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Aislados, pero seguros y a salvo

Vigilar epidemiológicamente a las personas sospechosas de portar el SARS-CoV-2 es imprescindible para lograr que el número de infectados descienda en el país. Con ese propósito, más de 300 cubanos esperan a que termine su cuarentena en el Centro de Convenciones de Cojímar, al este de la capital

Autor:

Margarita Barrios

«Qué te puedo decir. Tengo muchos deseos de ver a mi familia, pero por ellos, por mí y por los demás debo permanecer aquí», expresó María Isabel Ávila, quien reside en el municipio habanero de Centro Habana y arribó al país procedente de Nicaragua.

«Desde que llegué, no ha faltado todo tipo de atenciones. Con paciencia —porque no todo el mundo es igual— nos explicaron la necesidad de que permaneciéramos aquí, y yo estoy muy conforme con ello. No puedo llegar a mi casa y contagiar a alguien», destacó.

Esta habanera reconoce la labor de todos cuantos se esmeran para hacer que ese aislamiento necesario sea apacible, pero resalta particularmente a los trabajadores que se ocupan de la limpieza y de la cocción de los alimentos.

Asimismo, asegura que durante estos días la comunicación con sus seres queridos no es problema: «Hablo con mi familia varias veces al día por teléfono, pues tengo el celular y también uno fijo en mi cuarto. Mi niña me llama a cada rato», aseguró.

Las personas aseguran que se sienten bien, a pesar de estar lejos de sus casas y sus familias. 

Historias como estas son comunes en el Centro de Convenciones de Cojímar, al este de La Habana, el cual acoge a más de 300 cubanos que arribaron al país entre los días 25 y 29 de marzo, y esperan a terminar su cuarentena bajo vigilancia epidemiológica.

Tiene que ser así, pues un factor imprescindible y que contribuye a salvar vidas en el enfrentamiento a la COVID-19 es la responsabilidad ciudadana. En este empeño de romper las cadenas de transmisión, los centros de vigilancia epidemiológica son fundamentales.

Así lo comprende Yakelin Lamoth, residente en Santo Suárez, municipio de Diez de Octubre, quien expresó que, aunque no le gusta estar encerrada, sabe que debe hacerlo, pues «la posibilidad de contagiar a alguien está presente y no podemos permitirnos eso. Ya la mente se ha ido acomodando a que hay que estar aquí.

«Como soy diabética, debo alimentarme de manera adecuada y en tiempo. Eso aquí no ha faltado. Duermo toda la noche, las áreas están ventiladas, los baños limpios, nos dan el aseo, la ropa de cama la cambian cada tres días. No sé si el Estado ha ganado o perdido con nosotros, pero siento que, matemáticamente hablando, hemos sido un gasto. Comprendo que es un modo de parar la pandemia. Esto, sin dudas, ayuda», opinó.

Salir bien de esto

«No salgo de aquí hasta que me den un papel que diga que no tengo nada», aseguró Lany Hernández, músico de 23 años, a quien lo esperan en casa un bebé de tres meses, su esposa y su mamá. «¡Imagínate si yo les pego esto… qué va!», dice.

El joven es el director del grupo musical Lany El Real, y había realizado una visita rápida a Cancún, México, para recoger el acta de nacimiento de su hijo, que nació allá el 31 de diciembre, y le era imprescindible para poder inscribirlo aquí.

«Todo fue rápido, llegué, solicité el papel, casi no salí de la casa, pero había problemas con el coronavirus y todavía no habían tomado muchas medidas de precaución como aquí, donde lo noté enseguida que llegué al aeropuerto de La Habana.

«Desde ese momento, he recibido las mejores atenciones. Venía cansado porque habían suspendido dos veces el viaje, hasta que por fin pude llegar. Tenía una leve infección en los riñones y enseguida me atendieron. Todo está bien: la comida, la desinfección constante. Y los doctores, especiales. Ahora los sueños están pospuestos, pero lo importante es salir todos de esto», afirmó.

Seguridad para todos

El doctor Carlos Aragón López, director del Centro de Vigilancia Epidemiológica de Cojímar, cuenta que han trabajado mucho para intentar que estas personas se sientan bien, a pesar de estar lejos de sus casas y sus familias.

«Estuvimos recibiendo viajeros desde el día 25 hasta el 29. Hasta ahora, solo han salido de aquí los que se han remitido a salas hospitalarias porque presentaban una sintomatología respiratoria, y algunos que tenían alguna patología crónica o se enfermaron estando aquí y necesitaron atención especializada. Todos son cubanos, algunos residentes en el extranjero que decidieron venir por la seguridad que les brinda nuestro sistema de salud», explicó el médico.

—¿Realizan aquí algún tratamiento para prevenir o tratar el coronavirus?

—No, este centro lo que hace es la vigilancia. Contamos con un personal de salud que los atiende las 24 horas. Después del desayuno, almuerzo y comida, se les hace una toma de signos vitales y, muy importante, de la temperatura. Si tienen algún síntoma respiratorio o fiebre, se les traslada al puesto médico y se remiten a la instalación hospitalaria a través del SIUM.

«Entre las personas que están aquí tenemos algunos con patologías crónicas (hipertensos, diabéticos, asmáticos) y hemos garantizado esos tratamientos. Además, contamos con servicios de urgencia para responder a cualquier necesidad y se trasladan a un hospital», puntualizó.

—¿Qué promedio de edad tienen estas personas?

—Aquí tenemos de todos los grupos etarios (ahora entre 18 y 82 años de edad). Son científicos, médicos, artistas, deportistas. Además del personal de salud y del habitual del centro, contamos con trabajadores sociales y muchas personas que se brindaron como voluntarios para acompañarnos en la atención a estas personas.

—¿Aquí cómo se procede luego de que se aplica el test rápido?

—Los que resulten positivos, se llevan a centros de aislamiento y tratamiento y se hacen otras pruebas para establecer un diagnóstico más definitivo. Los que dan negativo, de todos modos se quedan hasta los 14 días.

«Esta prueba nos da la posibilidad de identificar pacientes que no tienen sintomatología y están infectados para aislarlos, que es importante porque se evita que se contagie a otros, y también iniciar prontamente las labores de tratamiento».

—¿Se cobran estos servicios?

—Todo es gratis. Las personas que están aquí tienen un alto grado de satisfacción. Al principio hubo cierto desconcierto, algunas venían agotadas por el viaje y estaban deseosos de ver a la familia, por lo cual el primer impacto con la institución fue negativo. Pero se explicó mucho y se resumía en dos cosas: la salud de ellos, para determinar quién estaba expuesto al virus para poder aislarlo y tratarlo; y la protección de sus familiares. Eso para los cubanos es sagrado. Entonces descansaron, vieron las condiciones y reaccionaron de manera positiva. Cuando se cumpla la fecha para cada uno de ellos, se les llevará hasta sus casas y allí tendrán un seguimiento por 14 días más a través de su área de salud».

Fotos: Robarto Suárez

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