César López será homenajeado en la Feria Internacional del Libro 2007

Este poeta comprometido con su país extiende su labor a la narrativa, la traducción, la crítica, la investigación y el ensayo

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Pilar Aymerich La tarde en que fui a llevarle este cuestionario a César López estuvimos más de cinco horas conversando. Como es de imaginar, hablamos de todo. Especialmente para mí, resultó un diálogo en extremo útil, del que salí cargado de material y en el que afloraron temas que bien valen futuros trabajos.

Por ahora, sin embargo, bastan estas respuestas. Calientes todavía, están aquí los argumentos de uno de nuestros poetas esenciales. Premio Nacional de Literatura 1999, César recibirá en la Feria del Libro de este año (junto al historiador y escritor Eduardo Torres Cuevas) el homenaje que merece por una labor intelectual que partiendo de la poesía, se extiende a la narrativa, la traducción, la crítica, la investigación y el ensayo. Miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española, con más de 15 títulos publicados (algunos de ellos traducidos total o parcialmente a 12 idiomas), este santiaguero nacido en 1933, es dueño de una de las obras más intensas y en particular, de uno de los cuerpos poéticos de mayor coherencia producidos dentro de su generación. Me complace muchísimo compartir con los lectores la primicia de unas respuestas, literalmente, acabadas de llegar.

—El hecho de que se le dedique esta Feria, supone un momento de promoción particular para su obra, donde son de esperar nuevas ediciones de libros ya aparecidos junto a títulos hasta ahora inéditos. De unos y otros, ¿qué puede adelantarle a sus lectores?

—El interés y cierta generosidad de los editores por una parte y la apatía del autor por la otra compondrán un discreto cuadro de publicaciones para esta Feria del Libro. Entre las reediciones se anuncian Circulando el cuadrado (cuentos); Libro de la Ciudad, Quiebra de la perfección (poesía) y Arpa de troncos vivos. De Cuba a Federico (colección de escritores cubanos en Homenaje a Federico García Lorca). Los nuevos títulos comprenden Manos de un caminante; Pasos, paseos, pasadizos y Paisaje, panorama (todos de poesía).

Quedan para un futuro posferial los tomos de una colección de ensayos o críticas sobre autores cubanos (Dulce María Loynaz, José Lezama Lima, Nicolás Guillén, Virgilio Piñera y Gastón Baquero...) También un cuaderno de ensayos dedicados al Quijote.

—Es conocida la entrañable amistad que desde su infancia en Santiago de Cuba lo unió a Frank País. Su primer libro publicado, Silencio en voz de muerte, está precisamente dedicado a homenajear a Frank. Este poema-libro, que vio la luz en 1963, ha sido reeditado recientemente. ¿Cómo describe en su madurez el poeta este reencuentro con una obra escrita hace más de 40 años? ¿ Cuál siente que ha sido la respuesta de los lectores?

—Fue una confrontación conmovedora. Cuarenta y tres años después de su primera publicación. Un libro escrito en los años 57 y 58. El autor estudiaba en España. Un exilio obligado. Aquel texto pasó un tanto inadvertido, soslayado por diversas razones, no solo literarias, sino también de otra índole. Ahora, además del generoso e inteligente, acucioso prólogo del poeta y ensayista Roberto Méndez, la bella portada de Pedro de Oraá y las varias presentaciones en distintos lugares del país, me satisface la reacción interesada de múltiples lectores y la divulgación actual en los medios de prensa. Parece que los lectores encuentran poesía y humanidad plenas en la vida de Frank País. Eso denota constancia en la cultura.

—Fiel a una amistad y una admiración que se remontan a su juventud y a momentos en que juntos compartieron proyectos y responsabilidades en una UNEAC que acababa de fundarse, en no pocas ocasiones en los últimos tiempos lo he visto defender con pasión la obra de Nicolás Guillén. ¿Cree que su poesía continúa expresándonos? ¿Cuán contemporánea y apta la considera para dialogar con los jóvenes y los desafíos y exigencias de estos tiempos?

—La poesía de Nicolás Guillén es una expresión de creación viva y cubanía irradiante. Por ello continúa siendo vehículo contemporáneo y apto para dialogar, no solo con jóvenes, sino con adultos, niños, viejos... con todos los que se acerquen, en humildad y soberbia al mismo tiempo, al altar estético y ético de la Patria. Leer a Nicolás Guillén no es moda transitoria ni embullo manipulado o manipulador, como puede parecer a algunos. Aunque es cierto que una pasada insistencia confundió a muchos. Pero sabemos, estamos seguros, de la plenitud universal y cubana de su obra poética.

—Aunque toda su obra es el testimonio de una fe irrenunciable en la palabra como posibilidad última del ser humano, su presencia en el Congreso Mundial de Intelectuales celebrado en Caracas en diciembre de 2004, y más recientemente en el encuentro organizado en Anzoátegui con motivo de los 70 años de la República española, subrayan una fidelidad a esa vocación en un instante de extremo peligro para la humanidad. ¿En qué medida cree que puede ser valiosa la contribución de los intelectuales en un momento como este?

—El intelectual, más que contribuir, hace el momento de la dignidad que vive. Por eso estuvimos en Venezuela y no quiero permitirme ignorar lo que ocurre en Nuestra América. En nuestro mundo. Tercero y total. El ejemplo de lo que sucedió en la década del treinta con la Guerra Civil (incivil) Española está todavía vivo y presente con la defensa de aquella República, que cayó, pero continúa generando inquietud y compromiso en los intelectuales y en toda criatura de buena fe y pensamiento justo. No quiero dejar pasar la oportunidad que mi tiempo brinda. Y a la vez, superar el no haber podido estar, por razones de torpezas transitorias en ciertas esferas de dirección, en los días chilenos de la Unidad Popular, de Allende, del Pueblo. Ni ahora, ni nunca, nadie ha de truncar mi compromiso.

—Varios de sus críticos han señalado el modo tan singular en que su obra ha sabido nutrirse creadoramente, entre otros muchos ingredientes, de un cabal conocimiento de la poesía de occidente. Dentro de ese caudal que sin dudas distingue, retroalimenta y vitaliza su obra, ¿cuánto reconoce deberle el poeta a su cercanía e intercambio con los más jóvenes y al contacto sistemático con la poesía que hoy escriben las últimas promociones de poetas en Cuba?

—Occidente es mi ámbito propio. El de una Patria, Cuba, que no niega sus orígenes y se asienta firmemente en su mestizaje. No se trata solo de lecturas, aunque estas hayan sido y sigan siendo deleite, solaz y fuente de conocimiento. ¡Bueno entonces, que la poesía de occidente me haya servido para tanto! Para este criollo que ahora le habla, mirar a España ha sido fundamental, pero haber ignorado a África hubiera sido un dislate, una estupidez, histórica y cultural. Toda lectura, para mí ha sido nutricia. Desde el fabuloso siglo XIX cubano, con sus pensadores, poetas, narradores, pasando por los hispanoamericanos y toda la literatura que me ha caído en manos y ojos, de la propia España y Francia, Inglaterra, Alemania, Rusia, Grecia, en fin... En eso también, consiste mi formación occidental. He sido, sigo siendo, lector voraz. En cuanto a los jóvenes y a la juventud. Recuerdo que estas instancias no constituyen categorías permanentes ni definitivas. Lo que no quiere decir en modo alguno que rechace la aventura juvenil. Al contrario. Estar en contacto con la obra de las recientes promociones creadoras constituye desafío y enriquecimiento.

—Sé que pido casi un imposible, pero me arriesgo: conociendo su intensa actividad intelectual (jurado, conferencista, poeta invitado a disímiles eventos) que le permite hablar desde un conocimiento actualizado de la poesía que se escribe hoy en Cuba, ¿cuál (o cuáles) sería a su juicio el rasgo definidor de nuestra producción poética en la actualidad?

—En Cuba, en los tiempos actuales, a diferencia de otras épocas y de otros territorios, los centros de creación poéticos son múltiples. No se limitan en modo alguno a La Habana y ni siquiera a las capitales provinciales. Hay poesía, creación por doquier. Cuando anteriormente el ser poético era considerado un raro, un extravagante, alguien fuera de la realidad, la irrealidad, la historia, en fin, dicho en criollísimo coloquialismo, “un comemierda”... hoy se lleva con orgullo la condición de poeta. Es verdad que algunos exageran, pero hasta podríamos decir que es bueno que así sea. Más allá de la vanidad y hasta de la coquetería, la poesía existe y se perpetua en nuestro país. En infinidad de puntos del archipiélago. En toda la nación y tanto en el territorio insular como fuera del mismo. He ahí, como siempre, la cultura, la creación, la poesía. Estoy hablando de la Patria.

—He sido testigo de hermosos momentos en los que César López ha sido invitado a brindar por la poesía en varios lugares de nuestro país. Si fueran ahora los más jóvenes quienes con ese mismo fin lo convocaran, una vez más, a alzar el vino, ¿qué no les dejaría de decir?

—Que no están perdiendo el tiempo, les diría. Negar el tiempo, no. Les pediría eso. Vivir en su tiempo, que es tema fundamental de la poesía.

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