Ernesto Villanueva: Por el camino de la abstracción - Cultura

Ernesto Villanueva: Por el camino de la abstracción

Confiesa el pintor cubano que su creación es resultado de sentimientos e ideas que nacen muy adentro

Autor:

Toni Piñera

Ernesto Villanueva La abstracción, para el joven creador Ernesto Villanueva, fue como la luz que iluminó, hace ya años, la ruta para encontrarse. Tiempo de sumas que van armando una obra interesante y solidificada. Lo que nos sorprende en la misma son los diversos recursos utilizados para componer un mundo donde, sin abandonar los caminos anteriores, emprende otros nuevos. La sintaxis de su lenguaje pictórico, lejos de romperse, se enriquece con nuevas formas.

Anteriormente su obra se mantenía dentro de un contexto en el que era posible apreciar acercamientos directos a la realidad. Sin embargo, su obra más actual demuestra que la abstracción ha tomado en su pintura otros rumbos inesperados donde la fragmentación le permite desarrollar interesantes secuencias compositivas.

Con Villanueva el diálogo fue muy fluido cuando se enfocó la palabra clave: ¿la abstracción? «Es un universo a través del cual puedo expresarme. Un camino de fantasías y alegorías conceptuales que tiene todo el potencial para «adaptarse» a cualquier temática o conflicto. Mi pensamiento, confesó, es en muchas facetas abstracto, básicamente me la paso en las nubes, como en un micromundo autoinventado». Hecho que lo convierte en un verdadero artista, porque nunca «fabrica» o «cocina» lo que pinta, sino que la creación es resultado de sentimientos, y de ideas que nacen muy adentro.

En el caso de Ernesto Villanueva, es obvio que su obra se inclina hacia un control que admite simultáneamente la relación sorpresiva que existe entre el trazo de la línea y la utilización «lúdica» del color. Sin olvidar la experimentación, que es también objeto del juego y asocia en un mismo plano el azar con la manipulación más o menos consciente de los medios expresivos.

Al comienzo de su carrera como pintor, el artista creaba un orden temporal preciso donde la arquitectura habanera, salpicada por el cromatismo característico de nuestra ciudad y su encanto matizaba esas obras. Las formas creadas por el artista parecían bullir y liberar una energía que intensificaba la acción contemplativa del receptor; el misterio de dichos efectos radicaba en la pincelada quebradiza en algunos casos, ágil y nerviosa que componía las formas, así como en los bordes netos y sólidos que definían los límites estructurales. Estos últimos se tensaban en un fondo irreal e ingrávido que semejaba un espacio donde eran imprecisas la realidad y la ficción.

Todo ello evolucionó hacia lo que constituyeron sus primeros «balbuceos abstractos» a finales de los 90. Serie que según el creador se caracterizó por tener un manejo agresivo del color, con predominio de los primarios, trabajos al óleo, técnica de espatulado y formatos sobre lo mediano que podrían considerarse muy gestuales, algo naif y que a pesar del tiempo conservan su frescura. Las formas pictóricas asumidas por Villanueva en esas variadas «pieles-superficies» que le concedían una riqueza visual, estaban sujetas a un orden en el que las figuras-abstracciones aparecían indistintamente como formas simbólicas —sintéticas y corpóreas—, y otras en las que las composiciones semejaban acercamientos que exploraban las regiones más íntimas de los elementos visuales construidos por el creador. Es con ese sentido con el que las formas emergían unas veces como figuras y otras como entes abstractos, oscilando entonces la pintura entre la figuración y la abstracción de lo realizado.

Entre el 2000-2004 con un trabajo en continua evolución, Villanueva emprende el camino de la abstracción. Etapa salpicada de series muy cortas (10-15 obras) sobre temas muy precisos como los Laberintos y las Bicicletas, trabajos en metal y plateados, utilización de metales e instalaciones directamente sobre los lienzos, los Depósitos y toda una gama de obras geométricas que aludían directamente a grandes maestros como Barnet Newman y Jackson Pollock. En todas ellas dejaba sus nuevas inquietudes creativas, proliferaban los pliegues de las formas que parecían sumergirse para reaparecer mezclados con otros, todos bajo el influjo de un rico cromatismo de colores. El mensaje de los mismos continuaba de cuadro en cuadro, evolucionando a partir de su complejidad polifónica, siempre implícito su deseo por explorar la línea y el dibujo que ocupan un destacado lugar en sus experimentos plásticos, junto con las manchas de tonalidades y las pinceladas libres, para de esta manera armar un rico arsenal de formas que matizaban su discurso tanto conceptual como estéticamente.

Desde hace casi cuatro años, el diálogo con sus creaciones posee una riqueza especial en cuanto nos sitúa en un terreno privilegiado para la exploración, con un manejo quizá más sofisticado del concepto y más cercano a todas las corrientes geométrico-abstractas poscontemporáneas, y desde el punto de vista evolutivo referenciadas con destacados creadores internacionales. De esta manera, llena con formas extraídas de «aquí y de allá», un espacio que, sin renunciar a sus antiguos descubrimientos, incorpora otras posibilidades expresivas. Así, a través de sus cuadros, podemos hacernos una idea de lo que el pintor sueña y de cómo sus sueños se plasman en la «realidad».

En esta última etapa ha expuesto y viajado sin parar: Estados Unidos, Canadá, Costa Rica, México y Europa, y ha podido intercambiar experiencias con artistas de la talla del norteamericano Richard Hunt y el francés Jean Bernard Métier, dos monstruos vivos del instalacionismo geométrico.

La más reciente e importante obra del artista fue realizada en Europa hace poco. Un súpermural de cuatro paneles de acrílico sobre tela, por encargo de una compañía inmobiliaria en Zurich, Suiza. La pieza se diseñó aquí en La Habana, —contó— preparando de antemano toda la complicada logística que un trabajo como este requiere. Luego comenzó la labor de pintura que abarcó un área de más de 25 metros cuadrados.

El mural es una especie de recorrido por su creación, comienza por una ciudad y termina con otra, exponiendo elementos geométricos, abstractos, coloristas... «Perdí el sentido del tiempo, pues trabajé a mi gusto, toda la noche o el día, arbitrariamente y logré la magia de vivir todo ese período dentro de la obra». Y como si fuera poco, desde el 10 de octubre pasado en la fundación ArtEcovi de Madrid, forma parte de una exposición colectiva de arte iberoamericano contemporáneo, donde se suman nombres reconocidos de la plástica actual. Por Cuba están él y Manuel Mendive.

Para marzo del 2008 prevé una exposición personal en la sala Villena (Plaza de Armas) donde mostrará un trabajo audiovisual acerca de la geometría y el hombre. Será la primera vez que el artista exponga un videoarte, conectado directamente a su obra. (Se escogió esta sala por la cristalería frontal, que permitirá apreciar dicha instalación en horas de la noche, aún con la galería cerrada).

Como todo cuadro que posee una raíz personal es ventana abierta, nada más estimulante que penetrar por una de ellas para acercarnos a una obra que comienza siendo concebida no con palabras sino con manchas, colores, collages, experimentos diversos..., y que nos lanza así el reto de interpretarla con el juego de nuestra imaginación.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.