Viñeta de LuiRRi. Autor: Juventud Rebelde Publicado: 04/04/2026 | 07:55 pm
De negro a disolvencia, la imagen muestra, en plano abierto, las primeras horas de la madrugada de un día cualquiera, en una ciudad de poco alumbrado. Paneo suave de izquierda a derecha del cuadro. En la banda sonora una pieza, resultado de la mezcla del folk, algo de country y una pizca de pop-rock, al estilo de los clásicos spaghetti western. Un silbido constituye la principal melodía sobre un fondo denso protagonizado por el sonido de un incansable argilófono o una zampoña. Innegable la mano de Ennio Morricone.
El plano cierra a detalle de unos pies que caminan sin prisa, hasta llegar a un grupo. Primer plano a rostro masculino, aún adormecido, que mira a todos. Primerísimo plano a labios que susurran:
—¿Quién es el último?
Plano abierto que panea el grupo. Todos miran al recién llegado con una mezcla de desinterés y compasión. Una voz sale de la multitud:
—¿Para qué cola?
Hombre recién llegado responde contrariado:
—¿Cómo que para qué cola? ¡Pa’ comprar dólares!
Plano abierto en situación coral: muchos se miran entre sí, otros hacen mueca de intolerancia, finalmente la voz salida de la multitud explica:
—Hay diferentes colas… para dólares, pesos mexicanos, euros… (Música se va en fade).
—¿Y todo no es lo mismo: divisas? —pregunta el hombre soñoliento.
—Sí, pero no —vuelve a explicar con gusto la voz, ahora personalizada en mujer madura que sale del grupo y se acerca—. El problema es que nadie sabe qué habrá de la recaudación de ayer, y no todos quieren lo mismo. Por ejemplo, el señor busca euros para ponerlos en una cuenta MLC y comprar un ventilador antes de finalizar el verano. –Señala para un hombre que asiente mientras acota:
—Ya saqué la cuenta y antes de los monzones de octubre en Tailandia debo tener mi ventilador Daytron o Haier.
La señora, quien de forma amable explica, ahora mueve el índice hacia un señor mayor:
—Él quiere pesos mexicanos para ir a Cancún, en particular a Islas Mujeres, para ver si encuentra esposa allí, porque aquí no tiene suerte. Y ella —gira la mano en dirección a una señora gruesa—, quiere unas libras…
—¿De más? —interrumpe el recién llegado.
—Libras esterlinas, señor —rectifica la mujer. Ella quiere ir a Inglaterra a conocer a Los Bitle.
—Los Beatles ya no existen, señora —dice un joven que abraza a otro joven.
—¡Compañeros, dejen que la gente sueñe con lo que le dé la gana! —se escucha una voz grave, desde lo profundo.
—Está bien, está bien —aplaca el hombre antes de que se disperse la conversación. Finalmente se decide—. Voy a marcar en todas las colas, a fin de cuentas, para lo que yo quiero la divisa, me sirve cualquiera…
Un silencio total llena la atmósfera. La genialidad de Morricone, convertida en notas musicales, vuelve a apoderarse del ambiente. Todos los ojos, todas las miradas, apuntan al hombre como francotiradores sicarios.
—Bueno, es para no tener tantos billetes en el bolsillo. Cada vez la moneda nacional abulta más —dice pensando haber resuelto las dudas.
Esta vez se dejan escuchar murmullos, risas socarronas y hasta algún comentario a modo de estribillo de vieja canción (que no era de Morricone).
—¡Mentira!, ¿quién te lo va a creer?
—¡Compañeros, dejen que la gente haga con su dinero lo que le dé la gana! —truena otra vez la voz desde lo profundo.
El silencio vuelve a tomar protagonismo hasta que se siente el chirrido de la puerta del establecimiento bancario que funge como casa de cambio. Se abre lentamente. Una mujer con ropa distintiva y con una lista en la mano asoma su figura. Todos miran atentos. De manera suave, casi imperceptible se escucha la banda sonora de cada día. Una pieza musical, resultado de la mezcla del folk, algo de country y una pizca de pop-rock, al estilo de los clásicos spaghetti western. Un silbido constituye la principal melodía sobre un fondo denso, protagonizado por el sonido de un incansable argilófono o una zampoña. Innegable la mano de Ennio Morricone.
