El ciclón en una cueva

Aunque los datos preliminares en Holguín reportan daños en la agricultura y en unas dos mil viviendas, autoridades del turismo declararon que en breve el sector estará listo para resolver las afectaciones y recibir una demanda superior de clientes

Autor:

Liudmila Peña Herrera

HOLGUÍN.— A Natael, alguna vez su madre deberá contarle la primera ocasión en que entró a una cueva. Él jamás podría recordarlo, porque apenas tiene nueve meses como para entender que un huracán —el Ike— se metió en su casa sin permiso y se «robó» todo lo que pudo. Por eso ahora Eleidy María, quien vive demasiado cerca del mar, confiesa que tuvo pánico de conocer la fuerza de Irma y no lo dudó cuando le orientaron resguardarse en La Murcielaguina.

Dentro de esta obra protectora, mucha gente anduvo como de excursión, aunque la realidad fuese demasiado seria como para tomársela a la ligera. Cualquiera que posea una casa segura pudiese calificar como un horror pasar un huracán en una cueva, mas la mayoría asegura que «allí no se sienten ni los rugidos del viento» y Luis Daniel Ramírez, de 11 años, advierte, sin pensarlo ni una vez, que lo que más le gustó fue «la comida y el bienestar».

Durante un ciclón se prueban muchas cosas: la fortaleza de los nervios, la grandeza de la obra revolucionaria, la hermandad entre vecinos y hasta la inventiva y la creatividad. Lo dicen quienes permanecieron evacuados durante cuatro días en la Escuela de Iniciación Deportiva Pedro Díaz Coello. Provienen de varios «lugarcitos» del municipio de Cacocum y agradecen la protección brindada.

Ana Rosa Leyva, de Yaguabo, mientras carga a Marisleni, su bebita de un mes de nacida, cuenta que «aquí no pasé trabajo, porque me dieron un aula para que estuviera cómoda con mi familia».

En el poblado de Cacocum y las zonas de La Agraria y Juan Durán, las imágenes resultaron impactantes debido a la inundación provocada por el río Holguín tras la rotura del dique de contención.

Maritza Hidalgo lo sabe muy bien, porque en las «primeritas horas de la mañana nos dijeron que se había partido y mi hijo se montó en un caballo para investigar. Cuando volvió, casi no pudimos sacar las cosas porque el agua ya venía. Después, esto parecía un mar». Y aunque casi tuvo que nadar —más que correr— porque el agua le «daba por la cintura», no se sintió desprotegida.

Su hermana Mirna le dio abrigo, al igual que a otras seis personas: «Cómo no iba a socorrer a los demás, si cuando el Ike se me cayó la casa y el Estado me ayudó a construirla. Ahora que es de placa, se la brindé a mis vecinos», explicó luego de que todos habían retornado a sus hogares.

Igual actuó Kenia Quevedo cuando el río Sagua salió de su cauce, se unió con la laguna y avanzó hacia la calle General Rabí, en el municipio de Sagua de Tánamo. Por eso, la segunda planta de su casa se convirtió en albergue donde hubo colchones para todo el que quiso, y mirador para el que optó por hacerle guardia al huracán, hasta que después de las 12 de la noche las aguas comenzaron a bajar.

Estos son los héroes anónimos que «se destapan» en situaciones como las que acabamos de vivir y a los que hay que hacerles justicia de verdad. Como a Adalberto Morales, quien inventó en Cacocum una balsa de poliespuma «del tamaño de una colchoneta», según cuentan sus vecinos, y salvó de la inundación equipos, personas y animales.

O como al famoso Omar Piña Piña, al que algunos llaman «Carcoma». Este hombre, de 41 años, acumula la experiencia de haber desobstruido carreteras en varias partes de Cuba, con su motosierra de 38 libras de peso, después del paso de tantos huracanes que ni él mismo recuerda el número exacto.

«Cada vez que hay un ciclón, mi mayor preocupación, cuando salgo a trabajar, son mis padres, mi hija y mi esposa; pero esta es mi labor y la hago con el mayor amor del mundo. Por eso ya tengo el maletín preparado hace casi una semana para salir hacia donde haga falta».

Lo que irma nos dejó

Aunque los datos preliminares en Holguín reportan 2 451 viviendas afectadas, fundamentalmente en las cubiertas; y en la agricultura se cuantifican daños en las plantaciones cañeras, de maíz y yuca, así como en las de plátano, el cálculo objetivo demuestra que aquí la etapa recuperativa será mucho menos complicada que en otros territorios. Autoridades del turismo declararon que en breve el sector estará listo para resolver las afectaciones y recibir una demanda superior de clientes.

La Central Termoeléctrica Lidio Ramón Pérez, de Felton, puso todo su esfuerzo para lograr conectarse «en frío» al Sistema Eletroenergético Nacional, titánica tarea que tantos agradecen. Asimismo, los embalses del territorio se encuentran hoy al 70 por ciento de su capacidad.

Igualmente, se ha puesto en práctica una iniciativa del Consejo de Defensa Provincial, surgida como resultado de la experiencia del Matthew, de crear dos tipos de grupos barriales: uno que se encargue de desobstruir las vías, siempre que sea posible, con los recursos propios, sin esperar a que lleguen las autoridades; y otro, conformado por dos o tres personas de mucho prestigio en cada zona de defensa, encargado de realizar un levantamiento previo de los daños sufridos por los vecinos.

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