Vinagre y rosas contra una ex

Tres décadas sobre los escenarios en 60 años de vida, 20 fonogramas publicados y nueve millones de copias vendidas. Joaquín Sabina propone a partir de hoy Vinagre y rosas, un álbum donde comparte la escritura con Benjamín Prado, poeta, ensayista y novelista español

Autor:

Kaloian Santos Cabrera

Los dos bardos se conocen tanto que se han aprovechado uno del otro para hacer un disco. Así, por una parte, rompen con el aburrimiento y el largo mutis del autor de 19 días y 500 noches desde que sacó Alivio de luto en 2005. Y por otro lado, es una oportunidad para levantar los ángeles caídos de Benjamín.

Lo de componer a cuatro manos no es nuevo. Cuando aprieta el frío, un tema del disco El hombre del traje gris (1988); Esta noche contigo incluida en Esta boca es mía (1994), y Números rojos, de Alivio de luto (2005), son memorables letras firmadas por Sabina/Prado.

Durante los siete meses que duró la grabación, Benjamín escribió Romper una canción (Aguilar, 2009), un libro donde narra las aventuras y desventuras de Vinagre y rosas. El primer capítulo, que lleva por nombre Los mariachis barajan las canciones de amor, cuenta detalles de la génesis de este sueño:

«En el otoño de 2008 yo no me encontraba muy bien. Acababa de salir de una relación infernal con una chica a la que, desde entonces, Joaquín, yo y todos los que nos rodean, llamamos, simplemente, Virgen de la Amargura; y aunque, en realidad, a esas alturas no estaba deprimido por perderla a ella, sino por la cantidad de cosas que había tenido que perder hasta entonces para conservarla, el resultado de la ruptura era que me sentía tan estúpido como todo aquel que apuesta por el mismo número equivocado... durante tres años. Una de esas cosas que había perdido era la más importante de todas: mi capacidad para escribir».

Y Sabina, que olfatea como nadie las fuentes de esas historias en peligro de extinción, un día de copas, a las tres de la madrugada en un bar madrileño, arrinconó a su amigo contra las cuerdas como el experimentado boxeador a su contrincante, y lo «noqueó» de la siguiente manera:

«Mira, Benja, te voy a proponer algo. Yo vivo en una felicidad doméstica de la que es imposible sacar un verso; pero tú estás hecho polvo, y eso es una mina. Te propongo aprovecharme de tus desgracias y que nos vayamos por ahí a escribir canciones contra tu ex novia. Donde tú quieras: La Habana, Lisboa, Nueva York, Praga... ¿Qué me dices?».

Los dos terminaron en la capital checa, un lugar donde nadie los conoce. Durante ocho días, en un hotel, de madrugada, descuartizaron cuartillas, botellas de whisky y guerrearon cada palabra, cada metáfora de diez de los 14 temas incluidos finalmente en el disco. De los restantes, Crisis y Ay, Carmela son firmados solo por Sabina, y Nombres impropios en colaboración con el poeta Luis García Montero. Hay un bonus track dedicado a Violeta Parra.

Desde hace varios días Vinagre y rosas cuelga en algunos sitios de Internet donde, de forma gratuita, solo se puede escuchar. A la venta están disponibles dos ediciones del fonograma, una sencilla solo con el CD y otra de lujo que suma un libro con manuscrito y dibujos del autor de ¿Quién me ha robado el mes de abril?

Vinagre y rosas es una entrega al más puro estilo sabiniano: razones desconfiadas, cuestionadoras e ilusorias, empacadas en versos originales. Una voz gastada y tiernamente raspada de un Sabina del que, a los 60, si tengo que decir algo sobre él, solo se me ocurre tomar prestada esa expresión hecha para Gardel: «Joaquinito, cada día cantás mejor». En cuanto a las sonoridades de este disco, pueden sentirse de ronda los fantasmas de Bob Dylan y José Alfredo Jiménez. Aunque, por supuesto, es innegable la sazón de los músicos Pancho Varona, Antonio García de Diego y José Antonio Romero que, además, son los productores musicales del material. En los coros se escucha, entre otros, al mismísimo Joan Manuel Serrat, un lujo que solo el flaco de Úbeda puede darse. Resaltan también los aires juveniles del grupo español de rock Pereza en los tracks Embustera y Tiramisú de limón. Este último sencillo inaugura el álbum y fue el tema escogido para realizar un video clip que ya puede disfrutarse on line.

La pluma de Sabina/Prado no solo dispara flechas destinadas a las dulces amarguras de los desamores. También están los homenajes a afectos vitales de los autores como es la canción Menos dos alas, dedicada al poeta español Ángel González y Violetas para Violeta, un homenaje a la trovadora chilena Violeta Parra.

Para la promoción, Joaquín y sus secuaces se van a carretear por varias ciudades españolas a partir del próximo día 20 y hasta finales de diciembre. Luego, en enero de 2010, la expedición sigue por Sudamérica. Sabina ha declarado que con este periplo se retira de los grandes escenarios porque «las giras a los 60 aterrorizan». No quiere decir esto que se jubile. En lo adelante va a dedicarse a conquistar teatritos donde sus conciertos «no se confundan con una misa pagana de celebración. Haré esta gira porque le debo a la gente que ha estado conmigo estos años hacerlo, pero nunca más», declaró en una entrevista concedida a la agencia EFE.

Y ya que se va a despedir de las presentaciones grandilocuentes no sería descabellado tener la esperanza de que, a su paso por nuestro continente, salte de imprevisto a su querida Cuba para regalarnos las canciones de Vinagre y rosas. Especulo de esta forma porque estuve en aquella tarde de 2006, cuando Joaquín Sabina apareció en La Feria Internacional del Libro de La Habana para celebrar sus «40 y 17» febreros y presentar su poemario Ciento volando de catorce. Entonces, prometió un concierto para los cubanos con todas las de la ley porque: «A mí, Cuba, como dice el bolero: si me dice ven lo dejo todo», confesó. Y todos los presentes lo refrendamos no con vinagre sino con rosas y largos aplausos.

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