Cumple 30 años la Compañía Infantil Arlequín

Sobre esta exitosa experiencia comunitaria de niños y adolescentes, habla para Juventud Rebelde su directora Josefa del Pilar

Autor:

Julio Martínez Molina

Fifi Cosme. CIENFUEGOS.— La Compañía de Teatro Infantil Arlequín, dirigida por Josefa del Pilar (Fifi para todos) Cosme Franco, cumple 30 años.

Durante la etapa ha acudido a un sinnúmero de eventos, entre los cuales figuran los Festivales Cantándole al Sol, de la Juventud y los Estudiantes, los Congresos de los Pioneros y decenas de certámenes artísticos efectuados a lo largo del país.

Ocho generaciones de cienfuegueros transitaron hasta ahora por ella; y su creadora, miembro de la UNEAC y del Contingente Cultural Juan Marinello, será honrada por estos días con el Mambí Sureño, La Roseta de Cienfuegos y otros reconocimientos culturales de primer nivel aquí.

—¿Cómo y cuándo surge Arlequín?

—Fue en 1977, en esta ciudad; en un primer momento como un pequeño grupo que ensayaba en el parque Martí. Luego fue consolidándose y ganando en cantidad de niños y experiencia.

«Un año después, en 1978, asistimos al XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. En el momento de la fundación yo era una joven metodóloga provincial de teatro, graduada apenas dos años atrás de la Escuela Nacional de Instructores de Arte».

—¿A qué concepción artística y objetivos responde el proyecto?

Niños de uno de los cuatro grupos en los que se subdivide Arlequín. —El propósito consiste en alentar la creación artística en los niños, en cuya articulación estuve marcada por uno de los hechos más relevantes y renovadores que influyeron en el teatro europeo: La Commedia Dell’ Arte.

«Esta concepción creativa de interrelacionar la facultad de comprensión del código gestual y el cuerpo como medio expresivo patentizan la metodología que elaboro para el trabajo con los pequeños. La aplico desde los inicios al grupo que decido crear con infantes de diferentes sexos, edades y comunidades.

«Desde que es aprobado el proyecto, comienzo a realizar talleres de creación y apreciación teatrales para los alumnos interesados en ingresar a las Escuelas de Arte, y los vinculo a otras manifestaciones artísticas.

«Convoco a concursos de artesanía y pintura cuya temática partiera del repertorio activo del grupo; también fusiono la literatura y la música a través de canciones infantiles acompañadas por el ritmo de imaginativas coreografías y rescatamos talleres y leyendas de la localidad».

—¿De qué forma se produce el tránsito de grupo a Compañía?

—Cuando me convencí de que Arlequín no iba a desaparecer, bajo ningún obstáculo, ni bajo ningún concepto.

«Sobrevivimos al período especial y en 1998 presento el proyecto de convertir el grupo en una compañía que favoreciera la orientación vocacional, promoviera y divulgara la identidad cultural, e integrara al potencial infantil y adolescente con opciones formativas en su carácter de multiplicador social».

—Arlequín ha sido entonces también una escuela, un ente de formación.

—Eso pienso y tal premisa me guía. Muchos de los centenares de «arlequincitos» que han desfilado por aquí hallaron un cauce a sus inclinaciones laborales y hoy trabajan en este propio medio cultural.

«Otros no; pero tuvieron el privilegio de pasar una niñez muy plácida y llena de enriquecimiento de espíritu, imaginación y energías creativas en una compañía como esta. Además, incorporaron mecanismos de socialización, de intercomunicación, que les permitieron prepararse para encarar mejor su futuro en todo orden.

«Arlequín significó tanto para algunos de sus fundadores, que hoy sus propios hijos forman parte de nuestro colectivo».

—¿De qué forma está compuesta la Compañía?

—La componen 50 niños, subdivididos en cuatro grupos de trabajo. Tengo algunos que ya están graduados de la Escuela de Instructores de Arte.

«Estos, además de su trabajo en sus respectivas escuelas, vienen a apoyarme al sitio donde surgieron, y hacen trabajos de dirección artística. La primeras obras teatrales fruto de esta colaboración fueron El circo y Galápagos, que subieron a las tablas en 2006.

«Existe otra rama con nueve niños de secundaria y dos de primaria, quienes están conmigo en su mayoría desde preescolar. Participamos con ellos en el I Festival Mundial de Teatro Infantil, y estuvimos representando a Cuba durante agosto pasado en el I Festival de Teatro Latinoamericano y Caribeño.

«Los otros dos grupos están conformados básicamente por pequeños de la enseñanza primaria, aunque también hay algunos de grados más elevados que se incorporaron al más reciente taller de creación. No los divido por edades o niveles. Los uno en un objetivo común: hacer teatro, jugar con los temas. Es una labor creativa donde todos interactúan. Los personajes se los ganan por ellos mismos; jamás le entrego un protagónico a un actor específico, todos pueden serlo. Se autoseleccionan entre todos para encarnarlos».

—¿Sostienen intercambios artísticos con grupos análogos?

—Los «arlequines» han compartido escenarios con grupos internacionales tales como el italiano Uno Por Uno; Teatro Tecal, de Colombia; Ala Can, de Argentina y los actores de la película francesa Estrella fugaz, filmada en Cienfuegos con el protagónico del actor Jean Paul Belmondo.

«En el ámbito nacional, con La Colmenita y la Scola Cantorum Coralina, entre otros. Por la calidad artística de sus representaciones Arlequín fue seleccionada para participar en el VIII Festival Mundial auspiciado por la Asociación Internacional de Teatro Aficionado y UNICEF.

«En el evento Presencia Viva de Paulo Freyre, a sugerencia de la dirección de Casas de Cultura en el país —la cual quedó muy impresionada al ver a los niños actuando—, se comienza a estimularme salarialmente por la actividad.

«Siempre concebí esta labor desde el punto de vista comunitario; no percibí durante 29 años salario alguno por ello, hasta el año pasado. Mi remuneración, históricamente, provino de labores paralelas en Cultura, no por esta meramente voluntaria»

—¿Por qué?

—Porque Arlequín siempre constituyó una devoción, un acto libre de entrega con un único espíritu de creación y amor por el arte. Antepongo Arlequín a todo, me levanto pensando en ellos; y mi día, sea cual sea, se vincula inexorablemente a estos niños.

«El contacto con ellos es básico para mí; son la fuente de muchas de las cosas que sustentan mi vida, a la manera de mis trabajos como investigadora del hecho teatral y la dramaturgia. Ellos representan la clave de mi alimentación intelectual».

—¿Has transportado a escena todas tus creaciones dramatúrgicas?

—Casi: Fouettée, Sueño en alas, Pompa y Saltimbanqui (libros de teatro publicados por sellos infantiles de nuestras editoriales). No lo he hecho aún con Hilarón, la más reciente de todas.

—Varias de estas piezas recibieron lauros nacionales...

—Con Fouettée y Saltimbanqui obtuve el Premio Nacional de Talleres Literarios. Otra obra, esta de narrativa, titulada Pelonia, recibió el Premio Nacional Raúl Gómez García y también el Rubén Martínez Villena. Saltimbanqui se granjeó el Premio Nacional de Teatro para niños.

—¿Puedes describirme en tres palabras el futuro de la Compañía?

—Trabajo, creación y fe.

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