Las supuestas vidas de Evelyn Pérez

La escritora Evelyn Pérez mereció el Premio de Cuento Luis Felipe Rodríguez de la UNEAC 2007 por su obra Supuestas vidas

Autor:

Giovanni Fernández Valdés

Con el libro Supuestas vidas (Ediciones Unión), la escritora Evelyn Pérez, ganadora del Premio de Cuento Luis Felipe Rodríguez de la UNEAC 2007, penetra no solo en los pensamientos de sus personajes, sino que juzga sus acciones y compromete al lector en cada suceso que acaece en la historia.

Los personajes de Evelyn, aunque juegan con lo burlesco y lo irónico, comparten una tristeza que los lleva a desear la compañía de «alguien» que en realidad los agobia y no les permite ser ellos mismos, porque ya están marcados por una soledad que los invade y los conduce a una inacción social, y al resentimiento de no haber experimentado «otra vida».

En el relato Y cuánto más tendremos que esperar se emplea una estructura de gradaciones, en la cual la autora va introduciendo de manera lenta los datos necesarios para poder entender la relación entre el joven y la niña. El juego de «los ahorcados» introduce determinadas palabras como patológicamente y epidemia, que nos van mostrando el carácter psicológico de los personajes: una muchacha inteligente a la que nunca logramos entender exactamente sus propósitos y un joven que no sabe lo que quiere, pero se deja conducir a un abismo intelectual que trasciende a una reflexión sobre los cuerpos y las almas.

Con el cuento Yo también estuve una noche con Dazra Novak, la escritora, tal vez, pierde el sentido de narrar una historia convincente por jugar con el nombre y discurso de un personaje como Dazra Novak. Si bien sonreímos con las peripecias de desencuentros de un hombre para tener relaciones sexuales con la escritora de cuentos eróticos, la estructura discursiva cae en su propia trampa: se pierde el sentido de lo que se pretende decir y la historia queda colgada prácticamente en un vacío de palabras.

La historia redunda una y otra vez en un hombre buscando a una mujer que al final lo decepciona. Se pierde la posibilidad de ahondar en la psicología de los personajes, ni siquiera se pretende un acercamiento a sus creencias o principios, los seres se mueven solo bajo instintos que ni ellos mismos comprenden a ciencia cierta. Se realiza la ya tan acostumbrada crítica a las carencias materiales de manera jocosa y se pierden momentos de un diálogo interesante entre Novak y el hombre que desea encontrarse con ella en una fiesta de intelectuales.

El texto mejor articulado y con una estructura narrativa impresionante es La Habana no es París, que, en alguna medida, está dedicado al escritor argentino Julio Cortázar y a su reconocida novela Rayuela.

El personaje Lucía establece comparaciones entre la historia de su existencia y la que se narra en Rayuela, se imagina encontrándose en las calles con Horacio Oliveira (el protagonista de la historia de Cortázar) y conversando en un café, pero sabe que La Habana no es París...

Lucía cree que su hijo va a morir tan lamentablemente como el personaje-niño Rocamadour en el texto de Cortázar. La desesperación, el desánimo, la enajenación, los temores, son reflejados por Evelyn Pérez con una habilidad narrativa que enlaza las gradaciones verbales con cortas citas de la novela.

El personaje descubre que su vida jamás ha sido como la del libro y lo que sucede en Rayuela está solo en la mente de Cortázar, y que si pretende seguir esperando que le sucedan cosas semejantes al texto, perderá el sentido de su existencia. Lucía está en un nivel de paroxismo y locura «controlada» que la escritora logra expresar al emplear solo el punto y seguido, alcanzando un momento donde lo racional y los instintos más elementales se fusionan.

Lucía se percata de que para vivir se precisa del desafío de lo cotidiano, de enfrentarse a la verdad que se le presenta sin idear falsos mundos por donde evadir sus instintos, sus sentimientos e ideales. Evelyn Pérez, sin dudas, nos permite una hendija natural por la cual salir de nuestras «supuestas vidas» a un universo de palabras y acciones que nos hagan ser más auténticos y menos infelices.

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