Liuba María Hevia: Hay sueños que encuentran sus guitarras

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Hoy sábado, a las 8:30 p.m., esta cantautora se presentará en el teatro Karl Marx. JR conversó con ella sobre sus vivencias a lo largo de 25 años de vida artística

De estudiante Liuba María Hevia no fue precisamente la alumna aplicada que quizá debió ser. Era más bien una pequeña traviesa que en la escuela «aprobaba malamente y lo único que añoraba era ir a cantar».

Entre sus hits personales no faltaban Mi gatico Vinagrito, de Teresita Fernández, o La muñeca fea y Di por qué, del mexicano Gabilondo Soler. «Y te puedo asegurar que hoy fuera otra persona si no me hubiese enamorado de esas canciones», me confesó en una ocasión esta creadora de un universo musical propio que ya celebra su primer cuarto de siglo de vida artística.

Fue a los ocho años cuando tocó por primera vez la guitarra, aunque desde antes la resonancia salida de aquella caja de seis cuerdas la atrapaba. Por eso el sonido y el nombre de ese instrumento pasaron a ser parte de sus «sentimientos» más queridos. «Yo soy después de la guitarra», manifestó en una oportunidad y consecuente con ello escribió: Guitarra tienes tú lo que a mi voz le falta, / tienes un ruiseñor despierto en la garganta, / sabes rondar la luz, la dicha y los anhelos, / trocarte con la miel surcando un aguacero...

«Liuba María Hevia y su grupo son aroma, sabor y sonidos febriles que han sabido robarle silencio al misterio, a la poesía de nuestra Isla». Silvio Rodríguez Una parte importante del camino

Tras terminar el preuniversitario y gracias a Elsa Jorge, su madre y su «mejor guajira», Liuba comenzó a labrar una carrera artística marcada por la osadía, la dedicación y el talento.

De esta forma matriculó en un curso emergente de instructores de arte al tiempo que trabajaba como profesora de terapia musical en una escuela de conducta. Muy resuelta se presentó luego en la cuarta temporada de Todo el mundo canta —famoso programa de la televisión en la década de los 80— y llegó, siendo una desconocida, a la final del certamen escudada en una de sus primeras canciones.

Fue inevitable entonces formar parte del Movimiento de la Nueva Trova y crecer dentro del Conjunto Artístico de las FAR donde, a lo largo de diez misiones artísticas entre África y Latinoamérica, no reparó en cargar junto a la guitarra una AKM 47 en los escenarios más versátiles e improvisados. Quedó marcada con la experiencia de «actuar muchas veces dentro de una trinchera», resguardada por aquel tema de su idolatrado trovador: Si caigo en el camino/ hagan cantar mi fusil...

Así llegaron los difíciles años 90, el debut discográfico con el CD Coloreando la esperanza (1993) y los momentos de definir un camino propio en los siempre espinosos senderos de la música. A la sazón, algunos detractores vaticinaron un futuro poco halagüeño para la joven cantautora. Pero, con voz de sabia, la gran Celina González en medio de un concierto la curó de cualquier espanto: «Niña, tú no naciste llorando, tú naciste cantando».

Las palabras de la Reina de la Música Campesina fueron como una bendición. De aquellos incrédulos casi nadie se acuerda y hoy es incuestionable la consagrada presencia y la obra de Liuba María Hevia —para niños y adultos— en el panorama musical latinoamericano.

Precisamente hoy sábado, a las 8:30 p.m., en el teatro Karl Marx, podremos disfrutar del amplio abanico musical que regala esta virtuosa para celebrar su onomástico artístico.

En acostumbrada complicidad se han reunido muchos amigos de la homenajeada y, junto a ella, han armado un concierto-espectáculo lleno de sorpresas. Entre los convidados a la escena se encuentran la orquesta Ensamble Alternativo, dirigida por Greta María Rodríguez; la compañía camagüeyana de danza contemporánea Endedans, liderada por Tania Vergara; el actor Osvaldo Doimeadiós (al frente de la dirección artística); y los músicos Lucía Huergo, Felipa Moncada y Ariel Sarduy, concertino de la Sinfónica Nacional.

«La originalidad principal de Liuba está en el don innato y singular de su voz que siempre nos endulza el oído y toca nuestra alma». Jesús Orta Ruiz (Indio Naborí)

Para trascender los marcos de la presentación única de esta noche, y confabulado con algunos de los versos más queridos de la trovadora, fui una vez más a su encuentro para navegar por ternuras, sinsabores y alegrías a lo largo de estos 25 años.

—Hoy te invito a mi niñez, /a que recorras mi canto, /a que nada sea extraño, /a que liberes mi fe. ¿Qué te llevó a apostarlo todo por la música en un tiempo de la vida como la niñez donde las inseguridades son una constante?

—Primero descubrir la guitarra, mi complicidad con ella y una «rara» sensación de que nos conocíamos. Inventarme cada día juegos relacionados con la música y descubrir en ellos una infinita felicidad.

«Luego escuchar a Serrat, a Silvio, a Pablo... y aprenderme todo lo que cantaban. El repetirme una y otra vez, en cada juego, en cada reunión familiar, incluso en los ratos de soledad infantil, que cuando grande cantaría y tocaría una guitarra de verdad, como las que escuchaba en la radio o veía fascinada en la televisión».

—Eres la furia que me calma/ eres la décima mejor, /guajira mía a tres por cuatro, /tonada virgen siempre en los labios. ¿Por qué ese afán de hurgar siempre en nuestras raíces, en donde nadie quizá busca?

—En mi casa a toda hora se escuchaba música, todo tipo de géneros, todo tipo de estilos, la más variada música, sin ningún prejuicio....

«Mi madre, que nació en Matanzas y en su adolescencia vivió en Ceiba del Agua, recordaba y cantaba increíbles décimas populares, incluso a veces hablaba en décimas. Me regaló sus dioses: Naborí, Angelito Valiente, Ramón, Celina y muchos otros. Ella y mi padre me enseñaron a escuchar música clásica y me abrieron las puertas de la vieja y la nueva trova, la música popular cubana, la canción latinoamericana.

«Nunca les escuché hablar despectivamente sobre música, no escuché: “cambia el dial que es un tango” o “esto es guajiro”, “esto es demodé”, esta música es “solo para bailar”... Por tanto crecí en un ambiente totalmente abierto para la música, donde se hacía hincapié en la belleza, la riqueza, la originalidad o la diversidad. Y claro, uno es en gran medida el reflejo de su infancia».

—No importa que este camino/ se nos pierda en el comienzo/ si empieza a pintar su lienzo/ la brújula del destino. ¿Cuán consecuente has sido con la música que has querido hacer y haces, con la vida que has querido vivir y vives?

—Francamente he cantado siempre lo que he querido, lo que me enamoró o despertó inquietudes. Creo que no me he dejado «embriagar» por las modas, que por lo general tienen una muerte joven y definitiva.

«Hasta hoy, afortunadamente, ninguna circunstancia me ha obligado a cantar algo que no me gusta o con lo que no me identifico. He cantado la canción trovadoresca asociada a diversos géneros: habaneras, sones, guajiras, música latinoamericana.

«Ser consecuente no siempre es fácil o sencillo, pero lo intento seriamente, con mi obra y con mi vida».

—Y me cuenta que soñó con el sol y una cigarra, /y en la cuadra vio moldeados /los sonidos de un vapor, /y me abraza a la canción con melancólica brasa, /mientras sus cabellos trazan un nudo sobre mi voz. ¿Cuál es la mayor lección que has sacado de trabajar para los niños?

—De la mayor lección, ya nos había hablado el poeta: «Los niños son los que saben querer». Los niños te transforman, te convierten en un ser humano mejor.

«Ella es muy cubana, canta guajiras, canciones, habaneras, pero también es de nuestra América y canta tangos, y con su guitarra y con su grupo, y logra una expresión impactante». María Teresa Linares

—Si pudiera ser/luna llena para el cielo de tu risa, /si pudiera el sol para iluminarte el peso de la prisa. ¿Después de tanto camino andado cuáles son los sueños que obsesionan a Liuba?

—Que mi trabajo tenga alguna utilidad, ese es un «sueño» que me quita el sueño, porque sé que es ambicioso.

«Me obsesiona trabajar y que las cosas salgan bien.

Me obsesionan las mil cosas que me gustaría hacer y disfrutar —aún joven y con fuerzas—, y que el “TIEMPO” —ese tiempo universal, el que impone el paso de los años—, y “nuestro tiempo” —ese específico y complejo momento en que vivimos—; no me lo permitan».

—Sin tu amor la vida se demora, /el mundo se desploma /si me invade tu sonrisa. /Di qué hacer con la belleza de esta hora, /para qué soñar mañanas/ si me falta tu sonrisa. ¿Cuánto le pertenece este cuarto de siglo a Elsa Jorge, a la guitarra, a los amigos, a Cuba...?

—A mi madre Elsa le pertenece todo: mi nombre ruso mezclado con el María que rinde homenaje a la abuela materna y cubanísima. Le debo mi atrevimiento, mi timidez, los deseos de crecer, los mejores secretos, la primera guitarra, mi primer maestro, la ironía, el humor, las décimas, la lealtad a los amigos y el amor infinito a mi país.

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