Sepultado hoy en Holguín el legendario músico cubano

Juventud Rebelde reproduce la crónica publicada por el periódico Ahora de Holguín, con motivo del multitudinario entierro de Faustino Oramas, El Guayabero

Autor:

Juventud Rebelde

Una fértil semilla llegó a la tierra para germinar fructíferamente, para fortificar la identidad de la cultura cubana y dentro de ella la música; para hacerla imperecedera, para mantenerla genuina e impregnada de cubanía, como él la cultivó desde su formación empírica, pero absorbida por el ritmo innato del cubano y la sabiduría popular que lo convirtieron en uno de los más legítimos exponentes del Son cubano en su variedad montuna.

Esa simiente, Faustino Oramas, nuestro Guayabero, juglar, filósofo popular, sonero mayor, como justamente lo titularon músicos prominentes y gente del pueblo, dijo adiós a la vida en su Holguín que lo vio crecer, empinarse hasta llegar a las cumbres de su cultura y más allá, porque el legado de Faustino trascendió las fronteras cubanas para llegar hasta parajes tan lejanos como el Japón.

Una multitud pocas veces vista lo acompañó, hasta su morada definitiva: El cementero Luz y Caballero, en esta ciudad de Holguín, durante todo el trayecto, desde el Museo de Historia La Periquera, sitio del velatorio, hasta la necrópolis, fue numeroso el público que lo acompañó, su música no dejó por un instante de escucharse, grabada o en vivo, interpretada por agrupaciones holguineras como la que él fundó con su seudónimo.

 Importantes músicos cubanos vinieron no a decirle adiós, sino a participar de su concierto inmortal, como expresó Cándido Fabré, quien desde sus dotes de excelente improvisador le dedicó tal vez los versos más bellos que de sus labios brotaron. “Por siempre en mi corazón”, fueron sus palabras finales. Tiburón Morales, viajó desde la cercana provincia de Santiago de Cuba, para manifestar su conmoción, que aseguró sería también la del mundo. “En Honor al Guayabero las guayaberas debían volver al atuendo de los cubanos.

 Faustino se fue, pero su legado, su cubanía, su música quedarán por los siglos de los siglos,” concluyó. Pancho Amat, el trecero mayor, recordó sus primeros encuentros con Holguín y el Guayabero y habló de cómo hasta la naturaleza quiso participar del hasta luego a este hombre de pueblo con la estatura que da hacer buena música. Fue él quien dijo que Faustino es una semilla deposita en las entrañas de la tierra para que germine y continúe por los senderos de la música.

Gustavo Márquez, músico holguinero, agradeció a Faustino Oramas el conocimiento de sus primeros acordes sobre el Son, sus palabras se entrecortaron por una emoción que todos supieron cual era la causa. Abel Acosta, presidente del Instituto Cubano de la Música, dijo que el sepelio del Juglar era una de las más grandes despedidas hechas a un cubano, y que la presencia del pueblo era la muestra más fehaciente de su arraigo. “Hay que preservar su obra, su legado, expresó Abel Acosta. Faustino fue cultivador del Son, en su estructura del Son Montuno, por eso hay que preservarla para salvaguardar la identidad de la música cubana.

Hasta siempre Guayabero, continuaremos bailando al son de “a mí me gusta que baile Marieta”, estribillo de una de sus canciones más conocidas; continuaremos riendo con tus dicharachos cantados con doble sentido, continuaremos, como tú, siendo fieles a tu pueblo y a la música que tú cultivaste, defendiste y jamás dejarás de hacer. Sin dudas serían palabras como estas las dedicadas a Faustino por la gente sencilla de este pueblo, que lo siguió hasta su definitiva morada.

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