Presentan nuevo texto de crónicas periodísticas

La Editorial Mecenas, de la provincia de Cienfuegos, regala en esta fiesta de la literatura Gajos del oficio, del periodista Francisco González Navarro

Autor:

Julio Martínez Molina

Foto: Milagros Hidalgo Perjura Francisco González Navarro, columnista del semanario sureño 5 de Septiembre, caracterizado por el manejo recurrente de la ironía en sus materiales, que no hay ni pizca de mala leche en las 43 crónicas periodísticas que conforman su libro Gajos del oficio.

Puede que las riquísimas 245 páginas que la Editorial Mecenas presenta en la XVI Feria del Libro no contengan mala leche en el sentido filípico, catilinario, salfumántico. Mas sí, y cuán espesa, en su ironía frappé, sus verónicas de alto español enyuntado con cubano de pueblo adentro, su gracejo inverecundo que no se mide para hacer lo suyo y sonsacar hasta el último milímetro de la pupila del lector, su elegante manera de vapulear la mediocridad.

Esto es Periodismo, ni más. Y de veras resulta recomendable su deglución para buenos catadores, como imperdible habrá de ser el material para estudiantes de la especialidad.

Ellos no aprenderán aquí ni de normas, ni de prefabricados abecés, ni sobre pirámides bocabajo ni nada de eso que, para tedio de muchos, enseñan en las facultades y preconizan los manuales.

«Escribir se aprende escribiendo..., y leyendo», solía decirme mi tutor de grado en la Universidad, el maestro Enrique de la Osa. Santa premisa de nuestro decálogo. Que lo diga Francisco, quien así lució un día pantalones largos en la materia.

Las crónicas que quisieron hacer acto de cópula para embrionar el libro Gajos del oficio son las plegarias atendidas por el autor a unos cuantos que cierta vez le dijimos que sería una pena no quedaran en tal formato para la posteridad, las criaturas que cada semana iba sembrando en su pequeña comarca del periódico local.

«Gusto más de una estrella pequeña, de luz dulce, serena y permanente, que de esos fuegos artificiales del lenguaje», prefería Martí la sencillez a la ampulosidad retórica. Navarro también le huye, como un pingüino al Caribe, a la enrevesibilidad lexical. Sus textos aquí compilados son diáfanos, naturales, y su fluencia corre sobre un curso cristalino de ideas cuya descomplejidad aparente da la idea de que germinar a tales representa la más habitual de las acciones cotidianas para sí.

Gajos del oficio es un mapa humano, sentidísimo, de nombres y hombres que Cienfuegos mantendrá en su recuerdo mañana en cualquier caso.

Es un neoglosario del mundo ya hoy casi perdido de las costumbres, percepciones, entorno afectivo de nuestros abuelos; santo y seña para apegarnos, con el cariño de su autor, a esos trozos de esta ciudad que conviven con nosotros, a veces invisibles a los ojos de tan común su sombra en el andar diario...

Hay ternura, apacibilidad, nostalgia en estas viñetas hechas en contubernio del cerebro con la zona más emotiva del corazón. Algunas electrizan la parte buena de tu ADN; otras te hacen ver mejor su anverso, e incluso, al menos de momento, te inducen a modificarlo.

Las hay jacarandosas y también tristes de a pleno. Algunas constituyen cargas a profundidad contra la indolencia, la insidia, el negligente.

En la línea tensada de su variedad estriba parte del interés con que el lector seguirá un texto el cual, además, resulta testimonio de las pulsiones y sentimientos de una voz popular que nunca se enmudece en estos vívidos trazos y cuenta en ello con otra de sus sólidas bazas.

Gajos del oficio representa otro aporte de la editorial Mecenas al periodismo y en específico a la crónica, ese «género exclusivo» que «viene entre las fibras de las aptitudes y se cría con el magma de la cultura», como lo piensa y nos lo dice Luis Sexto en el prólogo.

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