Otra Estrella en la vida de Ania

Una joven diputada, nacida en las montañas de la Sierra Maestra, dice que los de su tiempo necesitan tener argumentos y no deben temerle a nada cuando se trata de aportar

Autor:

Osviel Castro Medel

BAYAMO, Granma.— Muchos la recuerdan por allá, subiendo lomas o cruzando afluentes cristalinos. La evocan llegando a La Estrella después de haber soltado sus ráfagas verbales en Buey Arriba, sitio en el que confluía con otros líderes de pañoleta y palabra.

Ahora, al visitar aquel paraje serrano, donde vivió hasta los 12 años, Ania Yelina Fernández Lara, se «infarta» por las reminiscencias de aquel tiempo en el que se enamoró del abecedario o soñó levemente con estudiar en la universidad.

No olvida, por ejemplo, las discusiones para mejorar el estudio en la escuela Esteban Gallardo Medina, como tampoco un suceso que se incrustó en la memoria: su participación en el 4to. Congreso Pioneril, en octubre de 2006.

«Aprendí tanto en esos días que a menudo utilizo herramientas de ese evento. Recuerdo que anhelábamos ver a Fidel, pero se estaba recuperando de su reciente enfermedad. No obstante, vimos a Raúl y eso nos emocionó muchísimo», cuenta.

Pero de todos los lances en la vida de Ania Yelina, que incluyeron pasar por numerosos cargos estudiantiles y participar en innumerables concursos, ninguno se compara con su reciente elección como diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Hoy es la parlamentaria más joven de Granma, otra estrella que lleva en el espíritu sin inflarse.

«Nunca esperé llegar a ser diputada; para mí fue un orgullo tremendo que me seleccionaran. Y lo que más me emocionó fue que me escogieran por Buey Arriba, aunque vivo en el barrio de El Horno, en Bayamo, hace algunos años», comentó en el inicio del diálogo con JR.

La conversación con esta estudiante de cuarto año de Ingeniería Industrial, presidenta de la FEU en la Universidad de Granma, fluyó con pocas pausas —aunque su móvil sonó más de una vez— y tocó retos personales y colectivos a unas horas de asumir su puesto en la Asamblea Nacional, instancia que, como sabemos, elegirá nuevos nombres para cargos fundamentales del país.

—¿Qué pudiera aportar al Parlamento una joven que hace poco no pensaba llegar a ser miembro de este?

—Por la primera vez se comienza. Varios de los que hoy tienen experiencia empezaron cuando eran jóvenes, por eso debemos creer que sí podemos decir, proponer, aprender y, sobre todo, ayudar en la toma de decisiones. Me parece que los más nuevos tenemos una mirada distinta sobre los problemas de la nación, aunque el objetivo resulta el mismo de las generaciones que nos antecedieron: mejorar el país.

—¿Tendrás valor de pararte en la Asamblea a rebatir un criterio o a decir algo valiente?

—Siempre he dicho lo que pienso. Desde pequeña me eduqué en eso, en no tener miedo a expresar mis ideas, en no quedarme con nada por dentro. Fui así como presidenta de brigada y en todos los cargos que ocupé después, hasta liderar hoy la FEU en la universidad.

«No quiero decir que siempre tenga la razón, pero algunos se quedan callados y eso hace daño. Cuando crea que puedo ser útil con una propuesta en el Parlamento lo haré con toda sinceridad.

—Ahora que estarás en la Asamblea Nacional, te pregunto, desde tu visión como parlamentaria, si consideras que la nación aprovecha todo el potencial presente en las universidades.

—Creo que debemos apoyarnos más en las universidades; hay que darles más tareas para que generen proyectos e ideas. En ellas existe un potencial humano que investiga, que estudia la sociedad, que está inmerso en el empleo de las nuevas tecnologías, y a veces desaprovechamos eso o lo empleamos de manera dispersa. Debe existir una armonía integradora. Todo lo que sea por el bien del país, con repercusión en la economía o en el terreno político, todo lo que genere cultura, ¡bienvenido!

—Hablando de cultura, ¿cómo esperar elevarla si muchos universitarios no tienen hábito de leer e intercambiar conocimientos entre sí?

—Es verdad que ha existido una mutación hacia los teléfonos celulares y las nuevas tecnologías, pero no podemos esperar que los universitarios de hoy se parezcan a los de hace 20 años. Son tiempos distintos; lo que podemos hacer es promover la cultura utilizando esos equipos sin censurar nada. Y seguir tratando de demostrar el valor de la lectura para la mejor formación personal y profesional de los universitarios.

—En estos tiempos se menciona brevemente la palabra continuidad. ¿Qué le sugiere ese término a una joven que ahora asume una responsabilidad mayúscula?.

—Ya nosotros somos continuidad, no somos futuro, sino presente. Si pensamos que nos falta mucho tiempo para asumir responsabilidades, o que está lejana la época nuestra, la de echar adelante el país, estaremos cometiendo un error.

«Para mí la continuidad significa seguir creyendo en nuestro proyecto, pero sobre todas las cosas tener argumentos suficientes para defenderlo. No podemos defender una idea solo desde la emoción. No estamos aquí por casualidad, sino porque venimos de un pasado cargado de hechos gloriosos. Tendremos que avivarlos para que haya continuidad y no la ruptura deseada por nuestros enemigos ideológicos».

—¿Qué esperas de este Parlamento que asumirá en breve?

—Espero, personalmente, aprender mucho, superarme, intercambiar y crecer. Y espero que siga siendo un Parlamento que represente al pueblo, que discuta nuestros problemas con inteligencia y siga defendiendo en todo momento el socialismo.

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