Otra oportunidad para reflexionar y debatir en el Cine Club Diferente

No se lo digas a nadie, un filme para discutir en torno a orientaciones eróticas en el marco de la familia y la sociedad, sobre sexualidad y ética, se proyectará mañana, 8:00 p.m, en la sala 23 y 12 de la capital cubana

Autor:

Frank Padrón

Cuando apareció en Perú la novela No se lo digas a nadie (1994), del joven periodista Jaime Bayly, esta llegó en medio de un verdadero escándalo: no solo su autor «salía del armario» con una confesa bisexualidad, sino que arrastraba consigo a todo un grupo de notables en el mundo de la política y el espectáculo que, contra su voluntad, se veían arrojados fuera del clóset.

La obra focalizaba la vida, desde la infancia hasta sus estudios superiores, de un jovencito de clase alta en el Perú contemporáneo, deteniéndose en las contradicciones con su familia y sus compañeros de estudio, con la droga y las tendencias eróticas, hasta la «solución» que, respecto al último aspecto, se ofrece en ese tipo de sociedad al parecer como única salida: la hipocresía, la doble moral y la entrada, el regreso, a un armario que parece intocable e inmóvil, por cuanto detenta connotaciones no solo morales sino políticas y hasta económicas.

Como novela, No se lo digas... —rápidamente devino best seller y catapulteó a su autor hacia la fama— revelaba un narrador en potencia, cuya fuerza en la construcción de diálogos y situaciones (muchos con estructura más telenovelera que literaria, a decir verdad) nos hacían perdonarle más de un ripio en la armazón novelística (digamos, en el diseño de ambientes, en el acabado de personajes, en el discurso narrativo).

Después han llegado otras que han perfeccionado algunos méritos iniciales, y acentuado o adicionado otros defectos (Yo amo a mi mami, Los amigos que perdí, El canalla sentimental; La mujer de tu hermano, también llevada al cine), pero ninguna conoció el boom de la primera, que pronto fue fichada por un respetable cineasta, un coterrénao de Bayly no especializado precisamente en tales historias: Francisco «Pancho» Lombardi (La boca del lobo, La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras...), quien realizó su versión pocos años después de publicada la novela, en 1997, con guión del propio Bayly y la entonces guionista habitual del director: Giovanna Pollarolo.

En su traslado a la pantalla, el más famoso cineasta del Perú procede como es habitual en las lecturas fílmicas: suprime o acorta personajes y situaciones, condensa, sintetiza (o elimina) pasajes enteros —algunos sinceramente de manera lamentable y, a mi juicio, perjudicial para la versión cinematográfica—, pero si le hacemos justicia, conservando en esencia y en términos generales la almendra del relato: la iniciación homosexual, el encontronazo con los padres (cada uno desde su peculiaridad), la introducción en el área de lo bisexual, el contacto con la droga, el frenesí y la desorientación de la juventud adinerada del país y, finalmente, la solución hipocritona y complaciente que ese mundo ofrece como único camino a tales «variantes» eróticas (esto es: fachada heterosocial, respetable, que esconde y admite todo tipo de presencias y «lados oscuros») es captada, atrapada y trasmitida por Lombardi en un discurso, eso sí, muy acorde con la tradición realista de su cine, y muy consecuente con las características de un estilo no exento de virtudes, nadie lo duda, pero cuyos defectos, honestamente, se han acentuado en las últimas producciones: narración lineal, montaje abrupto y no siempre cuidadoso, sexo explícito, ritmo trepidante, personajes diseñados a veces sin demasiados matices...

Las actuaciones del debutante Santiago Magill (quien estuvo en Cuba presentando el filme en el Festival habanero) como el errático Joaquín Camino; Cristian Meiers, Lucía Jiménez, Giovanni Ciccia y un largo elenco, asumen de manera convincente sus respectivos personajes.

Filme para discutir una vez más en torno a orientaciones eróticas en el marco de la familia y la sociedad, sobre sexualidad y ética, y sobre tantos otros aspectos relacionados, No se lo digas a nadie será sin dudas otra oportunidad para reflexionar y debatir en el Cine Club Diferente (mañana, sala 23 y 12, 8:00 p.m.) de este cálido agosto.

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