¿Dieta para el riñón?

La nutrición es el principal pilar del tratamiento de muchas enfermedades, por lo que un correcto esquema de alimentación para un paciente con enfermedad renal crónica puede retardar la evolución de su padecimiento

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

«Si usted supiera, periodista... Yo estoy ligerita como una plumita, y me siento muy bien, mucho mejor desde que empecé a tratarme en esta consulta.

«¿Usted sabe lo que pasa? Que uno lee, oye y le hace caso a cualquiera que dice saber algo de dietas, y todo el mundo dice algo distinto. Como padezco de hipertensión arterial y además tengo mi insuficiencia renal, pues tenía miedo de empeorar, y por eso obedecía a todo.

«Míreme bien. Tengo 71 años y me encanta caminar y hacer mis cosas en la casa. Antes me sentía muy mal a cada rato, pero ahora como de todo en las cantidades que me recomiendan en consulta, y la verdad es que me noto mucho mejor. Espero mantenerme así y no pasar a otra etapa de la enfermedad que pueda ser más incómoda. Yo pongo de mi parte, le aseguro».

Consuelo Zamora es una de las 50 personas que acuden a la consulta de Nutrición renal para pacientes en etapa de prediálisis en el hospital universitario General Calixto García. Su enfermedad se encuentra en el estadío III, lo cual aún la mantiene un poco distante de la necesidad de una hemodiálisis.

Ella, al igual que los demás que de manera cabal siguen las pautas orientadas por el especialista en Nutrición clínica Edel Guardia Leyva, sienten diferencias en el antes y el después de recibir esta asesoría.

¿Qué como y en qué cantidad?

Nutrición es el estudio de la cinética y la dinámica de los nutrientes, y aunque no pocas personas asocian el término con comida, en realidad se trata de analizar el efecto en el organismo de los nutrientes presentes en los alimentos, explica el licenciado en Ciencias Alimentarias y máster en Farmacia Clínica Luis Garcés García Espinosa.

Precisa el también Jefe del Servicio de Nutrición Clínica del Calixto García que, por el contrario, desnutrición se relaciona con la disminución de la masa muscular y el aumento del volumen de agua en el organismo, la que puede ser primaria, secundaria y terciaria. Las dos últimas clasificaciones se refieren a enfermedades asociadas y a la mala praxis médica por desconocimiento, respectivamente.

«La nutrición es el principal pilar de muchas enfermedades, pues todas tienen un componente metabólico regulado por ella, y el hecho de que no existan especialistas de esta rama en los equipos multidisciplinarios, sean pocas las horas en los planes académicos dedicadas a esta materia y no se habiliten servicios de Nutrición en la mayoría de nuestros hospitales, va en detrimento de una correcta evaluación de muchos casos y se pierde la posibilidad de solucionar problemas, tan solo a partir del manejo dietético-terapéutico de un paciente».

Precisamente en el Calixto existen tres consultas de Nutrición debidamente protocolizadas para atender al paciente quirúrgico, al del Síndrome metabólico y al enfermo renal, agregó.

Independientemente de que hay una atención especializada para el paciente con enfermedad renal crónica en el estadío de la hemodiálisis y posterior a un trasplante renal, el licenciado Edel Guardia Leyva decidió investigar y habilitar desde el pasado diciembre una consulta de nutrición renal para pacientes que se encuentran en la etapa de la prediálisis.

«Acuden a la consulta alrededor de 50 pacientes con edades entre 40 y 80 años, la mayoría con más de 60, y lo común es que su insuficiencia renal venga acompañada de hipertensión arterial o diabetes mellitus, incluso ambas.

«Lamentablemente a estos pacientes, atendidos en otras consultas, se les prescriben dietas incorrectas, extremadamente bajas en kilocalorías y con restricciones innecesarias de ciertos alimentos, pues no han sido orientadas por especialistas en nutrición.

«Estos pacientes temen llegar a la etapa de una hemodiálisis y conviven además con el temor a los alimentos, pues qué comer y en qué cantidad se convierten en sus interrogantes diarias más frecuentes, generándoles estrés, por lo que llegan a la consulta con cierto grado de desnutrición debido a su reducido y erróneo esquema de alimentación».

Guardia Leyva refiere que su consulta de cada martes se basa en la necesidad de educar, adiestrar, orientar y ofrecerles pautas para la alimentación de manera personalizada a estos pacientes, e incidir así en el retardo de un paso de un estadío a otro de la enfermedad.

«Las dietas no pueden prescribirse de manera general para todas las personas que padezcan una misma enfermedad, pues sobre cada organismo actúan diferentes factores.

«Es muy importante conocer la accesibilidad y disponibilidad de los alimentos de cada paciente, su estado sicológico y su voluntad para respetar lo recomendado, que incluye la práctica frecuente de actividad física, en dependencia de las condiciones de cada paciente».

El especialista precisa que se ha trazado un protocolo de actuación para las consultas, se diseñó una historia clínica nutricional para cada paciente en etapa prediálisis, y con sistematicidad se evalúan sus indicadores dietéticos, bioquímicos, antropométricos y clínicos, a partir de lo cual se realiza un diagnóstico nutricional para estructurar la dieta, siguiendo pautas internacionales.

«La restricción del sodio, por ejemplo, es esencial, pero existen particularidades, pues debería ser mayor si se padece hipertensión arterial. Estos pacientes llegan a la consulta con una dieta cuyo consumo de arroz y viandas es muy estricto, cuando en realidad estos alimentos deberían tener un mayor por ciento en su alimentación.

«Las grasas satisfacen las necesidades energéticas del organismo y por ello no deben eliminarse del todo. Si el paciente no es diabético no hay por qué restringir tanto el consumo de dulces, los cuales también sirven para la demanda energética.

«Controlamos las preparaciones culinarias, sugerimos no cocinar con sal, personalizamos la cantidad de arroz, de acuerdo, por ejemplo, con la edad, el peso y otros factores; controlamos el consumo de los lácteos porque son ricos en proteínas y fósforos, así como aquellos alimentos en los que está presente el potasio.

«De acuerdo con la accesibilidad y disponibilidad del paciente se eliminan las carnes rojas, los productos ahumados y salados, las sopas y condimentos artificiales y los embutidos, entre otros productos que, como sabemos, no aportan componentes nutricionales de envergadura para el organismo».

—Aunque aún no ha transcurrido un año desde que se protocolizó la consulta, ¿cuáles son los efectos más sobresalientes?

—Ciertamente un año es un tiempo prudente para establecer conclusiones a partir de las acciones e investigaciones que realizamos, pero desde ahora podemos afirmar que una correcta dieta orientada mejora el estado nutricional del paciente y, sobre todo, influye en que el paso de un estadio a otro de la enfermedad se retarde, por lo que no será inmediata su necesidad de someterse a hemodiálisis.

«Trabajamos para ampliar el proyecto en el Instituto de Nefrología, donde siempre se ha tomado en cuenta la nutrición como un componente esencial en el tratamiento de los pacientes con insuficiencia renal, pero cuando ya se someten a la hemodiálisis y no desde antes. Por eso creemos que nuestra experiencia puede ser de gran utilidad», concluyó Guardia Leyva.

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