Actuará La Colmenita en el teatro Karl Marx por el cierre del verano

La conocida compañía de teatro infantil cubana presentará su más reciente propuesta: La Cenicienta... según Los Beatles

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Son los cuatro ratones de Liverpool los que cuentan la historia. Fotos: Roberto Suárez

Como Midas, antiguo rey de Frigia, Carlos Cremata Malberti tiene el don de transformar en oro todo lo que toca. Rodeado lo mismo de pequeñines que no levantan una cuarta del piso que de vivaces adolescentes, Tim hubiera asegurado un espacio en el Olimpo tan solo con haber logrado que todos, sin excepción, actúen, canten, toquen disímiles instrumentos, dibujen, (¡ahora son hasta bilingües!)..., y empinen hasta el infinito sus espiritualidades como poderosos coroneles, haciendo de ellos mejores seres humanos, pero no le basta.

Como buen artista que es, Cremata se las apaña para convertir cada nuevo proyecto suyo en una verdadera obra de arte, por su originalidad, frescura, redondez del montaje y largo alcance; hecho indiscutible que puede ser comprobado los días 30 y 31 de agosto, y 1ro. y 2 de septiembre por aquellos que se lleguen hasta el Complejo Cultural Karl Marx para apreciar su más reciente propuesta: La Cenicienta... según Los Beatles, obra donde funge como director general, guionista y responsable de la puesta en escena, y con la cual cerrará este verano 2007 y se le dará la bienvenida al ya cercano curso académico.

Se podría decir que esta versión de La Cenicienta nació casi por casualidad. Y es que este clásico de Charles Perrault ya punteaba para entrar en el amplio repertorio de la compañía de teatro infantil La Colmenita, cuando Tim se «sonrojó» al comprobar que entre las delegaciones provenientes de 25 países de los cinco continentes, invitadas al Festival Mundial de Teatro hecho por niños Japón 2000, solo la nuestra no hablaba ni jota de inglés, «y era muy difícil, comenta Cremata, porque no había ningún otro representante de Iberoamérica. Entonces me dije: caramba, es esencial empezar a hablar inglés, y todos iniciamos un plan de aprenderlo, aventura que coincidió con Universidad para Todos, que nos abrió tantas puertas».

Y claro, como todas las «locuras» de La Colmenita se basan en juegos y canciones, como era de esperar, con la llegada de la lengua de Shakespeare aparecieron las canciones de los cuatro chicos de Liverpool, Los Beatles. «Yo pensaba, reconoce Cremata, que sabía de ellos, pero ciertamente mis conocimientos eran muy epidérmicos, así que cuando como Déborah Andollo me sumergí en los arrecifes coralinos de Los Beatles, me pasó lo mismo que a Chucho, Queen, Silvio, Formell... Ocurrieron cosas mágicas, extrañísimas, invisibles. De pronto surgió la necesidad de hacer un trabajo donde estuviera esa música, y eso sucedió justo en el momento en que estábamos involucrados en una versión de La Cenicienta.

«Recuerdo que después de estudiar a fondo las canciones, descubrimos que Los Beatles, sin darse cuenta, habían hecho su propia historia de este afamado cuento infantil. De repente nos percatamos de que Cenicienta era una persona solitaria y que por tanto podía funcionar una pieza tan hermosa como Eleanor Rigby; que cuando fueran atacados por el gato los cuatro ratoncitos, estos gritarían Help, y así, sin apenas notarlo, todo se fue concatenando.

«Al principio pensábamos hacer una puesta con cuatro o cinco canciones, sin embargo, en esta versión —que no es la oficial, la cual está plagada de canciones, más del 90 por ciento—, hay más de 20: Come together, Hey Jude, Please Mister Postman, Something, Let it be, She is leaving home, Michelle, Don’t let me down..., la mayoría interpretadas en vivo: algunas veces cantan a capela Los Beatles y los niños tocan (como en Because, interpretada en tiempo de guaguancó); otras cantan a dúo o se alternan, o Los Beatles ponen la música y los niños cantan, etcétera».

¿Versión libre?

Estos niños no solo son magníficos actores, sino que hacen cualquier cosa en escena. Esta vez la historia que Perrault ubicó en la corte francesa de su época es presentada por Claudia «Muma» Alvariño (directora de escena) y narrada por John Lennon (Claudia Martínez), Paul McCartney (Rocío Calle), Ringo Star (Daniel Ramírez) y George Harinson (Andy Fornaris), cuatro ratoncitos atormentados por el Gato Portavión (Robertico Díaz), que viven en la casa de Cenicienta (Dania Monzón) —y por supuesto de sus terribles hermanastras: Tartaleta (Wendy de la Rosa) y Batahola (Ana Laura Escalona)—, quien dejará prendado al Príncipe Azul (Carlos Manuel Marsán) antes de largar el zapato, con tal de no incumplir con lo que le prometió a la Hada Madrina Mary (Ana Laura Vilaragut/Claudia García).

«Con La Cenicienta... según Los Beatles, explica Tim, nos propusimos que nuestros niños aprendieran inglés, al tiempo que contagiaran en esto a los que vinieran a ver la obra. Eso por una parte, por la otra, envolverlos, enamorarlos de una música auténtica en tiempos de tanta chatarra y seudocultura. Con La Cenicienta... les estamos colando, subliminalmente, algo importante, pues Los Beatles hay que estudiarlos como se estudia a Beethoven y a Bach.

«En este momento, los niños de La Colmenita tienen montado a nivel de “manigua” más de 60 canciones de Los Beatles. Cuando llegaron a la Secundaria con I want to hold your hand, Let it be, Yesterday..., les decían “cheos”; ahora es distinto. Y eso es excelente, porque estar bajo el influjo de Los Beatles es como estar protegidos por un zurrón. Su música es expresión de creatividad, de luz, de poesía. Es inevitable escuchar esas canciones maravillosas y que no se produzcan reacciones de amor», asegura el también director de Ajiaco de sueños, Los cuentos de Andersen, Meñique y Sueño de una noche de verano.

«Por ello, los espectáculos de La Colmenita no son dirigidos únicamente a los niños. En esto es importante la familia, el doble, el triple discurso, que mientras el niño se divierta con el cuento, el adulto esté recibiendo esta invitación a la nostalgia, donde todo está unido: Perrault con Lennon y los hermanos Grimm con Matamoros. Todos son clásicos, todos son raíz, cimiento, semillas».

Futuro promisorio

Hay que estudiar a Los Beatles como a Beethoven y Bach, asegura Tim. Foto: Alex Castro Como antes había hecho La Colmenita con algunos de los principales cultores de la trova tradicional, como Matamoros, Sindo y María Teresa Vera, con la música folclórica campesina y ahora con Los Beatles, Cremata adelantó a Juventud Rebelde que en un futuro no muy lejano tiene previsto «adueñarse» de la obra de Silvio, Pablo y del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. «Nuestro sueño, dice Cremata, es encontrar historias interesantes, atractivas para los niños, a través de las cuales podamos motivarlos hacia los tesoros de la cultura universal que están en las venas de la humanidad».

Mientras llega ese prometedor momento (Cremata habla también entusiasmado de otro proyecto donde La Colmenita se unirá al Circo Nacional de Cuba en la Carpa Trompoloco), La Cenicienta... no solo se presentará estos cuatro días en el coliseo de Miramar, sino que también permanecerá en su sede habitual de la sala teatro de la Orden Tercera, en el Convento de San Francisco de Asís, los sábados, a las 4:00 p.m. y los domingos, a las 10:00 a.m. Solo que estas funciones del Karl Marx serán una superproducción de la UJC, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, el propio teatro y el ICAIC.

«Esta última institución, anticipa Tim como para que nadie quede en casa, nos prestará los trajes, por ejemplo, para el baile del palacio, lo cual permitirá que suban a escena, por primera vez, todos los ex colmeneros, quienes se unirán a los más chiquiticos». Mas son muchos otros los elementos que confluirán para que este sea un espectáculo inolvidable.

«Una de las cosas más valiosas de la puesta en escena, explica Tim, es el empleo de un videoproyector que posibilitará que el espectador se traslade de una escena a otra a través de dibujos realizados por los propios niños. Se trata de un grupo de animación muy primitivo que dirige precisamente Amaury Ramírez Malberti, el autor de la música de ¡Viva Cuba!, y responsable ahora, además, de la dirección musical y de los arreglos.

«Y hay más héroes, porque esta es una obra de muchos: Magali Acosta, una persona extraordinariamente ingeniosa que ha sido la encargada del diseño de vestuario; Janet Rodríguez del Sol, quien está en la dirección de sonido, y en el Karl Marx vamos a tener en el diseño de luces a tres grandes: Carlos Repilado, Ricardo Acosta y «Yoqui» Tornés. Es decir que va a ser una puesta de lujo.

«Por supuesto que los principales protagonistas son los niños. Ya estamos acercándonos al ideal: uno hace las luces, otro está a cargo del seguidor, en el sonido hay dos, y una niña en la jefatura de escena... Los adultos nos hemos quedado como asesores o instructores de arte, pero quienes sí son geniales son esos diablillos. Vayan al teatro y me darán la razón».

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