Ciro Bianchi dialogó on line con nuestros lectores - Cultura

Ciro Bianchi dialogó on line con nuestros lectores

Durante tres horas Ciro Bianchi respondió on line las interrogantes de nuestros lectores, quienes le preguntaron sobre su vida y obra, y varios temas de nuestra historia

Autor:

Redacción Digital

• Alberto Rodríguez: ¿Dónde y cuándo nació? ¿Quiénes fueron sus padres? ¿Cómo fue su niñez?

Nací en La Habana, el 31 de octubre de 1948. Puedo decir con orgullo que soy habanero de cuarta generación, lo que no muchos pueden decir. Mis padres son personas de lo que la antropología llama gente sin historia, la mayoría de la cual tiene una historia muy interesante que contar. Y de la que por lo general se olvidan los periodistas, metidos hoy demasiado en el mundo de su computadora, cubriéndose a sí mismos.

Tuve una infancia normal, la propia de un niño hijo de una familia trabajadora. Escuelas, juegos, en fin…

Alicia Beltrán: ¿Cuándo descubrió que quería ser periodista? ¿Cómo fueron sus inicios?

El periodismo es la profesión de los que se quedaron sin profesión. Me decidí cuando en la Escuela de Bibliotecarios, año de 1967, me dejaron en la calle y sin llavín. Ya desde antes, desde los días de estudiante de Bachillerato, en la Víbora, había comenzado a colaborar en el periódico El Mundo, de La Habana, dirigido entonces por ese gran periodista que fue Luis Gómez Wangüemert. Ver, con 17 años, mis artículos publicados en la página editorial de ese periódico, fue un gran estímulo. Imagine, era una página donde publicaban de manera habitual gente como Cintio, Loló de la Torriente, Salvador Bueno, Samuel Feijóo, entre otros muchos.

Marcos Martín: Profesor, ¿alguna persona a la que le deba mucho en la profesión?

A los que me ofrecieron la oportunidad de ir publicando, que acogieron mis escritos, tanto en La Gaceta de Cuba, primero, como en la revista Cuba después.

Marta García: Cuéntenos de su tránsito por la revista Cuba Internacional…

Fue una experiencia interesante. Cuando entré en esa publicación, estaban allí algunos de los mejores periodistas más jóvenes de Cuba. Era un ambiente muy creador, compartíamos libros y opiniones, nos criticábamos mutuamente los trabajos, etc. Lisandro Otero, que ocupaba ya otras responsabilidades, había dejado sentada algunas bases. El editor se reunía con los reporteros antes de hacer un reportaje y a partir de ahí empezaba a tejerse la trama del material. Luego, cuando se publicaba, se discutía en colectivo. Aprendimos mucho de esas discusiones y ganamos en modestia. No había celos ni rivalidades profesionales. Podíamos asumir, sin problemas, un trabajo aparentemente menor porque sabíamos que el gran reportaje nos tocaría al mes siguiente o al otro. Sentíamos la publicación como propia. Todo eso fue desapareciendo con el tiempo. Cuba Internacional fue una gran escuela. Y no solo para los que laboramos allí en los años 70 y 80, sino para gente que no estaban allí y que seguían la revista desde otros países. Es el caso de Paco Taibo II, que aprendió mucho de aquella revista. Otros periodistas mayores, en edad y en profesión, como el uruguayo Carlos Ma. Gutiérrez, la seguían asimismo con interés.

Laura Quiñones: ¿Cuál es su género periodístico preferido? ¿Por qué?

Bueno, tendré que decir que la entrevista, que es lo que más he hecho, y dentro de ella, la llamada entrevista de personalidad. Podría decir que la crónica. Pero a estas alturas prefiero no hablar de géneros. Por eso, lo que hago para Juventud Rebelde le llamo sencillamente la página.

Mario Garrido: ¿Qué libros recomienda de cabecera para un periodista? ¿Cómo se prepara para las entrevistas a personalidades? ¿Qué ha significado para usted Prensa Latina?

Lo que significó Prensa Latina, ya está contestado con lo que dije sobre la revista Cuba.

Cada cual tiene sus propios libros de cabecera. En la mía no faltan los libros de crónicas de Carpentier —me parece cada vez más grande como periodista—, García Márquez y, por supuesto, José Martí. Si de entrevista se trata, tengo a Carlos Ma. Gutiérrez y Luis Suárez, de México. Si de reportaje, me quedo con Guy Talesse.

Roberto Martínez: ¿Quiénes han sido sus entrevistados más importantes?

Lezama, Carpentier, Guillén, Portocarrero, Cintio Vitier, Miguel Barnet. Alberto Korda. Doctor Álvarez Cambras. También Cortázar, García Márquez, Saramago y Otero Silva.  Antonio Skármeta. Miguel Bonasso. Fernando Morais.

Usted me pregunta por entrevistados importantes y yo termino enumerándole aquellas entrevistas que más me satisfacieron.

Edel Lima: ¿Es cierto que no graba sus entrevistas?

No, nunca grabo. Tengo cierta facilidad notarial para tomar notas. La memoria me ayuda mucho. O me ayudaba. La de Cortázar, por ejemplo, fue fruto de una conversación en uno de los bares del Hotel Riviera, de La Habana. Al finalizar la conversación, le dije que publicaría lo que habíamos conversado y no se opuso. Con Augusto Monterroso fue parecido. Pero no igual. Porque el autor de Viaje al centro de la fábula me pidió expresamente que no grabara ni tomara nota alguna. La hice a punta de memoria.

Duanys Hernández: ¿Cómo surgió la idea en 2001 de publicar una columna con esa otra historia de Cuba, la que no se cuenta?  ¿Qué significó para usted compartir la página en los comienzos de la sección con las crónicas dominicales de Enrique Núñez Rodríguez?

Fue una idea del periódico. Un jueves de mañana me llamó Rosa Miriam Elizalde, directora editorial de JR entonces, para ofrecerme el espacio. Yo quería ciertamente escribir en Rebelde, sobre todo en su edición dominical. Aun así, traté de evadirme por lo que significa la presión de un compromiso semanal cuando uno tiene otras cosas que hacer. Dije que sí al fin, pero para la otra semana. Ella lo quería para ese mismo domingo. Y ahí arranqué. No había temas. Yo podía escribir sobre lo que quería. Con el transcurrir de las semanas fui corrigiendo el rumbo.

Compartir la página con Enrique fue y sigue siendo un gran honor.

Peter: ¿Ha pensado usted publicar sus trabajos siguiendo un cierto orden cronológico o por épocas o períodos, de manera que los lectores podamos ensamblar mentalmente los fragmentos de historia que muestran magistralmente sus artículos?

Hace un tiempo, Paco Taibo II me dijo que los ordenara así. He publicado cuatro libros con los materiales publicados en JR y nunca lo hice de esa manera. He preferido buscar en los libros la misma variedad que trato de darle a la colaboración semanal en el periódico.

Reinaldo Castellanos: ¿Podrías abordar también en su espacio en JR el anecdotario de estos 50 años de Revolución, sobre todo, la turbulenta década de los 60?

Sí, y me gustaría hacerlo. Sé que hay mucha gente esperando que eso se haga. Hay libros muy interesantes al respecto como los de Luis Busch sobre los primeros años de Gobierno Revolucionario, que él vivió como Ministro-Secretario de la presidencia de la República.

Blanca Veloz, Carlos M. Contreras, Máximo del Valle, Carmen, Nelsito: ¿En qué librerías podemos encontrar sus libros?

Actualmente, en ninguna. Salen y se agotan en la primera semana o en la segunda. Como en Cuba no existe una política de reedición, ahí quedan. Es curioso. Se agotan los libros que compilan los materiales publicados en Rebelde. También se han agotado todos los otros, de entrevistas con escritores, fundamentalmente. Y se agotan de tal manera, que no se encuentran ni en las librerías de viejo. Por lo que intuyo que el que los compra quiere conservarlos.

Dainés Mariño: ¿Quisiera saber si en la próxima Feria del Libro se publicarán algunos de sus libros?

Pienso que en la Feria, o antes, aparezca Asedio a Lezama Lima y otras entrevistas, que compendia entrevistas con grandes escritores cubanos. Un libro de más de 400 páginas que se abre con Lezama y se cierra con Miguel Barnet. Aparecerá asimismo Lezama disperso, donde compilo ensayos y artículos que el autor de Paradiso no incluyó en los libros que publicó en vida y quedaron dispersos en la prensa. Habrá una nueva edición del Diario de Lezama, que publiqué hace años, y una compilación más, las entrevistas que Lezama concedió a lo largo de su vida. No se olvide que estaremos celebrando durante todo el 2010 el centenario de ese gran poeta.

Eider Matos: Ciro, ¿no habrá escondida por ahí la idea de escribir su autobiografía?

No. Autobiografías escriben las personas que tienen una vida que vale la pena contar. Yo a lo sumo podría escribir mis memorias a fin de dar entrada a la gente importante que he conocido.

Ismael  Velásquez: ¿Qué proyectos de libro tiene?

Veremos.

Arnoldo Alfonso: ¿Podría usted tener un programa televisivo?

Lo tengo. Se llama Como me lo contaron te va y aparece todos los jueves, a las ocho y treinta de la noche, en el Canal Habana. Son historias ocultas de la ciudad que tratan de verse desde su lado más desconocido o inédito. Como filmamos in situ, llevamos a la gente al lugar de los hechos y damos a conocer también otra Habana o hacemos que se aprecie de otra manera. Es un programa muy bien concebido por su director, Javier Orizondo, y que tiene la buena conducción de Jorge Ferdecaz. Yo, que soy el asesor histórico del espacio, aparezco al final con algo que trato siempre que sea novedoso.

Mayra Toledo: ¿Su momento más difícil como periodista?

No sé. Creo que muchos momentos fueron difíciles, unos más que otros. Pero ninguno insoluble.

Esperanza: ¿Por sus trabajos del pasado, no se ha visto envuelto en alguna polémica?

Creo que algunos causaron sorpresa. Por buscar otro ángulo, novedoso o humano, o diferenciarse de lo que se conocía o repetía. Sorpresa que nunca ha llegado a la pólemica.

Carlos Pérez: ¿Cuántos libros ha publicado? ¿Prefiere alguno (s) en particular?

Deben ser como 15 títulos desde 1983 cuando publiqué el primero, Las palabras de otro. No hay ninguno preferido. Pero si tuviera que elegir, salvaría Voces de América Latina. El último, Vida de café, me gusta mucho. Pero uno tiende siempre a inclinarse por el que está más cercano en el tiempo. Preferir, lo que se dice preferir, prefiero el que aún no se ha publicado.

Noemí Castro: ¿Cómo organiza su tiempo Ciro Bianchi para hacer tantas cosas? ¿Cuánto tiempo dedica a la lectura?

Organizándolo hasta dónde se puede. Y estableciendo las prioridades de rigor. Luego, dedicando mucho tiempo al trabajo. El día ideal es aquel en que empiezo a trabajar a la una de la tarde hasta las ocho y vuelvo después de las diez de la noche hasta las tres. Pero esos días ideales no siempre son posibles porque hay que hacer otras cosas. Las filmaciones del programa de TV son los lunes. Hay otro día dedicado a las grabaciones del programa de Radio Miami —dos semanales—  y debo dedicar tiempo a instituciones que piden alguna conferencia, asesorar tesis de jóvenes estudiantes, etc. En esas jornadas, invierto no poco tiempo en contestar los correos de los lectores del periódico. A diario los leo y los contesto todos.

Daniel: ¿Por qué considera que la historia más reciente del país (60s, 70s, 80s...) se trata tan poco en nuestros medios?

Todo eso se hará a su debido tiempo. Lo que me preocupa es que la prensa de hoy esté dejando demasiados espacios sin llenar. Si, como decía Carpentier, el periodista es el cronista de su tiempo, y esa crónica no existe, va a resultar muy difícil escribir mañana la crónica de hoy.

Iván: ¿De qué parte del sombrero saca usted los temas que siempre se hacen interesantes?

Salen de alguna parte. Le aseguro una cosa, si el tema no me resulta interesante a mí mismo, no lo escribo y desisto de seguir haciéndolo en cuanto el tema me aburre. Hay sin embargo temas aburridos que pueden manejarse y hacerse legibles con la organización adecuada del material. Si cuando abordas un tema, por novedoso que sea, empiezas por lo manido, sabrás que nadie te seguirá más allá del segundo párrafo. Los íntertítulos ayudan bastante.

Silvio Cruz: ¿De dónde saca tanta información? ¿Es tan abarcadora su biblioteca?

Es bastante amplia, aunque no siempre con todo lo que uno quisiera. El sistema de fichas resulta siempre eficaz. Uno hace fichas de lecturas diferentes pero afines, y a veces al final, la página del periódico está en la propia ficha.

Mara Bell: ¿Quiénes son sus escritores favoritos?

Hay escritores sobre los que vuelvo siempre. Martí, Carpentier, Lezama, Eladio Secades… Entre los periodistas, las lecturas de los materiales de Enrique de la Osa y Mario Kuchilán se hacen reiteradas.

Y ahora que menciono a Kuchilán, recuerdo que fue en este periódico donde publicó sus fabulosos Fabularios, que contribuyeron a dar otra visión de la Revolución del 30, el golpe de Estado del 4 de septiembre y el primer gobierno de Grau. Ahí tiene un antecedente de lo que hago ahora. Claro, que sin la chispa y la gracia que Kuchilán supo imprimir a lo suyo.

Kiel Díaz: ¿Ha tenido la posibilidad de viajar? ¿Tiene crónicas de viaje?

Tengo algunas crónicas de viaje: Etiopía, Angola, Nicaragua, a donde he ido como periodista. De otros países me hubiera gustado escribir y nunca lo hice.

Rozabel Rodríguez: Cuéntenos de su relación con Lezama…

Conocí a Lezama desde 1965 o antes, y conversé con él por primera vez en 1968, en la Biblioteca Nacional, el día que ofreció allí su conferencia autobiográfica Confluencias. Ya la amistad no se interrumpió. Lo entrevisté por primera vez en 1969. Si hubo un rasgo que lo definiera, fue el de su generosidad. Pocos escritores de su envergadura en Cuba compartían como él sabía hacerlo, su tiempo y su saber. Tenía algo de elfo, de viejo sabio niño.

Daniel Salas: Ciro, ¿cómo usted embullaría a un joven cubano a leer los libros de Lezama Lima? ¿Qué le puede decir a la cultura tan poco libresca de nuestros jóvenes, el mayor poeta de Cuba?

Creo que pudieran empezar por el final. Su último libro, Fragmentos a su imán, de poesía. Y pasar de ahí a los cinco capítulos iniciales de Paradiso, que recogen la vida de una familia cubana de fines del XIX y comienzos del XX. Sucesivas o Coordenadas habaneras pudieran estar también en el comienzo por su apasionante y personal visión de nuestra capital. Creo que, por su cubanía, terminaría ganando a los más jóvenes.

Daniel Valdés: ¿Qué parte de la ciudad lo incita más a la investigación? ¿A qué tema o localidad le debe todavía algunas líneas?

Creo que gran parte de lo que he escrito sobre la vida republicana se desarrolla en el Vedado. El Vedado sigue siendo para mí lo mejor de La Habana. Para vivir, quiero decir. Me gustaría escribir mucho más sobre Lawton.

Víctor Manuel Rodríguez: Profesor, ¿pudiera usted abordar en su columna algunas de las reacciones más connotadas que generaron las  palabras de Fidel a los intelectuales cubanos en 1961?

Pudiera hacerse. Pero recuerde que cuando se cumplieron 40 años de ese discurso en la Biblioteca Nacional, se recogieron no pocas opiniones de intelectuales que estuvieron allí. Lisandro Otero dedica no pocas páginas a este asunto en su libro de memorias Llover sobre mojado.

Eduardo Sagaró: En semanas pasadas usted escribió un artículo sobre las historias del Capitolio, en el cual se refirió al asesinato por orden de Machado de mi abuelo Bartolomé Sagaró Benítez. Me gustaría que me diera información sobre los móviles de ese hecho.

No tengo la información completa. Sagaró, que era Representante a la Cámara, comenzó a oponerse a Machado o a entorpecerlo en el Congreso, y Machado se lo quitó de arriba. Le prometo que averiguaré.

Jeannette Carrion: Soy boricua. ¿Piensa abordar la relación histórica entre Cuba y Puerto Rico en próximos trabajos?

Algo he hecho en ese sentido. Pero confieso que no de manera suficiente entre pueblos que tienen tanto en común. Me gustaría abordar el tema por el lado musical.

Carmen Maury: ¿Qué era antes el edificio donde radica La Casa de las Américas? ¿La ubicación de La Unión Árabe de Cuba en Prado (Habana Vieja) tiene que ver con algún antecedente de esa cultura en el lugar? ¿Existe algún templo budista o mezquita en Cuba?

El espacio de la Casa lo ocupó una casa particular. Luego la Unión Colombófila construyó el edificio que ocupó la Casa en 1959. Allí radicada al mismo tiempo la Federación de Escritores Americanos y, entre otras dependencias, una sucursal del Banco Continental. Por cierto, que fue en sus salones donde en 1956 se celebró el llamado Diálogo Cívico, conversaciones entre representantes del gobierno de Batista y de la oposición tratando de buscar este una solución al problema de Cuba. Querían que se sacaran a elecciones todas las candidaturas, incluida la del Presidente. Batista, lo más que prometió, fue sacarlas todas, menos la suya. Luego ni eso y el Diálogo fracasó.

Tony: ¿Cómo y cuándo surgió el reparto Alamar y a qué le debe ese nombre?

Alamar como reparto viene de mucho antes del triunfo de la Revolución, cuando La Habana del Este era aún un proyecto que se revalorizaría con la construcción del Túnel de La Habana. Se llama así por el propietario de los terrenos, el Doctor Alamilla, abogado.

Fabricio Iván: ¿Cuál es la historia real del edificio conocido por «el de los ataúdes», que se encuentra ubicado en el Malecón, muy cerca del Prado?

He hecho  esa pregunta a especialistas en el tema de las construcciones y no tienen una respuesta. Algunos arquitectos, como Mario Coyula, me la han hecho a mí, e ídem. Se dice que murió el hijo o la hija del dueño del edificio y que este decidió hacer que los balcones parecieran ataúdes. Pero no creo que nadie sea tan siniestro.

Rafael Ramírez: ¿Usted pudiera abordar en algún trabajo la historia de  la extinta Universidad de Santo Tomás de Villanueva?

Abordarla podría. Veremos cuándo.

Marlene: Me pudiera dar información sobre el General de la Guerra de 1895 Clemente Dantin Félix, nacido en Candelaria Pinar del Río.

Nació en Candelaria, el 27 de septiembre de 1846. Se alzó en Güira de Melena en 1895 al frente de 67 hombres. Combatió en Matanzas bajo las órdenes de García Vigoa y se incorporó a la invasión con el grado de capitán.

Combatió en Dos Marías, Calimete y Palmar. En 1896 fundó el regimiento Manjuarí, subordinado al ya general García Vigoa, del Qunto Cuerpo del Ejército Libertador que operó al sur de Matanzas. Combates La Diana, Auras, San Benito… Herido en el combate de Hato de Jicarita. Herido grave en Bolondrón. En 1897, Máximo Gómez lo comisiona para que busque armas y municiones en Las Villas. Participa en varios combates y resulta herido grave. Fue alcalde de Bolondrón en 1899 por designación del gobierno interventor. Y luego, por elección en 1900. Murió en San Cristóbal, Pinar del Río, en 1904.

Llania Fernández: ¿Conoce algo de algún ingenio llamado Santa Rita por la región de Guanabacoa, según cuentan era propiedad de Don Francisco de Arango y Parreño, y sus ruinas están en un pueblito de la afueras llamado precisamente Arango?

No lo conozco. Siempre pensé que las ruinas del ingenio de Arango estaban en lo que hoy es La Habana campo. Pero no en Guanabacoa.

Miguel A. Martínez. Sabe algo de un clavo de oro que se incrustó junto a los pies de la estatua de Martí en el Parque Central y que serviría para su reparación y mantenimiento.

No sé nada acerca de ese clavo milagroso. Emilio Roig no dice nada al respecto, ni tampoco la profesora Maral Iglesias.

Máximo del Valle: ¿Ha pensado en la posibilidad de publicar un libro sobre la Guerra de Independencia Cubana, si no en su vertiente puramente histórica, al menos en su faceta anecdótica a semejanza de sus relatos periodísticos?

Me gustaría hacerlo. Aunque pienso que en buena forma está escrito desde hace muchos años. Son las Viejas postales descoloridas de Federico Villoch. Pero acepto su sugerencia.

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