En la pintura soy más yo

Alberto Pujol acaba de hacer lo que llama su segundo «disparo de advertencia». Pecios, continuadora de su primera muestra, es también el tormento de un hombre que se niega a ver desvanecerse valores de su ciudad

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

La casualidad me ha abierto puertas insospechadas. He llegado a personas inalcanzables y a proyectos ocultos. He ganado sonrisas, amigos y entrevistas.

Por eso Alberto Pujol no dejó de sonreír cuando escuchó mi nombre nuevamente, en la primera vez de su segunda ocasión. «¿Acaso eres la periodista de mis primicias?», me preguntó. Pues sí, le contesté. Y es que, horas antes de mostrar el resultado de su trabajo pictórico el pasado diciembre, en su primera exposición personal titulada Truene y relampaguée, el azar me puso en su camino y, periodista al fin, no desperdicié la oportunidad.

Ahora, en vísperas de inaugurar Pecios, su segunda muestra, en exhibición hasta el 16 de mayo en la galería Espacios (Hotel Oasis Panorama), la historia se repitió curiosamente.

Mejor, digo yo y reafirma él: «Ciertamente, cuando las cosas vienen solas, sin forzarlas, todo sale mejor. Es preferible no indagar».

Precisamente con el ánimo de indagar en lo más hondo de un artista, inundado de inquietudes y explorador de nuevos caminos para canalizarlas, encendí mi grabadora y aproveché los minutos que Pujol, amablemente, me regaló.

—¿Cómo concibió Pecios en tan poco tiempo?

—Gracias a mi primera exposición. Truene y relampaguée fue muy difícil porque se trataba de romper el hielo. En ella decidí mostrar una pintura con menos recursos aunque más elaborada. Por esa parte, Pecios tuvo ventajas. Las piezas tienen formatos más cómodos, más grandes; dispuse de más recursos y eso garantiza cierta facilidad también.

«Desde el punto de vista técnico, en esta muestra hay más pasión, más soltura. Hay momentos de ruptura, de divorcio de los fondos con los objetos que están en primer plano. La visión bajo el agua es distinta a fuera de ella, y traté de reflejar eso a través del uso de falsas perspectivas, distorsiones. La coloratura también es diferente, vívida.

«Hice ahora lo que no quise hacer en aquella. A partir de Hundirnos en el mar, uno de los cuadros que presenté en aquel momento, quise continuar... A mí esa opción (de hundirnos) no me agrada. Por eso a partir de una visión dejada en ese cuadro, ahora me acerco a qué sería de la ciudad y de cuanto hemos construido si inevitablemente dejamos que se pierda. Pecios es, ante todo, un disparo de advertencia».

—Sin embargo, no deja de ser optimista...

—De eso se trata. Llamo la atención sobre la necesidad de evitar que perdamos valores, sentimientos, objetos y que aun en el peor de los casos sigamos el más débil rayo de luz que se asome. Por eso en las piezas hay algunos elementos que utilizo para realzar esa idea. Por ejemplo, hay escaleras infinitas que reflejan la urgencia de continuar; hay cuadros con cierta luminosidad detrás que te dicen que siempre está pasando algo... En el cuadro La cruz perdida represento los valores que perderíamos y que no creo que nos podamos dar el lujo de perder. Esa cruz dice que hay que enfrentarse a otras cosas, explorar nuevas realidades... para salvarnos, incluso. El hombre no se debe detener, sería un pecado.

—Cabe preguntarse entonces, ¿actor, compositor o pintor?

—Soy las tres, aunque no se me ocurriría asociar al Alberto Pujol actor con el músico o con el pintor. No porque tenga tres personalidades, es que me manifiesto diferente en las tres. Lamentablemente, en las dos primeras necesito de mucha gente. La música tiene que ver con el que tocará los instrumentos, cómo transmitirle a los músicos lo que quiero; en la actuación interpreto a partir de lo que me pide el guión... Sin embargo, en la pintura eres tú mismo, soy yo verdaderamente.

«Por supuesto, soy el que compone y en muchas ocasiones soy el que actúa pero no soy los personajes que interpreto. Tengo la capacidad de ser dócil ante la petición de un director, hago lo mejor que puedo para complacer su expectativa y la del público, pero no soy yo.

«Nadie me dice lo que debo pintar. Creo que el día que deba adecuarme a otra visión, a un guionista en la plástica, dejaría de pintar. Me niego rotundamente a irrespetar la espontaneidad, la cuestión creativa. Es un arte genuino, de mucho respeto, responsabilidad y creatividad, me niego a aceptar que puede ser por encargo. Tal vez un creador me propone un tema y todos nos acercamos a él desde la visión individual. Pero no me pidas que te pinte una cafetera con manzanas. Mira la que yo en algún momento pinté, y si te gusta, está bien. Mi asunto no es vender.

«Soy feliz con mis cuadros, se expongan o no. Con la música igual, me hace vibrar un acorde musical, una orquestación; con sentirla me basta. Tanto es así que hay temas que se darán a conocer ahora y ya llevan diez años de creados. Nadie los había escuchado, solo yo. Espero que las cosas lleguen solas, me han enseñado el arte de esperar».

—Del Alberto Pujol que conocemos se esperaría una pintura más desenfadada...

—No soy tan desenfadado como aparento. Para lograr esa naturalidad en la actuación tengo que trabajar mucho. Puede parecer muy espontánea, pero detrás hay mucha elaboración, pienso cómo hacer cada milisegundo y en eso soy muy estricto.

«A veces me ven muy popular, muy alegre, porque es la imagen que la gente tiene después del resultado de mi trabajo, es lo que transmiten mis personajes. Yo soy un hombre sincero de donde crece la palma, no puedo decir mentiras, no me gusta crear una falsa imagen de mi persona y a veces la gente tiene ideas de mí que no son reales.

«No soy tan optimista. En mis pinturas demuestro cuán apocalíptico soy y no puedo hacerlo con tres o cuatro trazos en el lienzo. En ese caso no puedo ser tan desenfadado. Me gusta trabajar y que se vea el esfuerzo y la dedicación en lo que hago.

«Soy muy barroco tal vez, pero eso no está en mí porque me guste sino porque necesito y disfruto trabajar. Necesito mostrar que llego a algo después de mucho trabajo. Es inevitable».

—¿Seguirá mostrando sus preocupaciones en próximas piezas?

—Seguramente que sí, aunque pueden ser otros mis motivos. A pesar de que hace 20 años que pinto me considero un joven pintor porque es ahora cuando incursiono en este mundo públicamente, para mostrar mis ideas. Cualquier tema puede surgir pero, eso sí, la técnica y los recursos serán los mismos.

«Estoy buscando mi estilo, mi sello personal. Soy muy celoso con eso, con la permanencia de mi estilo. No sé si en la actuación lo haya logrado tanto como he querido, pero en la plástica sí quiero lograrlo».

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