Canciones de nuestras vidas

Con la mano extendida, es el título del cancionero que recoge un importante grupo de obras del recientemente fallecido Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, que será presentado hoy en La Habana

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Finalmente, Con la mano extendida, el esperado cancionero que recoge cien de las tantas composiciones dejadas para la posteridad por el recientemente desparecido Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, será presentado hoy (5:00 p.m.) en la Sala Universal de las FAR; suceso que estará acompañado por una gala homenaje donde algunas de esas canciones que han marcado nuestras vidas volverán a seducir nuestros oídos, como ha ocurrido con frecuencia en los últimos 50 años.

Es curioso. Seguramente habrá quien se sorprenda pensando: «Pero... ¡así que esa canción era de Almeida!». Nos ha pasado a muchos; o al menos a mí, que sin saber que detrás de tanta maravilla estaba la enorme sensibilidad de ese combatiente eterno de la Revolución, me emocionaba con aquel no me grites, que no hay por eso más razón en lo que dices, que todavía entono de memoria y del cual la musicalísima Beatriz Márquez hizo una interpretación antológica; como el Marinero quiero ser, marinero como tú, para dejar de jugar, con mi barco de papel... de la infancia que me sentaba hipnotizado frente al televisor; el mismo aparato que me permitía admirar a la inigualable Omara Portuondo quien, «recuperada» de un amor que ya no la correspondía, cantaba como nadie: Te esperé tanto tiempo, y al ver que no venías, me acostumbré, cariño, a quedarme sin ti...

Ocurre con frecuencia. Y de pronto comprendemos que hemos crecido, amado, sufrido y vivido durante estos años, y el Comandante de la Revolución Almeida no ha dejado de estar ni un instante junto a nosotros. Por eso no era de extrañar que cuando se avecinaban las primeras cinco décadas del glorioso 1ro. de enero de 1959, la dirección de la Unión de Jóvenes Comunistas pensara en editar un cancionero con algunas canciones de quien había sido, precisamente, uno de los principales protagonistas de la gesta.

El proyecto comenzó en el 2008, explicó a Juventud Rebelde Niurka Duménigo, directora de la Casa Editora Abril, y quien se encargó de las coordinaciones. «Con la mano... nos ofreció la dicha de poder trabajar muy cerca de Almeida, quien lo tuvo en sus manos más de una vez, lo miró, lo acarició y lo aprobó. No logró verlo terminado, pero a quienes participamos nos queda la alegría de que lo considerara un libro bello, y de que se sintiera muy satisfecho con el resultado.

«Fue una labor muy compleja, porque se trataba de escoger cien temas dentro de su prolífera obra, donde estuvieran los más radiados, pero también los que desde el punto de vista artístico tuviesen mayor significación en el panorama musical cubano.

«Esa selección fue posible buscando en los archivos que contienen sus obras publicadas, sin dejar de atender lo que estaba inédito. Para ello, junto a Redento Morejón Morejón, que estuvo a cargo del cuidado de la edición, trabajó un equipo de la Editora, el cual tuvo muy en cuenta la visión del maestro Frank Fernández, para quien este es un texto necesario y justo, porque la figura de Almeida, más reconocida en el mundo político y literario, no se conoce en su verdadera dimensión en lo musical.

«Entonces, organizamos un equipo creativo que estuvo conformado por Alexander Carcedo Olivé —aún estudiante del ISDI—, quien se responsabilizó con el diseño y la realización; por Lilian Sabina Roque e Irenia González Cela, en cuyas manos quedaron la edición y el cotejo de los originales, respectivamente, mientras que Rigoberto Otaño Laffitte se encargó de digitalizar las obras, de escribir la melodía y el bajo en una partitura de piano, así como las versiones para guitarra. Inestimable fue el quehacer de Otaño, un hombre de notable rigor profesional, que dedicó mucho tiempo a esta obra y a quien le agradecemos por lo que nos aportó y lo que aprendimos».

Aunque estará al alcance del público lector, Con la mano extendida será destinado a las escuelas de artes, a los instructores, a los músicos del país, quienes tendrán, asegura Niurka, un libro de alta calidad, gracias al esfuerzo de las imprentas Federico Engels y Alejo Carpentier, que no solo resolvieron la propuesta del diseñador con mucho tino y profesionalidad, sino que también entregaron ejemplares (están cosidos) de mucha durabilidad y calidad.

Historia de una larga amistad

Cuando llegó a JR la noticia, me «costaba» creerlo. ¿Morejón? No imaginé que aquel hombre al que conocía de mis vínculos de trabajo con el Ballet Nacional de Cuba —es su subdirector ejecutivo—, estaba detrás de Con la mano... Tampoco sabía que lo unía a Almeida una amistad que nació a principios de la década de 1960; y mucho menos que el joven que se había hecho contador y economista para complacer a sus padres, había estudiado saxofón y clarinete durante su niñez en Pinar del Río.

Y claro, siempre se las arreglaba para no dejar a un lado la música. Fue de ese modo que Redento se encontró con Almeida. «Los directores de las agrupaciones donde tocaba me pedían que llevara los contratos y el control de los números y los autores de los títulos que se interpretaban. De ese modo di con René Barrera (Barrerita), el cual era una especie de inspector de la Sociedad de Autores, y quien me lo presentó.

«Nuestra amistad se hizo más sólida a partir de la velada que se realizara en la Plaza de la Revolución por la muerte de Ernesto Che Guevara. A partir de ese momento estuve muy en contacto con los orquestadores, arreglistas, transcriptores, cantantes... de Almeida. En lo adelante no abandoné este tipo de colaboración con él, a quien siempre vi como mi “hermano mayor”.

«Con frecuencia hablaba conmigo y me contaba sobre las motivaciones que lo lanzaban a componer. De ese modo supe que Cualquier lugar es mi tierra había nacido después de la intervención de los marines en Granada, como que Tengo flores llegó tras el crimen perpetrado contra el avión de Barbados; que Mis recuerdos para él se la dedicó a su padre o que Una manera mejor apareció como réplica a aquel tema que se hizo muy popular en un Festival de Varadero y que decía: Defiéndete tú y déjame a mí, que yo me defiendo como pueda...

«Almeida no era un músico de academia, pero tenía una notable sensibilidad, un talento innato que desarrolló no solo para escribir canciones, sino también música instrumental (Elegía a Antonio Maceo, Elegía a Martí...) y magníficos sones al estilo de Dame un traguito, Qué le pasa a esa mujer, Que baile sola el son... de aquello que cantaban los Van Van: Si yo subo la loma, compay, voy detrás de ese mulo (Lo que dice un guajiro). No obstante, su mayor resonancia fue por temas como Este camino largo, Decide tú, Mejor concluir, Gran día de enero... y, claro, Guadalupe (La Lupe), que se convirtió en un himno».

Esa es la explicación del porqué cuando La Lupe cumplió sus primeros 30 años, Morejón estuviera detrás del cuidado técnico de la edición de una colección que preparara la EGREM; labor que ahora volvió a repetir en Con la mano extendida. Por ello no disimula su satisfacción:

«A mí me correspondió realizar un estudio profundo y hacer varios cortes que luego sometí a la consideración de Almeida, quien siempre nos hacía algunas sugerencias. Fue una tarea muy ardua porque estamos hablando de una obra abundante, y de probada calidad, de ahí que no fue fácil llegar a las cien y descartar muchas otras.

«No se trata de una antología, precisa Morejón. Es una compilación, donde aparecen títulos que representan los más disímiles géneros musicales, aunque la mayoría corresponde a la cancionística. Como fueron concebidos en momentos diferentes, decidimos ubicarlos por orden alfabético.

«Por eso el libro inicia con A los que cantan: A los que cantaron/ y cantan mis canciones/ de realidades y fantasías,/ de bellos sueños,/ sueños truncos,/ les doy las gracias/ ahora que puedo/ y que las musas/ siguen conmigo... Ya, desde este mismo texto inédito, se puede apreciar la humildad de este gran hombre que se emocionaba cuando intérpretes de la altura de Beatriz Márquez, Omara Portuondo, Elena Burke, Farah María, Fernando Álvarez, Gina León, Amelita Frade, Ela Calvo..., cantaban sus canciones».

Inmortal por derecho

El prólogo de Con la mano... corresponde al maestro Frank Fernández, quien está convencido de que en lo adelante este texto se convertirá en un libro de consulta tanto para profesionales como para aficionados, quienes lo podrán utilizar sin miedo a que se les «deshaga» en las manos. «Es un libro fuerte, cuidado; un libro de lujo que la Casa Editora Abril se tomó de una manera muy seria, como lo merece quien, junto a su estatura histórica, llevó adelante una obra estética y artística impresionante.

«Éramos muy amigos y entre nosotros se desarrolló una relación de colegas. Nos queríamos y respetábamos mucho. Cuando hablaba de música hacía un esfuerzo extraordinario para que no se pensara en él como el gran hombre que era, y entonces yo lo llamaba “Juan”, lo cual le halagaba, no así cuando conversábamos sobre otros tópicos, en que para mí era “Comandante”.

«Había personas que desconocían su obra, pero la verdad es que era un compositor de puntería. Lo demuestran esa cantidad inmensa de canciones que permanecen en la memoria popular y que han sido interpretadas lo mismo en Cuba que fuera de la Isla. Con Dame un traguito, Qué le pasa a esa mujer, Mejor concluir, Cómo le explico yo a mi corazón, La Lupe..., Almeida se ganó el derecho moral y estético de trascender en la historia».

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