Duros son los retos para la izquierda política y social de Latinoamérica

Concertación y enfrentamiento a la manipulación mediática en la agenda de la región

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Uno de los hitos de la 24ta. edición del Foro de Sao Paulo que se celebra en La Habana es el encuentro entre los partidos de izquierda y los movimientos sociales y populares iniciado este lunes, y que debe conducir a nuevas articulaciones entre ambas fuerzas.

El costarricense Jorge Coronado, un joven pero experimentado luchador social desde los tiempos de la batalla contra el ALCA, pondera esta primera vez en que ambos sectores se reúnen en el marco del Foro y por iniciativa del Partido Comunista de Cuba, anfitrión del cónclave.

«Ante la contraofensiva de la derecha, la respuesta de los movimientos y del accionar de los partidos resulta fundamental».

Diez plataformas regionales de América Latina, de diversos movimientos, de expresiones sindicales, de mujeres, de jóvenes participan así como las articulaciones sociales del Alba «y redes que trabajamos temas más específicos para juntarnos, e iniciar un diálogo con los partidos para ver cómo enfrentamos esta contraofensiva, y cuál es la apuesta política de los sectores de izquierda y progresistas que estamos en los movimientos, y la de quienes militan en los partidos, para enfrentar ese proceso más coordinadamente.

«Además, debemos tratar de hacer una lectura común acerca de qué es lo que está pasando en la región».

—¿No existe un diagnóstico común?

-Mi tesis es que no. Incluso en algunos casos, con la misma izquierda política tenemos diferencia en ese análisis. Quienes estamos en los movimientos sociales muchas veces tenemos mayor cercanía con los territorios y la gente en las comunidades, donde se enfrentan procesos de este mecanismo neoliberal del capitalismo depredador que son diferentes a la práctica histórica que han planteado los partidos políticos.

—Entiendes que no siempre los partidos tienen una lectura cabal de lo que ocurre en la base?

-Digamos que no siempre logran leer todas las sensibilidades de grupos y comunidades locales; en muchos casos se quedan en la superestructura o no están leyendo los temas del momento. Por ejemplo, la lucha por una justicia fiscal en América Latina, donde las elites y las corporaciones extraen recursos y no pagan impuestos.

«Ahí tenemos una contradicción fundamental donde las elites y las corporaciones han hecho un sistema global; y en general la izquierda política no está abordando ese asunto, ni el de la deuda interna, no ya la externa. O el extractivismo. Y la izquierda política (no es toda) no logra leer esto.

«Ahí es donde hay que establecer los diálogos. No es que los movimientos sociales tengamos la lectura integral correcta, sino analizar cómo complementarnos.

«Después, hay una discusión fundamental que tenemos que hacer: la del asunto de la democracia.

«La institucionalidad burguesa se ha tragado a una corriente importante de la izquierda que sigue la lógica de esa institucionalidad. Al final hay que volver a reconstruir el concepto de democracia desde una mirada de la izquierda, y hoy es más evidente que eso no existe.

«Es un debate que tenemos que volver a hacer: la democracia no es elecciones y acceder a los parlamentos».

—¿Estamos otra vez en el punto de tomar espacios desde abajo, o te parece importante seguir dando la pelea por el poder político?

-Yo creo que la pelea por la superestructura de representación política sigue siendo legítima y vigente. Lo que ocurre es que la izquierda tiene que volver a reconstruir la aspiración del poder desde abajo: lo perdimos, y la izquierda se ha concentrado fundamentalmente en esa superestructura.

«Luego, la izquierda tiene que acercarse a los movimientos nuevos que emergen, con sensibilidades distintas y propuestas hacia la izquierda: los movimientos LGTBI, los jóvenes que ahora se definen autoconvocados en muchas luchas, las mujeres y la nueva lógica de identidad de género. Son enfoques que van construyendo el discurso de lógica democrática que va más allá de la lógica tradicional de la institucionalidad superestructural que nos construyó la burguesía.

«Se rompe con la arremetida neoliberal articulando desde abajo. Obviamente, no es fácil congeniar aspiraciones y luchas más particulares con lecturas más nacionales, pero eso es lo bueno de esta experiencia en el Foro: poder abrir un camino de diálogo entre lo que hace la izquierda política y lo que hacemos los de la izquierda que actuamos en los movimientos sociales.

El papel de los intelectuales

Otro análisis imprescindible es el que realiza la intelectualidad revolucionaria, llamada también a coordinar esfuerzos con los partidos y los movimientos sociales, y a laborar frente a una campaña de derechización que se libra básicamente en los medios.

Hernando Calvo Ospina, periodista colombiano que labora en medios de Francia y ha publicado varios libros sobre Cuba, vino al Foro convocado por la Red de intelectuales en defensa de la humanidad.

—Qué papel toca a la intelectualidad de izquierda en esta coyuntura?

-Primero, darse cuenta que son de izquierda. Soy de los que digo que nuestra agenda en la izquierda nos la manejan los grandes medios de información. Si mañana dicen algo que yo sé no es así, comienzo a dudar de lo que sé. Todos podemos hacer un discurso sobre manipulación de medios, pero los medios nos manipulan.

«También creo que es momento de darnos cuenta de que el enemigo es uno, no hay otro: el gran imperio, encabezado por Estados Unidos.

«Nosotros tenemos que tener conciencia de clase, y no hablo de los cubanos. El sistema (burgués) sí tiene conciencia de clase y sabe defender sus miles de millones. Nosotros, no. Es un problema muy grave».

—¿Qué otro punto puede estar fallando en una región donde la ciudadanía está bombardeada por esos grandes medios?

-Que no sabemos hablarle a la gente. Muchos de nuestros compañeros cuando escriben o hablan parecen hallar placer en buscar los sinónimos más complicados. Hablamos de pueblo pero no sabemos hablarle al pueblo. Yo no hablo de que volvamos a los años de 1960 cuando había que ir a las minas. Pero hay que saberle hablar a las gentes y saberles llegar.

-Hay otro llamado a la unidad de la intelectualidad con los partidos políticos y los movimientos sociales.

-Espero que se dé; sobre todo, de cierta intelectualidad que se dice objetiva y neutra. La neutralidad no existe. No somos neutrales, el corazón late para un lado.

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