Lo mejor en cine de una década inconclusa

La revista Film Comment y el sitio web www.cinematropical.com han publicado sus respectivas nóminas sobre los mejores filmes de la primera década del siglo XXI que, según ellos, concluyó en diciembre pasado

Autor:

Joel del Río

Por numerosos medios especializados, y no tanto, pero sobre todo a través de Internet, se están divulgando últimamente selecciones que intentan nombrar los mejores filmes de la primera década del siglo XXI, como si ya hubiera concluido. De todas formas la avidez por hacer resumen y trazar pautas impulsa a los estudiosos del arte a todo tipo de conclusiones abarcadoras, y a seleccionar los hitos ante el supuesto cierre de un período de tiempo. Así, la revista especializada en crítica cinematográfica Film Comment, y el sitio web www.cinematropical.com han publicado sus respectivas nóminas sobre los mejores filmes de una década que, según ellos, concluyó en diciembre pasado.

Dada la seriedad de ambas publicaciones, amerita conocer los resultados de las encuestas que aplicaron entre decenas de prestigiosos críticos, programadores, académicos y cineastas. Ante la imposibilidad de publicar íntegramente los resultados, como tal vez desearía algún cinéfilo curioso, nos referiremos solo a algunos de los escaños de tales listas —la de Film Comment consagrada mayormente al largometraje de ficción de cualquier país; y la de cinematropical, especializada en películas latinoamericanas de ficción y documentales.

Entre los 50 primeros lugares de Film Comment, los países citados con mayor frecuencia son Estados Unidos (16) y Francia (9); destaca la presencia de filmes asiáticos, particularmente de China, Hong Kong, Taiwán y Tailandia (13 títulos si se toman en conjunto estos cuatro), mientras que otros prestigiosos productores como España, Dinamarca, Rusia o Japón, lograron colocar solo un título en el referido medio centenar.

El único realizador que ostenta un doble entre los diez más votados es el tailandés Apichatpong Weerasethakul (Síndromes y un siglo y Enfermedad tropical), apenas conocido o exhibido en nuestras pantallas, mientras que aparte de Estados Unidos, el único país que alcanzó a ser mencionado más de una vez fue Rumanía, con La muerte del señor Lazarescu (Cristi Puiu, 2005) y la desoladora 4 meses, 3 semanas y 2 días (Cristi Mungiu, 2007). Como era de esperar, aparecen en puestos destacadísimos In the Mood for Love (Wong Kar Wai, Hong Kong, 2000), Un uno y un dos (Edward Yang, China, 2000), Plataforma (Jia Zhangke, Hong Kong, 2000), El intruso (Claire Denis, Francia, 2004), El hijo (Jean-Pierre & Luc Dardenne, Bélgica, 2002), Dogville (Lars von Trier, Dinamarca) y Caché (Michael Haneke, Francia, 2005).

Hubo otros autores cuyas poéticas fueron exaltadas generosamente o que en realidad sostuvieron el empuje de los años 90: el especialista en deslumbrantes animados japoneses Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro, 2001); los veteranos de la nueva ola francesa Agnès Varda y Jean Luc Godard (Las espigadoras y yo, 2000; y Elogio del amor, 2002), respectivamente; el taiwanés Tsai Ming-liang (recordado con tres títulos:  Goodbye, Dragon Inn; Qué hora es allá y No quiero dormir solo), el manchego Pedro Almodóvar (clasificó alto Hable con ella, pero ni rastro de sus posteriores y parciales logros); el portugués Pedro Costa, del cual hemos visto en Cuba apenas algún filme y que alcanzó numerosos votos por Juventud colosal (2006) y En el cuarto de Vanda (2000), y el ruso Alexander Sokurov con su polémica aunque exquisita El arca rusa (2002).

En cuanto a las norteamericanas más valoradas, además de las dirigidas por David Lynch —que ocupó el pináculo con su críptica y surrealista Mulholland Drive (2001) y fue mencionado en el lugar 26 con la aún más enigmática Inland Empire (2006)— apenas aparecen aquellos máximos ganadores de Oscar, estilo la trilogía El señor de los anillos, que uno esperaría encontrar, sin lograrlo, en algún rincón de la larga lista. Alto en la consideración de los especialistas quedaron la épica petrolero-filial There Will Be Blood (P. T. Anderson, 2007), Historia de violencia (David Cronenberg, 2005) y la estetizada y ecológica versión de la leyenda de Pocahontas titulada El nuevo mundo (Terrence Malick, Estados Unidos, 2005).

Más abajo, pero todavía en puestos importantes, aparecen Zodiac (David Fincher, 2007), la violenta e irrefutable Elephant (Gus Van Sant, 2003), la comedia The Royal Tenenbaums (Wes Anderson, 2001) y la romántica Antes del atardecer (Richard Linklater, 2004). Para encontrar un título campeón en cuanto a los premios Oscar hay que descender hasta el 33, donde aparece No hay país para viejos (2007) de los hermanos Coen, o hasta el 47, donde quedó Million Dollar Baby (2004), de Clint Eastwood. De los exitazos taquilleros solo clasifican Inteligencia artificial y Los infiltrados, las dos únicas películas de Steven Spielberg y Martin Scorsese ubicadas entre las 150 elegidas.

Para terminar con la selección de Film Comment, quiero subrayar que la única película latinoamericana contemplada entre los primeros 50 títulos de su selección fue la argentina La mujer sin cabeza, de Lucrecia Martel. Y tal desestima apunta a prejuicios permanentes, o a la franca desinformación de los especialistas consultados, que fueron, sobre todo, norteamericanos y primermundistas. Para aplacar un tanto, tales lagunas e injusticias, y tratar de ofrecer una visión más completa, me remito a la selección de las mejores películas latinoamericanas según encuesta publicada en el sitio web cinematropical.com entre 32 especialistas de esta región radicados en Nueva York. Aquí la selección la encabeza también Lucrecia Martel, pero con La ciénaga (2000), mientras que sus otros dos largometrajes de ficción, La mujer sin cabeza (2007) y La niña santa (2004), alcanzaron nada menos que los lugares ocho y nueve, respectivamente.

El cine argentino fue el más votado con 37 escaños, seguido por el brasileño (30), el mexicano (21) y el chileno (8). Los primeros puestos se los compartieron los mexicanos Alejandro González Iñárritu (Amores perros en el segundo lugar), Carlos Reygadas (Luz silenciosa, tercer lugar; Japón en el 14; Batalla en el cielo en el 96), Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, sexto lugar) y Guillermo del Toro (El laberinto del fauno, onceno lugar); los brasileños Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, cuarto lugar), José Padilha (Ómnibus 174, quinto lugar; Tropa de élite en el 47) y Karin Ainouz (Madame Satá quedó en el lugar 14 y El cielo de Suely en el 27); y los uruguayos Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll (Whisky en el noveno lugar; 25 Watts en el 47).

Entre las 121 entradas provenientes de 13 países latinoamericanos, los directores preferidos fueron —aparte de Lucrecia Martel— el documentalista brasileño Eduardo Coutinho, con cuatro menciones (Peones, Juego de escena, El fin y el principio y Edificio Máster); el argentino Pablo Trapero, con otras cuatro (El bonaerense, Leonera, Nacido y criado, Familia rodante); y con tres cada uno los argentinos Lisandro Alonso (La libertad, Los muertos, Liverpool) y Carlos Sorín (Historias mínimas, Bombón el perro, El camino de San Diego), así como el mexicano Carlos Reygadas.

Fueron elegidos solo cinco filmes cubanos, o con participación importante de talento nuestro: por supuesto Suite Habana (Fernando Pérez), seguido por las comedias satíricas Nada (2001, Juan Carlos Cremata) y El cuerno de la abundancia (2008, Juan Carlos Tabío), además de los documentales El telón de azúcar (2005) y Soy Cuba, el mamut siberiano (2005), realizados, respectivamente, por la cubano-chilena Camila Guzmán, y por Vicente Ferraz, egresado brasileño de la EICTV de San Antonio de los Baños.

En un conjunto de filmes tan prolongadamente avalados, sorprendió la presencia en la nómina de obras muy recientes como la chilena La Nana, clasificada en el número 13, y la peruana La teta asustada, en el 18, lo cual da idea de la dinámica evolución que ahora mismo registran varias cinematografías de Latinoamérica.

Los críticos consultados al parecer no habían visto la argentina El secreto de sus ojos —que integraba, junto con La teta asustada, el grupo de nueve cintas preseleccionadas para competir por el Oscar a la mejor película extranjera, y además estaba postulada a nueve premios Goya—, porque tal vez la hubieran votado. Independientemente de los premios que se añadan a la película argentina y a la peruana, ambas son obligatorias en cualquier selección sobre el mejor cine latinoamericano de la década. Así ocurrirá cuando la década acabe, en diciembre de 2010.

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