hijos de esta provincia murieron en la lucha o perecieron en los campos de concentración o como víctimas de los crímenes del colonialismo.

«Por la fecha del 26 de julio de 1953, como seguramente muchos de ustedes recuerdan, la situación se hacía insoportable. Esta provincia era la sede de los peores, los más reaccionarios y los más avaros latifundistas. La inmensa mayoría de los campesinos, trabajando como aparceros, tenían que entregar hasta el 50 por ciento de los productos y a veces más».

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Como en el resto del país el 1ro. de Enero cambió las vidas de los habitantes de esta tierra, y el 17 en la noche salieron a las calles a recibir a Fidel, quien entrara a Pinar también para honrar a los que desde este extremo dieran su vida por la Revolución.

Fue entonces como un despertar, y la Cenicienta se fue convirtiendo en princesa.

Hoy, pese al impacto sostenido de eventos meteorológicos, ha mejorado sustancialmente su fondo habitacional, y más del 75 por ciento está considerado de bueno y regular.

Están a disposición de los pinareños más de 4 400 médicos y 4 500 enfermeros, mientras que el sistema integrado de salud va dando sus mejores frutos. Ejemplo de ello es la tasa de mortalidad infantil de 1,8 que en la actualidad ostenta el territorio y la esperanza de vida al nacer de 79 años.

Dispone Vueltabajo del mejor índice de aprendizaje del país en los últimos tiempos, y la mayoría de los jóvenes aprueba los exámenes de ingreso a la educación superior. Son más de 92 000 los estudiantes en los diferentes niveles de enseñanza y unos 16 300 los docentes, sin contar los de la educación superior.

Los niveles de electrificación ascienden al 99,56 por ciento, y la provincia muestra resultados halagüeños en el uso eficiente de los recursos.

El salario de los trabajadores ha crecido sustancialmente, y aunque aún es insuficiente, resalta que hace cuatro años el salario medio era de 411 pesos, mientras ahora es de 869 pesos en el sistema empresarial.

El territorio presenta estabilidad en el cumplimiento de sus indicadores económicos y sociales en los últimos diez años, y se empeña en una de las líneas estratégicas de desarrollo del país con la instalación de parques fotovoltaicos.

Solamente los fondos exportables aportan más de 26 millones de pesos, y por concepto de subsidios fueron entregados más de 213 millones que beneficiaron a 3 975 familias.

Desde hace unos tres años se labora en la ciudad para remodelar instalaciones y abrir otras con servicios demandados por la población. De esta forma, son 87 las obras que se han ejecutado con motivo del aniversario de la ciudad y las celebraciones por la sede del 26 de Julio, en su mayoría con el aporte del uno por ciento de la contribución territorial.

A todo ello se suman las bellezas naturales que encuentran la cúspide en el verdor del Valle de Viñales, la península de Guanahacabibes, Cayo Jutías y las vegas de tabaco.

Y no pueden dejar de mencionarse entre los encantos de Pinar del Río, el carisma y carácter noble y servicial de su gente; no en vano muchos años atrás rezaba un cartel a la entrada de la ciudad: «Pinar del Río, la hospitalaria de Cuba».

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Tomando fotos de la ciudad, de esta ciudad que casi llega a sus 150 años, resalta cuánto de esplendor tiene Pinar del Río, también cuánto falta por hacer. No basta con el reconocimiento de lo que ha salido bien, de lo que hoy es superior; es necesario siempre que cada pinareño sienta que vive en una ciudad mejor, custodiada aún por el reloj del Globo y ensanchadas las avenidas en sus amplios portales; una ciudad en la que todos somos importantes.

Fuentes consultadas: Información ofrecida por Jorge Luis Salas, vicepresidente del Consejo de la Administración Provincial, y datos de Síntesis histórica provincial. Pinar del Río. Colectivo de autores.

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