Orlando Cruzata, entre Lucas, Nos y Otros - Cultura

Orlando Cruzata, entre Lucas, Nos y Otros

Con el creador del popular programa de televisión Lucas, JR conversa sobre ese proyecto musical, el humor, el desaparecido grupo humorístico NOS-Y-OTROS y el videoclip cubano

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

¿De dónde le viene a Lucas esa vis que lo distingue? Tengo un amigo cincuentón —pepillo allá por los 80— quien dice que en Cuba Lucas es a los videoclips como NOS-Y-OTROS es al humor: un reflejo de nuestra identidad sociocultural. NOS-Y-OTROS bien merece un reportaje (deuda que pienso saldar). Por lo pronto, para los que no lo conocieron, fue un grupo que remozó el hacer humorístico en el panorama nacional a partir de la década de los 80 y parte de los 90 del siglo XX.

NOS-Y-OTROS decía: «demasiado legítimo para desaparecer», y el humor cubano sigue aún reverenciándolo. En 1985 empezaron a actuar en el Guiñol, en las peñas de la Teatrova, junto a Santiago Feliú, Carlos Varela, Gerardo Alfonso y Frank Delgado, y reclutaron nuevos actores para el grupo, como Octavio Rodríguez (Churrisco) y Orlando Cruzata. Si está pensando que ese Cruzata es el mismo realizador de videoclips y creador de Lucas, está usted en lo cierto. Él es el lazo entre el programa de televisión y el legendario grupo humorístico. En medio de tanto ajetreo (porque estamos en época de fiesta del clip cubano), atajé a Cruzata para desentrañar, entre otras cuestiones, un nuevo misterio de Lucas.

—¿En materia de humor, cómo recuerda los 80 del siglo pasado en Cuba?

—Fue una época muy buena para el humor cubano. De esa etapa Héctor Zumbado y Virulo fueron muy inspiradores para nosotros. Estábamos en constante búsqueda sobre distintas formas de hacer humor. Recuerdo que resultó fuerte descubrir a Les Luthiers o ver las películas de Woody Allen. Todo ese movimiento humorístico no era común en los medios cubanos y nosotros lo estábamos consumiendo.

«Esto era consecuencia de lo que pasaba en Cuba en ese tiempo con el arte, donde irrumpió fuertemente el sentido de búsqueda y cuestionamiento en diferentes manifestaciones. El humor no estuvo ausente de esa renovación, en particular la literatura humorística. La distinguían la intertextualidad, el absurdo, el juego de palabras y la sátira».

—¿Cómo entras al grupo NOS-Y-OTROS?

—En 1982 se crea NOS-Y-OTROS, en la Universidad de La Habana, y solo eran cuatro personas. Yo trabajaba en la TV como utilero y tenía un grupo humorístico de aficionados. Entro en NOS-Y-OTROS cuando ellos deciden no solo leer sus textos en público, sino también actuarlos.

—¿Cómo asumían la parte actoral si ninguno era actor?

—La actuación era un apoyo. Estaba relegada a un segundo plano. La gente iba a vernos más para escuchar los textos y las fábulas, que para vernos actuar.

—¿Cómo lograbas vincular el trabajo en el grupo con el de la televisión?

—Fui poniendo en mi trabajo audiovisual lo aprendido en NOS-Y-OTROS, y viceversa. La edición en la TV, en video, me daba el sentido de la edición del espectáculo en el teatro; por ejemplo, cómo usar adecuadamente la escenografía.

—En esa etapa del grupo, tanto la música como la escenografía eran motivos muy importantes para ustedes...

—En nuestras presentaciones la plástica y la música eran otros miembros. No era lo habitual en los espectáculos humorísticos de entonces. Podías escuchar en nuestras presentaciones a Charly García, Pink Floyd, Carlos Varela... De esta forma suplíamos las deficiencias actorales.

—¿Cómo era detrás de escena NOS-Y-OTROS?

—Era una actitud estética y ética ante la vida. Entre nosotros sucedían discusiones sobre las formas de ver el arte, la sociedad y la vida. Esa actitud no es una pose, la llevas siempre y la vuelcas luego en cada proyecto.

—En 1997 se disuelve NOS-Y-OTROS y nace Lucas. ¿Qué puntos de contacto pudieran existir entre ambos proyectos?

—En el año 97 se me ocurrió proponer, de forma coherente y habitual para la TV, un programa de promoción del videoclip cubano y así surge Lucas.

«El espacio lleva una carga importante de humor, ya que están la sátira y el absurdo en medio de un entorno novedoso del diseño, en una visualidad y transgresión constante; no tiene la típica conducción y presentación de programas de televisión. Todo eso es también NOS-Y-OTROS. Espacios para el videoclip existen miles en el mundo, pero como Lucas —con sus altas y bajas— me atrevo a decir que solo hay tres o cuatro».

Orlando Cruzata, en NOS-Y-OTROS, representando la obra El alfabeto. Foto: Cortesía de Jape. —¿Cuánto le importa la popularidad a Lucas?

—Estamos hablando de un programa de videoclips, que se hace para promover a un músico, una imagen, incluso a un realizador, porque Lucas desde sus inicios le dio mucha importancia a esta figura. Entonces, en lo referente a la popularidad, un programa de videoclips en Cuba tiene que ser popular. No olvidemos que estamos en la Isla de la música. Ahora, el tema de si lo ven más o menos gente, depende de muchas cosas.

—¿Cómo cuales?

—Influye mucho la estética del proyecto. En nuestro caso hemos sido coherentes a lo largo de estos 11 años, ante detractores y partidarios. Por ejemplo, nunca fue popular que un presentador saliera en pantalla vestido de negro y con gafas oscuras porque constituía un obstáculo a la comunicación. Con ese código rompimos y la gente lo ha aceptado. Y ese es un código de Lucas.

—¿Cuáles son las barreras con las que choca actualmente el videoclip cubano?

—Los problemas ya no están tanto en la falta de tecnología como en su difusión. Los videoclips no se transmiten la cantidad de veces necesarias como para que funcionen y cumplan su rol. El video más popular del año se transmite en nuestra TV, cuando más, 15 veces al año. Eso en términos de promoción resulta nada.

«Por el nivel que ha alcanzado, el clip cubano necesita de un mayor tiempo al aire. Ese fenómeno frena incluso la producción de videos, porque muchas disqueras no quieren invertir en un clip pues luego no se divulga lo suficiente».

—Pero hablamos de un mercado nacional, el del disco, que prácticamente es inaccesible a la mayoría de los cubanos, a los cuales está dirigido Lucas.

—El mercado del disco está muy contraído en Cuba. Tenemos que solucionar que en nuestro país, donde se consume mucha música, la mayoría de los CD no están disponibles en moneda nacional. Cuando eso suceda se disparará lo demás, porque del disco parte todo: conciertos, promoción, videos...

—¿Cuán original puede ser el género del videoclip en nuestro país?

—Depende de la dignidad de cada realizador. De cuán original, respetuoso y ético sea. Es bien difícil, porque son tiempos llenos de intertextualidad, donde casi todos bebemos de las mismas fuentes.

—¿Puede ser Lucas un termómetro identitario de los cubanos?

—Cuando vamos a hacer Lucas buscamos que estén representados Cuba y los cubanos. Tenemos un principio y es que Viva Cuba. «Quizá por eso no entiendo por qué dedicarle tanto espacio a la música foránea en nuestra televisión, si cuando recorres los canales extranjeros lo cubano no está.

«Del mismo modo existe una política de programación basada en las palabras de Fidel a los intelectuales en los 60: “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”. Y yo le sumo la frase martiana: “Con todos y para el bien de todos”. A esa política nos debemos, porque Lucas no es un programa aparte del ICRT.

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