Publican estudios musicológicos en Cuba

Olavo Alén reflexiona sobre estética musical, identidad musical del Caribe y musicología en Cuba desde su texto Pensamiento musicológico  

Autor:

Juventud Rebelde

En Cuba, bautizada frecuentemente como «la Isla de la música», resulta muy difícil sustraerse a la aparición de un libro sobre lo que Martí consideró como la más bella forma de lo bello. Si este libro lleva por título Pensamiento musicológico, las expectativas se multiplican, toda vez que en la música, como en el béisbol, abundan en las mil y cuatro esquinas los anónimos «compositores», «directores de orquesta» y «arreglistas», capaces de diseccionar con fruición de relojero obras provenientes de las más disímiles corrientes artísticas.

 Una garantía inicial trae este volumen en el nombre de su autor: Olavo Alén, destacado musicólogo que, en sus ya más de 30 años de fructífera vida intelectual, ha realizado notables aportes al estudio y ejercicio de esta disciplina en el país. Discípulo y colega de Argeliers León, el doctor Alén ha desarrollado tanto en el plano teórico y metodológico de la investigación musicológica, como en la enseñanza artística y la conducción de importantes instituciones especializadas —la Cátedra de Musicología del ISA y el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC)— una amplísima obra distinguida, entre otros muchos aspectos, por su elevado rigor científico. Repasemos en abreviados párrafos el contenido de su más reciente libro.

Pensamiento musicológico recopila en poco más de 350 páginas, un total de 20 trabajos, cuya redacción obedeció a diversas circunstancias, vinculadas lo mismo con el desarrollo curricular académico de su autor, que con su presencia en eventos culturales de carácter internacional como representante de Cuba. Agrupados en seis líneas temáticas principales, ofrecen al lector interesantes análisis sobre estética musical; estudios organológicos (estudio de los instrumentos musicales); identidad musical del Caribe; música y musicología en Cuba y su historia; y reflexiones sobre política cultural y desarrollo de la música. La relación músico-sociedad; algunas líneas de evolución en la música popular cubana de la segunda mitad del XX; el cálculo de la expresión musical; la tumba francesa, su presencia y evolución; las variantes cubanas de instrumentos de distintas procedencias y su estudio; aproximaciones a la historia de la música en Cuba... son algunos temas específicos desarrollados.

No espere nadie leer esta obra pasivamente. Sus caminos ofrecen tanto la posibilidad de la pasión, como la necesidad de la polémica. Digamos, por ejemplo, que la minuciosidad con que el autor ha investigado determinados campos de la música folclórica cubana, la agudeza de sus observaciones y la exquisitez-precisión de la metodología empleada, no puede menos que conmocionar los criterios de quienes frecuentan la crítica musical como el dibujo de impresiones a partir del ejercicio del gusto personal. Pero, por otra parte, también es posible que muchos discrepen al encontrar en los textos iniciales, algún que otro criterio estético-sociológico cuya interpretación y reconocimiento en la realidad haya demostrado otras formas de comprensión y resultados sutilmente distintos: pongamos por caso el «papel» del artista en la sociedad; la función del arte (la música en particular); los procesos de creación y la determinación, más o menos «oficial» —o si se prefiere, no espontánea— de una identidad musical...

Una cualidad destacable de Pensamiento musicológico es su lenguaje, capaz de hacerse comprensible para el aficionado común y, al mismo tiempo, transmitir a los profesionales criterios y procedimientos de un muy alto nivel de especialización.

No obstante, como toda obra humana, esta también es perfectible. Debido a lo que, a mi juicio, es un desliz editorial, algunas informaciones relacionadas con un pasado relativamente reciente están desactualizadas. En otros casos se ofrece esa misma información, e incluso otras más distantes en el tiempo, como actuales, sin hacer notar que se circunscriben a un momento y una realidad que no es «esta, ahora». Como consecuencia, el lector no avisado puede establecer una relación ¿contradictoria? ¿confusa? con un libro que, por lo demás, resulta una útil herramienta de referencia para músicos, docentes, alumnos y estudiosos en general. Por lo demás, su lectura puede —y debe— convertirse en una valiosa experiencia para quienes gustamos de «ver» la música, igual que el Apóstol, como una promesa de ventura, como un vislumbre de certeza, como prenda de claridad y plenitud.

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