Estrenan este sábado el teledrama La madriguera del conejo blanco

El teledrama de la realizadora Elena Palacios se desarrolla en una casa misteriosa en la playa donde tres muchachas, estudiantes de preuniversitario, trascurren por momentos vidas e imaginaciones paralelas

Autor:

Luis Hernández Serrano

Un nuevo teledrama, La madriguera del conejo blanco, escrito y dirigido por la joven realizadora Elena Palacios, saldrá al aire este sábado en el espacio Una calle, mil caminos, de la División de Programas para Niños y Jóvenes de la Televisión Cubana, a las cinco de la tarde, por el Canal Educativo.

En el filme, de 57 minutos, del género fantástico, actúa un talentoso elenco de jóvenes, entre ellos tres nuevas y bellas caras en la pequeña pantalla: Indira Mora en el papel de Lissette, Linnet Vidal en el de Lilia, y Mónica Digat en el de Marina.

En una casa misteriosa en la playa trascurren por momentos vidas e imaginaciones paralelas de tres muchachas estudiantes de preuniversitario.

El preestreno se hizo el pasado martes 11 de agosto, en la Sala Adolfo Llauradó, en Línea y D, en el Vedado. JR entrevistó a una de las tres muchachas, Mónica Digat Carrillo:

«Mi personaje (Marina) es la inocencia, el niño perdido de la actualidad por culpa de tanta tecnología», confiesa Mónica. Y añade: «¡Yo defiendo la inocencia infantil!».

Graduada de la Escuela de Instructores de Arte del reparto Primero de Mayo, en el municipio capitalino de Boyeros, trabaja en la escuela primaria 60 Aniversario de la Revolución de Octubre, en Alamar, La Habana del Este.

«Creo en el mundo lindo, tierno y puro de Marina, pese al violento influjo de la modernidad. Disfruto mi personaje, no lo olvidaré nunca y dudo que alguna vez haga otro igual», reflexiona Mónica.

«Yo no soy una actriz que imparte clases, sino una Instructora de arte que actúa. Este papel, el primero que hago en la televisión, me recordó que todavía soy niña y también lo rico y delicioso que es ser adolescente».

Agrega que Marina es muy imaginativa y creadora, muy inventora, pero sana, porque no sabe mentir en el sentido que se ha dado siempre a ese verbo.

«Aclaro que, aunque inocente, no es ingenua o tonta, sino bondadosa, honrada, amante, capaz de respetar al prójimo con sus virtudes, defectos y equivocaciones.

«Ella, por ejemplo, se creó la fantasía de un novio y quiso así

—gracias al talento de Elena Palacios— dar el mensaje de que tenemos que vivir intensamente nuestra vida, que uno ama sin condiciones, sin buscar algo a cambio, y que cada acción, por mínima que sea, representa algo grande en el futuro».

Explica la joven que, en el telefilme, la vida llevó a los otros dos personajes —Lissette y Lilia, «a ser muy maduras antes de tiempo».

«La moraleja de la obra es disfrutar cada paso en la vida como el más importante. Pensar que si creas un buen presente, estarás fomentando un buen pasado y creando las puertas del futuro».

«Sugiero a los televidentes—afirma— que observen debajo de la fantasía, una realidad con la que muchos se pueden identificar y las soluciones que se plantean».

Enfatiza Mónica que aunque el llamado «destino» no pudiera cambiarse, es vital tomar la decisión correcta en el momento exacto para hacer la vida mucho más viable, y esa es una de las enseñanzas del teledrama.

«Estoy muy feliz y orgullosa de haber trabajado con un elenco artístico de profesionales como Héctor Echemendía y Miriam Socarrás, por ejemplo».

«A los jóvenes les diría que extraigan de este teledrama sus mensajes valiosos y lo vean con el ánimo de buscar sus enseñanzas. Tras actuar en él, creo que soy mejor persona», expresó.

 

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