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Crónicas de una voluntaria: Los preparativos

JR te comparte la historia de una de las jóvenes universitarias que se integró al grupo de voluntarios en el centro de aislamiento de Alamar 6 

Autor:

Lisandra Esquivel

Hace varios días que me cuesta conciliar el sueño. Mis pensamientos, hasta hace poco centrados en la tesis de maestría, ahora están dirigidos a los preparativos para incorporarme como voluntaria en el centro de aislamiento de Alamar 6 que prepara la Universidad de la Habana.

«Asesinos del coronabicho» le hemos puesto al grupo de WhatsApp integrado por las 6 voluntarias de la Facultad de Derecho y el Decano de Contabilidad, en un intento de combinar el humor con nuestros deseos de que algo como «asesinar al coronavirus» fuese posible.

El lunes tuvimos una preparación en la beca. Nos explicaron sobre las zonas rojas, naranjas y verdes de los centros de aislamiento, del riguroso protocolo que debemos cumplir para evitar cualquier tipo de contagio y de las tareas de apoyo al personal médico.

Fuimos testigos del empeño de los trabajadores de la universidad en entregar la residencia lista para recibir al primer grupo. Hicimos preguntas, fuimos a las habitaciones y escuchamos algún que otro comentario machista como para recordarnos que incluso en estas circunstancias, el mundo sigue girando sobre sus mismos ejes.

Enseguida empezamos una tormenta de ideas sobre el avituallamiento para nuestra estancia. En nuestro grupo al parecer el café es el elemento de supervivencia más importante. Acordamos tener nuestro propio protocolo para la habitación y buscar cajas que nos permitan dejar los zapatos y la ropa de trabajo en la entrada tal cual hacemos en nuestras casas.

Lo más difícil hasta ahora ha sido contarle a mi familia mi decisión de incorporarme al centro de aislamiento. ¿cómo se le dice a tus seres queridos que no se preocupen y que estén tranquilos en esta situación? Creo que hasta tartamudeé y todo al decirlo. Pero la respuesta de todos como siempre me llenó de orgullo: «si esa es tu decisión te apoyamos. Si nosotros fuésemos jóvenes y sanos también lo haríamos».

A partir de ese momento mi casa se ha revolucionado. Ya lo estaba, si tenemos en cuenta como mi mamá elabora cada día planes de trabajo para todos en la casa en esta cuarentena pero ahora aun más.

Tengo una silla en el cuarto llena de guantes, nasobucos, gel antibacterial, papel higiénico, medicinas, comida... yo creo que mi mamá piensa que el centro de aislamiento está en el desierto.

Algo impresionante que ocurrió fue lograr confeccionar máscaras de acetato para protegernos cuando estemos en la zona roja. Mi tío fue el de la idea. Él desde hace días está apoyando para que las máscaras de un trabajador por cuenta propia lleguen a los hospitales. Cuando le di la noticia enseguida se puso a buscar cómo hacer algunas en la casa para llevármelas. Montamos nuestro taller improvisado y pudimos hacer máscaras de acetato para todo el equipo.

Es impactante como en los momentos difíciles lo superficial no importa y las familias y amigos se unen aun más. 

Siguen los preparativos. Tenemos que tener todo listo para cuando nos llamen. A ratos hablo con Orisell y verificamos que cada una tenga lo imprescindible.
Hace varios días que me cuesta conciliar el sueño pensando en todo esto pero creo que dormiré más tranquila cuando el trabajo esté hecho.

(Tomado del perfil en Facebook de la autora)

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