Las voces y las piedras - Cultura

Las voces y las piedras

Autor:

Juventud Rebelde

Adolescente, reconocer, aceptar que la poesía animaba mi ser, como Manila Hartman y Carson McCullers habían predestinado, dificultaba mi empeño literario. El primero de mis poemas, Distancias, que entregué a Manila, me había devuelto a mí mismo, a mi casa, mi familia, a un idioma que había abandonado por años y tenía que recuperarlo en las calles de Nueva York.

Entre los poetas fundadores de la poesía moderna, y en cierta forma, nuestros contemporáneos que hubiesen podido servir a mis propósitos estaban Edgar Lee Masters, William Carlos Williams, Wallace Stevens, William Butler Yeats y W. H. Auden. Conocí a Ballagas y a Eugenio Florit en Nueva York y ambos sentían un enorme respeto y admiración por Edgar Lee Masters. Sin dudas, mi dedicación a la lectura de Antología de Spoon River pudo contribuir a la poesía que deseaba escribir y también al lenguaje que se acomodara a mi voz. Pero dos guerras mundiales y la explosión de la bomba atómica en 1945 habían incrementado por millones el espectral reparto escogido por Edgar Lee Masters.

Ha transcurrido más de medio siglo, desde mi primer encuentro con su libro, y de súbito llega a mis manos la primera edición recientemente publicada en Cuba de la Antología, traducida por Susana Hang y Jesús David Curbelo. El libro en mis manos me retrotrae a mis conversaciones con Florit y Ballagas y sigo los pasos de su introductor en nuestro medio: Jesús David Curbelo. No creo aventurado afirmar que leyéndolo uno se adentra en la vida del poeta de tal forma que puede reencontrarlo en sus personajes sepultados: «cuya mayor inquietud vital fue escribir poesía... a los cuales Masters se ocupó de diferenciar no solo en lo relativo al éxito o al fracaso, sino también en lo referente a sus concepciones y estilos».

Es de agradecer a Jesús David Curbelo su dedicación a orientar a sus lectores dándoles a conocer el trazo del andar en las sendas de luz de Lee Masters y sus nexos con poetas que le precedieron y de algunos de sus contemporáneos con él.

Escuchando las voces de los sepultados en Spoon River, entre los que sin dudas se halla Walt Whitman, asumo a José Martí: «la vida es un himno; la muerte es una forma oculta de la vida...».

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