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¿Por qué Europa se va a complicar en una guerra de EE. UU.?

La intervención del Viejo Continente en un conflicto que no le corresponde, bajo la justificación de acciones «defensivas» y desconociendo las advertencias de Irán, aumenta los riesgos de una destrucción extendida

Autor:

Luis Manuel Arce Isaac

 

 

La pregunta de ¿por qué Europa se va a complicar en una guerra de Estados Unidos? retumba en muchas cabezas en el Viejo Continente, sobre todo después de los anuncios de Enmanuel Macron acerca de una misión de escolta de buques para reabrir el estrecho de Ormuz, cerrado por Irán con todo tipo de advertencias, y el de la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, de que su país enviará ayuda para la defensa aérea a las naciones del Golfo.

Ambos anuncios no han sido bien recibidos por Teherán que, contrario a Francia y a Italia, lucha por la sobrevivencia de un feroz ataque de dos naciones nucleares y gran potencial convencional, que han destrozado en diez días casi un tercio de su infraestructura civil, y asesinado a cientos de sus compatriotas, entre ellos más de 170 niñas en una escuela atacada, crimen brutal que pocos en Europa han condenado.

Si ambos anuncios se concretan, habrá consecuencias que lamentar por ir a contrapelo de las advertencias de una de las partes en conflicto, la agredida, que ha dejado sentada la necesidad de defenderse en una guerra de exterminio, y por esa voluntad de supervivencia no se le puede acusar de extremismo, cuando se trata de una acción consuetudinaria propia de episodios en los que se rompe la paz.

Macron anunció que París está preparando una futura misión para reabrir el estrecho de Ormuz después que la vía marítima fue cerrada, y lo justifica con dos palabras que no encajan en la situación: «puramente defensiva».

Hay contradicción clara en su anuncio y es lo que observa Irán y a lo que va a responder. Es imposible que se trate de una acción puramente defensiva cuando se incursiona en un área de guerra previa advertencia de que el tránsito por el estrecho está cerrado a toda embarcación que viole las normas de urgencia militar de protección, entre otras razones porque por allí no solamente circulan barcos comerciales.

Irán ofrece una oportunidad

Las medidas de cierre, y la forma de hacerlo cumplir, no pueden ser selectivas, sino globales, y dentro de ese contexto Irán deja abierta una posibilidad de tránsito siempre que se justifique la necesidad de paso y pruebe que requiere el permiso correspondiente para cruzar el estrecho, como ha estado ocurriendo desde que fue decidido el bloqueo.

En consecuencia, la acción «defensiva» proclamada por Macron es altamente relativa, pues en un contexto de guerra es interpretada como «defensa con fuerza», o sea, con uso de armas para proteger frente a una medida militar.

En los hechos es un reto inaceptable para un país que es brutalmente atacado sin que medie una declaración de hostilidad. Es por ello que ya Irán cumplió su advertencia con dos tanqueros que intentaron cruzar sin ser autorizados, por lo cual fueron considerados por Teherán naves aliadas o afines a los agresores o pertenecientes a Estados Unidos o Israel.

Irán demostró que las naves atacadas ignoraron exprofeso las repetidas advertencias de las autoridades, según informó la agencia Tasnim.

El estrecho de Ormuz es un punto focal en el conflicto desatado por Estados Unidos e Israel. Foto: Getty Images

Aunque Estados unidos ha dicho lo contrario, lo cierto es que, hasta el día de hoy, el estrecho se mantiene bajo control iraní y Teherán ha reiterado que cualquier embarcación comercial que pertenezca a EE. UU., Israel, países europeos o sus aliados tiene prohibido el tránsito, recordando que, si intentan cruzar, serán atacadas.

Al mismo tiempo, ha hecho saber a la navegación internacional el reto que significan los anuncios de la Casa Blanca de escoltar con su marina y aviación a los tanqueros petroleros.

Macron asume toda la responsabilidad de lo que le pueda suceder a Francia con esa decisión. Un anuncio como el de Macron es riesgoso en ese contexto.

Lo propio sucede con la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, quien acaba de prometer asistencia en defensa aérea a las naciones del Golfo, lo cual significa que su Gobierno se implica oficialmente en la guerra contra Irán desatada por Estados Unidos e Israel, y ello puede resultar en acciones defensivas de las tropas de Teherán contra objetivos estratégicos o intereses italianos en la región donde, como se sabe, hay una importante presencia militar y civil del país.

Meloni anunció que enviará ayuda para la defensa aérea a las naciones del Golfo, y Teherán no acepta la justificación de que se trata de una acción defensiva que busca proteger a los ciudadanos y tropas italianas desplegadas en la región, así como garantizar la seguridad energética del país y Europa.

Ese objetivo se puede lograr de otra forma sin llegar al extremo militar que implica su decisión que, de facto, complica a Italia en el conflicto.

En ese sentido, el tipo de acción anunciada realmente no es defensiva como han indicado también el Reino Unido, Francia y Alemania, con su intención de enviar ayuda a los países del Golfo, en particular de defensa aérea, es decir operaciones militares que causarán bajas iraníes, con lo cual se convierten en ofensivas, según la interpretación de Teherán.

Las advertencias de Irán sin exclusiones

Con tal decisión, los países europeos implicados desconocen el compromiso unilateral tomado por Irán de no atacar a los cinco países del golfo siempre y cuando no intervengan en la agresión de Estados Unidos e Israel desde las bases militares instaladas en esas naciones, e incluso podrían ser responsables de que vuelvan a ser atacados por los iraníes. Al respecto Teherán ha sido muy claro: si hay acciones contra el país desde esas instalaciones militares, Irán responderá.

Eso ahora incluye a los países europeos que se han propuesto intervenir «defensivamente».

En cuanto al posible uso de las bases militares estadounidenses en territorio italiano, Meloni aclaró que, por ahora, solo se autorizan operaciones logísticas y no cinéticas (es decir, que no implican bombardeos), según los acuerdos bilaterales vigentes desde 1954.

Pero, aun así, es una forma de intervención en un conflicto que no le corresponde a Europa, y aunque la Primera Ministra italiana dijo que una acción de otro tipo requeriría la participación del Parlamento porque «no estamos en guerra y no queremos entrar en una guerra», de hecho hay un alineamiento con una de las partes en conflicto, y la otra está en su derecho de reaccionar. Por eso sería conveniente que cualquier tipo de decisión «defensiva», se aprobada por el parlamento.

Enmanuel Macron, Friederich Merz y Ursula Von Der Leyen, tres figuras claves en la posición europea. Foto: Getty Images

Sería importante que los Gobiernos europeos tomaran en cuenta las declaraciones del portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, de que Teherán no inició la guerra, sino que le fue «impuesta» en medio de negociaciones en curso, y que, si los intereses de Europa en la zona de conflicto están amenazados, a quien deben pedir cuentas es a sus instigadores y no a los instigados.

Como muestra, un botón: el secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth, declaró que Washington quiere que Irán fracase al predecir los próximos movimientos estadounidenses en la agresión contra la nación persa.

«Estamos dispuestos a llegar tan lejos como haga falta para tener éxito», subrayó. Es lo que Europa debería tener más en cuenta.

España dijo «no» a la guerra

Una posición muy digna y soberana es la que ha sostenido el presidente de España, Pedro Sánchez, quien, a pesar de las presiones de Washington y de la derecha ibérica, se ha pronunciado en contra de la guerra y ha pedido no malgastar «los recursos económicos y nuestra inteligencia en bombas» y, en ese sentido, dijo, otros Gobiernos ya se están posicionando en contra de este conflicto bélico.

«Esta guerra en Irán es un extraordinario error que vamos a pagar», y concluyó: «la posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra».

Ojalá la posición de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fuera de esa tesitura y no timorata, como si decir que la agresión en medio de negociaciones —que resultaron una falsedad—, fueron «acontecimientos muy preocupantes», sea suficiente, cuando lo correcto sería exigir el fin de la agresión y reanudar las negociaciones, pero de forma real y seria.

En su lugar pidió a los actores involucrados «máxima moderación». Lo que se interpreta de sus declaraciones es que hay una admisión tácita de la ilegal guerra, y una formalidad bastante banal de rogar que haya menos muertos y menos destrucción, y que el mundo siga normal y sin estremecerse ante tanta crueldad.

En suma, que la UE y París brinden un respaldo explícito a Madrid, y que Berlín opte por un perfil bajo que algunos analistas interpretan como un distanciamiento calculado, no exime a Europa de su responsabilidad de no dejarse arrastrar por Estados Unidos al conflicto, sea cual sea la envergadura de sus decisiones, aunque las estime de tipo defensivas, si no van dirigidas a colaborar con un final negociado, en lugar del extermino persa que promulga EE. UU.

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