Pablo René Estévez: vivir para los niños

El más reciente ganador del premio Ismaelillo que otorga la UNEAC, conversa con JR sobre los peligros que acechan a la literatura infantil y juvenil

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Cortesía del entrevistado. Lo más importante es vivir plenamente el presente que ha de sustentar el futuro (el mañana del mundo mejor que tanto necesitamos quienes escribimos para los niños), comentó a esta periodista el escritor cubano Pablo René Estévez, poco después de recibir el Premio Ismaelillo, en reconocimiento a su novela En las alas de una golondrina.

Sorprendido aún por tan alto reconocimiento, el destacado creador reflexionó, en exclusiva para JR, acerca de la literatura para niños y jóvenes. «Los peligros que la acechan no provienen tanto de la falta de creatividad y originalidad de los autores, como de las condiciones apocalípticas del mundo neoliberal actual.

«Estamos abocados a una situación mundial signada por la guerra imperialista; por la apología de la mentira, de la perfidia, la violencia, la fealdad que, de llegar a imponerse en la sociedad actual, dejaría muy poco espacio para la imaginación, la fantasía y el goce estético de los sentidos. Todo eso está en juego, y los escritores no podemos pasarlo por alto.

«Por eso creo que ahora más que nunca es necesario sustentar lo que una vez escribió Máximo Gorki en una carta a Romain Rolland: “[...] la guerra absurda que se desarrolla ante nuestros ojos es una prueba evidente de la debilidad moral del hombre, del ocaso de la cultura. Recordémosles a los niños que los humanos no siempre hemos sido débiles y viciosos como somos ¡ay!, nosotros hoy, ¡recordémosles que en todos los pueblos han existido —y existen en nuestros días— grandes hombres, corazones nobles! Es absolutamente necesario en esta hora marcada por el triunfo de la crueldad y la barbarie”.

«La literatura infantil cubana, en particular, está en la posibilidad de asumir el reto que le plantea la coyuntura actual; pues goza de la frescura, la diversidad estilística y formal (en una palabra: de madurez) como para cumplir con éxito la encomienda gorkiana. Y esto es el fruto, en primer lugar, de la política cultural de la Revolución y del lugar de privilegio que el propio Fidel le ha asignado a la cultura como factor esencial dentro de la Batalla de Ideas.

«Estoy convencido de que la serie infanto-juvenil es un instrumento formidable para la plasmación del ideal de formación integral de los niños y jóvenes, por cuanto puede operar como un poderoso estímulo de su desarrollo artístico-estético y cultural», subrayó el destacado escritor.

Pablo René es uno de esos autores de literatura para niños y jóvenes que, sin lacerar la factura artístico-estética de la obra que, ante todo, tiene que ser literatura, aborda cualquier tema por difícil que sea. Este villaclareño, profesor universitario de Filosofía y de Estética, asume en sus creaciones tanto la perspectiva realista como la de los cuentos maravillosos. Se interesa, al mismo tiempo, por una literatura de tesis que no desdeña la reflexión de carácter existencial y filosófico, ni cierta intención educativa subyacente.

Tomando como pretexto la historia de Jesulín, el protagonista de En las alas de una golondrina, novela con la que ganó el premio Ismaelillo, Pablo René se refiere, por ejemplo, a la llamada guerra contra el terrorismo y la represión de los más genuinos sentimientos humanos. Y lo hace, con la maestría y sensibilidad que solo habita en las almas buenas, o mejor, en esos pocos seres elegidos para salvar a la fantasía y a la imaginación de los peligros que le acechan. En esta historia del también autor de La casa redonda, El tocador de pito, El perro-tren, La cuerda plateada, Jesulín es un niño escritor que vive en un lugar hipotético, donde la creatividad escasea. Por tanto, sale en busca del duende de la creación, con la maga Nowata que lo convierte en piojillo, a la vez que se transforma a sí misma en golondrina... Así emprenden el vuelo que los llevará a una isla del mar Caribe; al reino de los hombres cabeza de hierro y, finalmente, al reino subterráneo... En el trayecto ocurren un sinnúmero de situaciones que, apoyándose en un universo poético e imaginario, aluden a las grandes amenazas del mundo actual y a la política agresiva del imperialismo norteamericano.

—Algunos insisten en afirmar que existen una literatura y una literatura para niños. ¿Cuál es su posición?

—Creo que es una afirmación reduccionista, soberbia e injusta. Existen, ciertamente, dos tipos de literatura: ¡la buena y la mala! Pero, como sabemos, sobran los ejemplos de obras que fueron escritas para adultos y que, posteriormente, pasaron a formar parte del patrimonio de la literatura infantil, y viceversa. Por eso aquí, como en casi todo, la dicotomía es nefasta. Sin embargo, no se puede desconocer, como han afirmado algunos estudiosos, que se trata de un asunto que suscita inquietudes y polémicas; sobre todo a partir de las diferencias lógicas (psicológicas, entre otras) que existen entre el niño y el adulto.

—¿Qué le motiva a escribir para niños y jóvenes?

Títulos del autor hechos para los niños, inspiración del presente y esperanza del futuro. —Ellos lo son todo: ya lo dijeron Martí y Fidel. Son la inspiración del presente y la esperanza del futuro: nuestros hijos, nuestros nietos... Quiere decir que son una parte sensible de la sociedad y, por lo tanto, receptores virtuales de nuestra obra. Aparte de eso, toda mi vida he sido un educador: desde que concluí los estudios en la Universidad Central de Las Villas, en 1974.

«Me identifico con una literatura que tiene la posibilidad maravillosa (cuando es buena, claro está) de “avivar” el espíritu de los niños y de inflamarlos con las ideas luminosas que ha ido creando, en su devenir histórico-natural, la humanidad... Este es un fin que, mejor que otros géneros literarios, puede cumplir la serie infantil. Pero, por si ello no bastara, me mantengo inmune ante quienes establecen jerarquías entre los géneros literarios y miran por encima del hombro a los que dedicamos nuestra producción, preferentemente, a los niños, sabedores de su importancia, de su necesidad y de la complejidad propia de lo que, al decir de Dora Alonso, es: dos veces literatura.

«En mi caso, empecé escribiendo cuentos para “adultos” con los que gané en dos ocasiones los concursos literarios convocados en el marco de los antiguos Festivales Nacionales de la FEU y una mención en el II Encuentro Debate Nacional de Talleres Literarios, en Jibacoa. Escribiendo para “adultos” llegué a ser presidente de la antigua Brigada Hermanos Saíz en la provincia de Las Villas (1976-1979) hasta que, poco a poco, fui descubriendo al niño que dormitaba dentro de mí. Y, aunque no desdeño ningún género literario (pues sería tonto hacerlo) la verdad es que me siento muy cómodo, porque no existen fronteras entre los mundos de la realidad, de lo imaginario y de la fantasía, y porque podemos abordar (por lo menos es mi credo) cualquier aspecto de la realidad por escabroso que sea. Las posibilidades de la literatura infanto-juvenil (LIJ) son tantas que apenas me deja tiempo para explorar otras parcelas de la literatura cuya necesidad, ciertamente, no llego a sentir».

—¿De qué fuentes se nutre?

—A no dudarlo, de la tradición cultural de Occidente, pero siempre en una perspectiva martiana; de la filosofía marxista (hasta el punto de convertirme en profesor universitario y en Doctor en Ciencias Filosóficas); de las ideas de la pedagogía cubana, que me han servido de brújula para guiarme en el mundo de los valores estéticos en la promoción de la Educación Estética; del pensamiento complejo (en tanto pensamiento dialéctico para la aprehensión de la realidad circundante) y de numerosos clásicos de la literatura (incluida la LIJ) tanto cubanos como de otros países. Creo que soy necesariamente heredero de cuanto me ha antecedido, y que no tengo derecho a desconocerlo, ni mucho menos a rechazarlo: aunque la aprehensión, por supuesto, debe ser siempre dialéctica.

— Aparte de vivir plenamente el presente, ¿qué es lo más importante en su vida?

—¡Ah, una pregunta complicada! Son varias cosas, de distinta índole: por una parte, la Patria, que es como decir la Revolución, y viceversa. Son muy importantes la cultura y la belleza. La familia, que es como el bosque al árbol.

—¿Qué proyectos lo animan para el próximo año?

—Muchos... relacionados con la familia, la literatura y la Educación Estética. De hecho, tengo varios proyectos literarios, y uno ya encaminado. Tengo a punto de salir un cuento ilustrado (por la Colección Dienteleche de la Editorial Unión) y un libro sobre Educación Estética (por la Editorial Capiro), entre otros. Tal vez pueda decir que «los perros ladran», y que a la vuelta de la esquina tenga la periodista de Juventud Rebelde un buen pretexto para volver a mis libros. Mientras tanto, viviré para hacerlo realidad y contribuir con ello, humildemente, a la felicidad de los niños.

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