Publican en Cuba el más reciente título de Jorge Enrique Adoum

En Aproccimasión a la paraliteratura, el escritor ecuatoriano propone un acercamiento a los géneros más dañados por sus cultivadores

Autor:

Randol Peresalas

Por mucho tiempo, durante la universidad, deseé encontrar algún tipo de texto con el cual aprender a distinguir entre buena y mala poesía. Y es que desde entonces comparto el criterio de que leyendo malos libros, también se aprende a apreciar los buenos. Lamentablemente, no hallé ninguno. Era un tanto ingenua mi pretensión, lo reconozco —hay que conformarse, irremediablemente, con la recolección de planteamientos aislados (además de leer buena literatura, desde luego), para así armarse una suerte de detector personal—, mas la búsqueda no fue del todo infructuosa. Me reveló una gran verdad: pocos son los autores que se dedican a recopilar ejemplos de mal arte, con buenas intenciones. La mayoría prefiere invertir esfuerzos directamente en la creación, y no desandar caminos desafortunados, aunque ello implique un servicio invaluable para aquellos que empiezan. Los hay demasiado pudorosos y un poco egoístas. Por esa razón, cuando leo a un escritor famoso que intenta explicar su oficio, lejos de considerarlo petulante, lo aplaudo.

Tal es el caso esta vez del ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, y su más reciente título, Aproccimasión a la paraliteratura, publicado por la Editorial Arte y Literatura, en coordinación con Ediciones Archipiélago, como parte de la colección de ensayos Argos.

Como su título indica, Adoum, uno de los imprescindibles en la lírica latinoamericana, propone un acercamiento agudo no solo a la expresión paraliteratura, sino, sobre todo, a aquellos géneros más dañados por sus cándidos cultivadores. Pero es que también el tono jocoso que se permite, garantiza un auténtico banquete. De otra forma sería imposible leer el volumen, pues los numerosos, mas necesarios ejemplos escogidos por el autor para ilustrar sus tesis, lo harían francamente insoportable.

Adoum detalla con escrupulosa precisión los malos momentos de inspiración que avalan el término, pero también lo hace con meticulosa ironía, sin ánimos de burla (fase última en la que caería un analista poco serio); lo suyo es alerta franca, humilde y sabia. Recorre así casi todas las variantes poéticas —elegíaca, heroica, amatoria—; desenmascara la intrusión de lo paraliterario en zonas como la política, la ciencia, la prensa, la filosofía y hasta la crítica; y evalúa los efectos negativos de la cultura de masas, por su ambiguo papel de crear falsas expectativas en algunos individuos, poco o nada dotados para el arte de la composición.

Acompañado por el astuto pincel de su coterráneo, Asdrúbal de la Torre, quien despliega sus ingeniosas caricaturas a la entrada de cada capítulo, y hace más disfrutable el trayecto, el autor invita a una reflexión de índole no ya exclusivamente estética, sino además cultural y social. Porque no se debe confundir —nos comenta el maestro— al productor de best seller con el paraliterato, aunque en ocasiones coincidan. En el prólogo firmado por el también poeta ecuatoriano, Efraín Jara, este expone: «Frente a la complejidad estructural, al tenso equilibrio entre sensibilidad e inteligencia, a la densidad conceptual, a la despiadada voluntad de forma, que hacen de la literatura genuina algo desalentadoramente complicado y exigente, la paraliteratura consagra el flujo espontáneo, la sensiblería incontrolada, la banalidad de los temas, la proliferación de los tópicos, la facilidad y el desaliño formal». O sea: se está hablando de una intelectualidad sospechosa, anclada en la desigual dinámica social contemporánea, y donde muchos buscan afanosamente destacar, sin que importe demasiado el modo.

Para el lector cubano la cosa puede resumirse como sigue: todo aquello que suena cursi, falso o a rebuscamiento chato, es paraliteratura. Y el autor asentiría de inmediato. En numerosas ocasiones he visto a colegas devanarse los sesos para entender la quintaesencia de un texto (cuando la tiene) por aquello de que se debe ser paciente con los que empiezan. Y es que si solo fuese un problema de los novatos, los entendería, y hasta los apoyaría, pero no siempre es así. Situaciones similares deben conocer aquellos que tienen la responsabilidad de decidir en un concurso literario. Pues bien, les aseguro que este delicioso texto de Adoum les facilitará la tarea.

Son aproximaciones, es cierto, pero suficientes para crearnos un muro de contención contra todo aquello que quiera pasar por arte. No un muro para creernos mejores que otros, sino para saber dónde están nuestros límites.

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