Aclaraciones sobre el uso del término cuando más y cuanto más

Autor:

Juventud Rebelde

No digamos: «contrimás», ni: «contra más». Tampoco es correcto emplear: cuanto más en casos donde lo correcto es: cuando más, que significa «a lo sumo»: Cuando más, pagaría dos pesos por ese artículo. Cuanto más se utiliza en varias ocasiones: seguido de un sustantivo no debemos olvidar que ha de concordar con este, en género y número: Cuantas más veces hables acerca de eso, más difícil te será olvidarlo. Cuantos más países recorras, más echarás de menos a la tierra que te vio nacer.

Un lector dice que alguien le aseguró que balaustre se escribía sin tilde: quiere saber si es correcto. Sí, balaustra es el árbol de una variedad diferente del granado común. De ahí balaustre y balaústre —se usan ambas palabras— por semejanza del adorno con el nombre que se da en latín a la flor de ese árbol.

No, amable cienfueguera, lo que vio en la televisión fue, seguramente, una errata. Por supuesto, resulta incorrecto escribir: «Estados Unidos e Israel, cada vez más cercas». Cerca es, en este caso, un adverbio, por tanto, no admite plural. Sí cuando se trata del sustantivo cerca. Las cercas de los jardines. Debieron haber escrito: ...cada día más cercanos. O ...cada día más cerca.

Tampoco: «Conozca China», sino: Conozca a China. Si el topónimo —nombre propio de lugar, de país, de ciudad— lleva implícito el artículo: La Habana, El Salvador, Las Villas, por ejemplo, no necesita la preposición a. Visité La Habana.

¿Ambidiestro o ambidextro? Ambos, aunque se oye más el primero.

Dejémonos de tonterías, pero no: «dejémosnos de tonterías»; aunque se use: Es bueno que nos dejemos de tonterías. ¿Por qué? Pues simplemente por la cacofonía, el desagradable sonido que se produce al pronunciar el primero: «dejémosnos». Sin embargo, sí: Dejémosles.

La respuesta de hoy

Una lectora me asegura haber leído el origen de la palabra sándwich —ya aceptada en nuestra lengua, por eso lleva tilde— que usamos los cubanos con más frecuencia que la castiza: emparedado; pero no lo recuerda. Sí, un inglés, el cuarto conde de Sandwich, John Montagu (1718-1792), empedernido jugador, no se levantaba de la mesa de juego ni a la hora de las comidas. En una ocasión, ordenó a su sirviente que le trajera «cualquier alimento para comer allí mismo». El criado regresó con una bandeja donde había unas rebanadas de pan y una ración de roast beef. El conde cortó unas cuantas lascas de la carne asada, y las colocó entre las rebanadas de pan. Así, pudo cenar sin interrumpir el juego. Estaba tan orgulloso de su creación, que en su testamento apareció como lo mejor que legaba a su país.

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