Y pulsó la lira de Orfeo

Autor:

Juventud Rebelde

El maestro Juan Piñera. La musa inspiradora del compositor cubano Juan Piñera le ha sido pródiga en cuanto a proporcionarle ese «estado de gracia» necesario para crear obras de alta factura, esas, las destinadas a perdurar.

Desde el instante en que aparecieron las primeras Órficas se supo que estas obras llegaban para quedarse. Quien ha sido díscolo en terminarlas (ya que él mismo dictaminó, que habrían de ser nueve, como las cuerdas de la lira del hijo del dios Apolo, Orfeo). Soy testigo (y yo misma he sido instigadora de la idea) de las veces en que los integrantes del dúo Pro Música —maestros María Victoria del Collado y Alfredo Muñoz— han solicitado a Piñera que las termine para recogerlas en un fonograma.

El dios Cronos y las múltiples ocupaciones del compositor no nos han permitido escuchar el ciclo completo (ya que aún faltan dos), pero el pasado sábado, y como parte de los eventos dedicados a conmemorar el aniversario 489 de la fundación de la villa de San Cristóbal de La Habana por la Oficina del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, pudimos escuchar seis de ellas, cuatro en calidad de reposición y dos estrenos: las números cuatro y siete.

En primer lugar, quisiera destacar que este ciclo viene a enriquecer el catálogo de la música de cámara de los compositores cubanos, ocupando un sitial tan alto como el que posee la creación para guitarra de nuestro Leo Brouwer en la composición para este instrumento (a nivel mundial) en el siglo XX y lo que va del XXI. Se trata de obras de tan alta factura, con un discurso dotado de tal cohe-rencia y con un lenguaje técnico de tan alto nivel, que se requiere de virtuosos netos para ejecutarlas en concierto.

Y ese fue justamente el cometido del dúo Pro Música en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís: una actuación memorable.

No podría adentrarme en honduras técnicas y frías, no es ese el propósito. Además me sentí tan atrapada por la música que requeriría futuras audiciones del ciclo, para cobrar la necesaria distancia. Solo puedo decir que algunas de ellas bien podrían ser elegidas como obras obligatorias en concursos de música de cámara o de violín. Tan alto es el desafío técnico-artístico (en particular, la cuatro y la cinco). Con respecto a la sensación de la tarde: una colosal recreación a partir de la conocida obra de Maurice Ravel: Bolero, solo puedo añadir dos cosas: tanto ingenio creativo, tan alta muestra de manejar un discurso armónico lleno de sorpresas, tal capacidad de «virar al revés» (como un calcetín) un pie forzado tan bien afirmado en nuestro oídos desde su creación, como lo es el Bolero, bien merece una versión orquestal, ya que el derroche por momentos hace que parezca quedarle algo chico el medio sonoro de un violín y un piano, no obstante las excelencias de los intérpretes, insisto en ello.

Piñera ha marcado hitos importantes en el ámbito del Arte Mayor en nuestro país: de ello son muestras sus partituras creadas por encargo de Alicia Alonso para los ballets Tula y Shakespeare y sus máscaras, y la recientemente estrenada suite a partir de la música del filme de Tomás Piard, El viajero inmóvil inspirado en la obra de Lezama Lima. Ahora, con sus Órficas (no obstante que seguimos esperando ansiosamente que termine la composición de las nueve), no tenemos reservas en afirmar que estamos ante un opus que traspasará las fronteras del tiempo y de nuestra Isla.

¡Enhorabuena, maestro!

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