Ballet Contemporáneo Camagüey Endedans cumple cinco años

Ese conjunto, dirigido por Tania Vergara Pérez, celebra su quinto aniversario invitando a importantes agrupaciones danzarias del país

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Tania Vergara Pérez. A los ocho años ya Tania Vergara Pérez sabía que bailar era tan importante como jugar con sus muñecas. Una década después se graduaba de nivel medio en su ciudad natal, Camagüey, y descubría algo que la alarmó: la danza la atraía más que el ballet clásico, «por lo libre y lo abierta e incisiva», dice la bailarina, coreógrafa y directora general del Ballet Contemporáneo Camagüey Endedans, colectivo que por estos días celebra su primer lustro de vida. Y lo hace por todo lo alto, invitando a la ciudad de los tinajones a importantes agrupaciones danzarias como Danza Libre, de Guantánamo; Danza Espiral, de Matanzas; Retazos, de la capital, y Codanza, de Holguín, al igual que a otras prestigiosas compañías de esa tierra como el Ballet de Camagüey, el Conjunto Artístico Maraguán y el Ballet Folclórico de Camagüey.

Recuerda Tania que hubo un momento en que pensó que se había frustrado como bailarina, «que había equivocado el trayecto, sin embargo, con el tiempo me percaté de que fue sumamente beneficiosa mi formación clásica, porque sin quitarle mérito a la danza moderna, sobre todo la creada por los maestros Eduardo Rivero y Ramiro Guerra, aquella me ofreció una preparación general formidable», reconoce.

Y no obstante, está convencida de que «la danza contemporánea es un camino más atractivo para mi propuesta estética, tiene mucho más que ver con lo que deseo expresar». Por eso fundó Endedans, que en cinco años ya ha sido reconocida con el Premio Villanueva que otorga la Sección de Crítica de la UNEAC y ha obtenido premios de interpretación masculina y coreografía en el Concurso Nacional Solamente Solo.

Fue la Asociación Hermanos Saíz (AHS) la que invitó a Tania para que ayudara a reforzar el movimiento danzario dentro de sus filas, a sabiendas de que el de ella era un trabajo novedoso, experimental, más de vanguardia. «Y esa maravillosa idea estaba muy emparentada con mi sueño: crear mi propio grupo, en el que hubiese espacio para la búsqueda, donde no existiese la presión de una meta, sino que el crecimiento fuera resultado de una labor sistemática y orgánica, algo natural.

«Yo venía haciendo coreografías desde que me gradué en 1986, y necesitaba detenerme, pues sentía que me estaba repitiendo, y lo que en verdad quería desarrollar no encontraba el apoyo de algunos especialistas, porque se alejaba un poco del tipo de obras que se montaban para los estudiantes de ballet, medio donde me desenvuelvo como docente, así que me pareció genial esto de crear un grupo a mi alrededor».

Así surgió el Ballet Contemporáneo Camagüey Endedans: «ballet, explica Tania, porque todos provenimos de la danza clásica; en dedans, porque es un vocablo muy empleado en el medio, viene del francés e indica líneas hacia adentro, lo opuesto a en dehors, patrón que rige al ballet clásico. Escogimos Endedans no solo por una cuestión de línea, de giro o dirección del movimiento, sino por su connotación poética, porque nuestra propuesta nace desde adentro. Camagüey para ubicarnos más, para evitar que hubiese confusiones con otras agrupaciones y entidades que tienen el mismo nombre».

—En un principio, la compañía tuvo un acercamiento profundo con el teatro...

—Efectivamente, incluso en un inicio pensamos llamarlo Ballet Teatro de Camagüey o Danza Gestual. De hecho, en aquel momento me uní con un joven actor, pero ese proyecto finalmente no fructificó por razones diversas. Y cuando lo retomé seguí acudiendo a la gestualidad para ser más directa con el público, sentía que utilizando movimientos más expresivos no se caería en ambigüedades, y eso hacía más entendible la obra y, por tanto, más atractiva para los espectadores.

«Sabía que debía hacer algo muy novedoso, a pesar de que el camino que tomamos nos fue alejando un poco de la danza. De ese tiempo son piezas como El drama de la memoria, Don Iscariote y El alucinado, donde esta ocupaba un tercer plano. El primero estaba en la gestualidad y el segundo en la fuerza plástica que ofrecían elementos como una jaula o las faldas. Fue un momento muy difícil, porque sentí como que me perdía, y tuve que ser muy cuidadosa, vencer no pocos obstáculos al no aceptar los patrones establecidos, pero esas contradicciones posibilitaron, sin duda, un mayor crecimiento».

—¿Cómo concibes la preparación de tus muchachos?

«El público camagüeyano agradece que exista en la ciudad el Ballet Contemporáneo Endedans»

—Diariamente hacemos una clase de ballet, que no es la acostumbrada; hacemos barra con pelvis, con caídas al piso, con movimientos de cuello y ondulaciones de brazos, pero de un modo diferente, que pudiera asemejarse a la barra de danza moderna, pero no es igual. Bombardeamos constantemente la técnica clásica encontrando otras maneras de movernos. Al mismo tiempo, recibimos algunas veces talleres, por ejemplo, de Tanging Fong, de Isabel Busto o de una maestra tan importante como Lourdes Ulacia, y eso nos permite estudiar sus propuestas seriamente para intentar buscar nuestra manera. La otra parte del trabajo está en las necesarias improvisaciones.

—¿Y el público de Camagüey puede disfrutar con frecuencia de Endedans?

—Pues sí, en el Teatro Principal, pero nos gustaría poner en práctica aquí la danza callejera, mas ese es un movimiento que en Camagüey aún no ha tomado fuerza, aunque el teatro infantil ha hecho sus cosas y tiene cierta experiencia. Aún está por llegar la ansiada sede, algo un poco difícil en este momento. Por suerte estamos trabajando en el Teatro Avellaneda hasta que aparezca nuestro propio lugarcito.

—¿Cuáles crees que son los principales aportes de Endedans en estos cinco años?

—Es muy difícil para mí contestar eso, pero te puedo decir que el mundo teatral de esta ciudad agradece que exista una compañía como la nuestra; que las personas en la calle se acercan y nos hablan de sus impresiones sobre las obras que les presentamos, que nos reconocen, y eso es muy gratificante para cualquier artista. Sin embargo, lo que me hace más feliz es comprobar que los bailarines me responden con mucha sinceridad, incluso aquellos que llegan a la compañía porque no lograron entrar en el Ballet Clásico. Pero con el tiempo encuentran en Endedans un espacio, libertad para hacer su propia búsqueda, para descubrir su propia danza, como es el caso de Lainier Bernal, cuya propuesta es muy diferente a las mías, y sin embargo siento que bebe constantemente de las enseñanzas que le transmito. Pero no solo él, Juan Pablo Rodríguez Ríos, quien lleva dos años con nosotros, y ya presenta su primera coreografía, mientras las muchachas van tomando poco a poco esa dirección.

—Al parecer los egresados de danza son más propensos a buscar su propio lenguaje...

—Es que ellos en ese sentido tienen una preparación más fuerte, pues desde el primer año están recibiendo clases de composición coreográfica, que es una asignatura vital, básica, desde ese momento hasta que terminan la licenciatura. No ocurre así con el ballet donde esta materia solo se imparte en primero y segundo años y no se vuelve a tocar hasta que entras a nivel superior. Y ese vacío provoca que el bailarín se acomode, que acepte cualquier propuesta fácilmente, que no cuestione. Y en mi opinión esto empobrece un poco la danza clásica, lo que no significa que nuestros coreógrafos sean superiores a aquellos ni mucho menos, pero es innegable que el sistema de enseñanza no conduce a que el bailarín se replantee las cosas y solo se conforme con interpretar la misma coreografía de hace dos siglos, que son importantes, pero existe el peligro de que se queden estancados, de que estén solo pendientes a la cantidad de piruetas o al salto virtuoso, pero que no sientan el más mínimo interés por la propuesta de un bailarín más preocupado por decir con su cuerpo, que por el giro o el salto.

—¿Por qué decidiste organizar este primer encuentro? ¿Es que llegó para quedarse?

—Porque siento que falta un espacio para el encuentro y el intercambio entre los que hacemos la danza en Cuba. Es verdad que contamos con un evento como Danza en Paisajes Urbanos, en La Habana, que tiene una amplia convocatoria, pero es otra vertiente, mientras que los concursos nacionales son muy limitados, pues en el Solamente Solo puede participar un bailarín, o dos cuanto más, lo mismo que sucede con Danzandos. Por tanto es evidente que los artistas del gremio, ya sea bailarín, profesor o coreógrafo, sienten la necesidad del encuentro, de conocer lo que hacen los otros, de participar en talleres, de conversar, discutir, reflexionar; tienen la necesidad de presentarse en un teatro con un formato mayor a un dúo o un solo.

«No podría decirte si se va a quedar —algo que nos gustaría mucho—, pero te puedo asegurar que este tipo de evento requiere del esfuerzo y la participación de muchos. Aproveché estos primeros cinco años de Endedans. Como celebramos un aniversario cerrado las posibilidades de encontrar apoyo son mayores. Eso sí, estar junto a tantos colegas y amigos nos ha permitido soplar las velas a todo pulmón».

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