Eduardo Heras León: mi vocación primaria es la de maestro

En estos momentos es director del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, que cumple este año los diez de creado, y desde donde transmite sus conocimientos a jóvenes narradores de todas partes del país

Autor:

Juventud Rebelde

Eduardo Heras León (La Habana, 1940) es una de las figuras más polifacéticas de la literatura cubana actual. Narrador, crítico, periodista, editor y profesor, cuenta con una numerosa bibliografía y algunos importantes premios, entre los que se destaca el Nacional de Edición en 2001.

Entre sus libros más conocidos se encuentran La guerra tuvo seis nombres (Premio David de Cuento en 1968) y el polémico Los pasos en la hierba, que fuera mención en el Concurso Casa de las Américas en 1970. Pero en los últimos años su vocación de enseñar parece haberse impuesto sobre la del escritor.

En estos momentos es director del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, que cumple este año los diez de creado, y desde donde transmite sus conocimientos a jóvenes narradores de todas partes del país. Fundamentalmente por ese motivo nos acercamos a él en busca de algunas respuestas que sometemos a los lectores de El Tintero.

—¿Cómo surgió la idea de crear el Centro y qué te proponías con él?

—La idea era un viejo sueño de hace más de 40 años, cuando supe de la experiencia del Centro de Escritores Mexicanos que, en la década de los 50 del siglo pasado, organizaba talleres de narrativa mediante el otorgamiento de becas, y por el que pasaron los que serían luego los mejores narradores mexicanos del siglo XX: Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Fernando del Paso, Vicente Leñero, etc. Así que a fines de los años 60 le hice una propuesta a la UJC para organizar una experiencia similar, pero se carecía de recursos para una institución de este tipo. Muchos años después, en la década de los 90, siendo Abel Prieto presidente de la UNEAC hablamos mucho de esta idea, de organizar un taller de narrativa de nuevo tipo, que incluyera un curso teórico-práctico de técnicas narrativas y que fuera un taller de continuidad. Abel me propuso organizarlo y le infundió mucho entusiasmo a ese proyecto. Finalmente, y cuando ya era Ministro de Cultura, en 1998, organizamos el Taller de formación literaria Onelio Jorge Cardoso, que tres años después se convertiría en el centro actual.

—¿Qué me puedes contar de tu paso por Universidad para Todos y qué de tus encuentros con Fidel para ese programa?

—En octubre de 1999 durante un Consejo Nacional de la UNEAC, me pidieron que informara acerca de la experiencia del primer año del Taller de formación literaria, y en el momento en que comenzaba a hacerlo se apareció el Comandante. Preguntó qué hacíamos en ese momento y le explicaron que yo iba a informar acerca de una experiencia novedosa con jóvenes narradores. Así lo hice y se estableció de repente un diálogo inolvidable con Fidel, en el cual me lo preguntó todo, y como siempre, ya comenzó a pensar en voz alta y a proponer ampliar ese taller, generando ideas alrededor de esa experiencia.

«Para mi sorpresa, unos meses después, en julio de 2000, me propusieron organizar un curso de técnicas narrativas por televisión, para inaugurar un nuevo proyecto que mucho tenía que ver con la Batalla de Ideas y con la cultura general integral del pueblo. El 9 de agosto tuve una reunión con el Comandante (acompañado de Carlos Martí) que duró varias horas y que para mí significó una experiencia conmovedora, que guardaré para siempre en la memoria: fue tal la inyección de entusiasmo del Comandante, que te puedo afirmar que todavía me dura. Así surgió el curso fundador de Universidad para Todos: el Seminario de Técnicas Narrativas, que como sabes tuvo un éxito extraordinario».

—¿Cómo valoras la labor del Centro en estos diez años?

—Durante estos diez años han pasado por las aulas del Centro más de 550 jóvenes narradores de todo el país. Tal vez el mayor logro haya sido que creo que ha ayudado en gran medida a cambiar la cartografía de la literatura cubana; es decir, siempre se consideró a Cuba como un país de poetas. Incluso provincias enteras se caracterizaron siempre por ser territorio casi único de la poesía. Hoy esas mismas provincias son de narradores y poetas. Por otra parte, creo que le hemos dado un buen impulso a la promoción de la literatura en todo el país. Muchos de nuestros graduados son hoy especialistas de las casas de cultura, de los centros del libro, asesores literarios, organizadores de talleres literarios, promotores de la literatura, y en última (o primera) instancia, mejores lectores y, como nos gusta decir a nosotros, mejores seres humanos, capaces de criticar y ser criticados, de aceptar todas las críticas de una obra y luego pensar con cabeza propia. Todo lo cual me parece que no es poco, ¿no te parece?

—Entre escribir y enseñar, ¿qué escoges?

—Escogería las dos ocupaciones. Escribir es, sobre todo, una necesidad de expresarte, de establecer una comunicación espiritual con quien te lee. Pero en mi caso enseñar es una satisfacción tan íntima que después de mucho pensarlo, durante tantos años de ejercer la enseñanza en educación primaria, en facultad obrero-campesina, en aulas en una fábrica, en la Universidad o impartiendo cursos en el extranjero, estoy casi convencido de que mi vocación primaria es la de maestro. Así soy, ¿qué le voy a hacer?

—¿Cuáles son tus proyectos individuales y con respecto al Centro que diriges?

—En el plano de la creación literaria tengo un nuevo libro de cuentos que se llama Amor de ciudad grande, al cual le falta un cuento para entregarlo a la publicación. Un viejo proyecto de novela está ahí y en realidad no sé por qué no acabo de terminarlo (tiene 200 páginas escritas), y por otra parte, creo que le voy a hacer caso a muchos amigos y escribiré algo parecido a unas memorias de mi vida y de tantos personajes que he conocido por esos caminos del mundo.

«Me han pedido que recopile mis críticas de ballet a lo largo de más de 30 años de ejercer la crítica de danza, lo cual he comenzado a hacer, y tengo también un libro con decenas de presentaciones y notas críticas sobre literatura cubana que creo merece la pena publicar.

«En cuanto al Centro Onelio, ¿qué decirte? Hemos comenzado el onceno curso de técnicas narrativas, continuamos publicando la revista El Cuentero y ya han salido algunos libros de nuestra pequeña editorial Cajachina. No sé hasta cuándo me duren las fuerzas para seguir desarrollándolo, pero es cierto que cuando me he planteado el retiro, desde toda Cuba me llueven ruegos de jóvenes narradores para quienes el Centro es algo entrañable, que como les gusta decir, «les cambió la vida para siempre» y no pueden concebir su desaparición, o por lo menos mi ausencia del proyecto.

«En todo caso, el Centro es tanto para mí, como para Ivonne Galeano, que lo fundó junto conmigo, una parte muy importante de nuestras vidas, y será muy difícil renunciar a él».

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