Al compás de la Viajera Peninsular

Cubadisco 2010 está dedicado a la música campesina y a todos los repentistas del mundo. Homenajeará en esta ocasión a distintas figuras de la cultura cubana, entre ellas Celina González, Inocente Iznaga y Adolfo Alfonso

Autor:

Yunet López Ricardo

Vino desde España y se aplatanó en nuestra tierra, dejó la viña y el pomar soñando con la caña, los sinsontes y el café. La hija de don Vicente Espinel se enamoró de los guajiros cubanos. Juan Nápoles supo cómo seducirla en el palmar, cuando al vaivén de una hamaca la dejó cubierta de besos cucalambeanos en las cuerdas de un laúd. La damisela española se hizo cubana.

Coqueta y zalamera, supo emborrachar de amor a Gustavo Tacoronte, Ficho Guía, Pedro Guerra, Antonio Camino, Adolfo Alfonso, Rigoberto Rizo, Chanchito Pereira y otros representantes de la espinela en los años 40.

La vieron en Campo Armada llenar de aplausos un estadio cuando salió entre metáforas y aliteraciones de los labios de Jesús Orta Ruiz y Ángel Valiente. ¡Qué audaz el Indio y cuán valiente el ángel para llevarla a protagonizar la mejor controversia del siglo XX!

Espinela criolla, novia de cientos de amantes, aún las palmas reales son testigos de sus romances con Omar Mirabal, Luisito Quintana, Luis Paz, Alexis Díaz, Leandro Camargo… Qué secreto oculta en sus diez vestidos para enamorar a tantos poetas.

La décima, una estrofa de diez versos octosílabos con rima consonante, viene de la tradición poética española lírica, y fue resultado de la evolución de la estructura de la poesía. En compañía de los conquistadores, la espada, la cruz, la bandera y el diccionario de la lengua llegó a América para hacerse popular entre los campesinos y la gente sin tierra.

Futuro asegurado

¡Canta pequeñita, canta!, escucho que le dice bajito su profesor. La niña lo mira con unos ojos enormes y asiente tan decidida con su cabecita rubia, que la rosa que le adorna el pelo cae y rueda por el piso. En unos segundos está en la escena cantando una tonada guajira. Su nombre es Mariakarla Vera, tiene solo cuatro años, pero es uno de los retoños de los talleres de Repentismo Infantil que desarrolla el Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI).

«Cuando sea grande quiero ser poeta y cantar todos los días», me dijo sonriendo cuando me acerqué a felicitarla por tan brillante actuación.

Los talleres de repentismo imparten clases a niños y adolescentes hasta la edad de 15 años, aunque la mayoría de los que concluyen los estudios no se apartan de la tradición y mantienen su vínculo con el profesor y los demás integrantes del proyecto.

«Tengo 17 años y hace diez que estoy cantando punto cubano. Puedo decir que la décima es mi vida; siempre me acompaña y no la abandonaré nunca, porque cuando canto puedo volar», confiesa Leanet Ulloa, egresada de los talleres.

Su compañero en estas andanzas, Ernestico Guerra, reconoce que a él le sucede algo muy parecido. «Nací para ser poeta; lo llevo en la sangre. No pasa el día sin que improvise o escriba algo, y hacerlo es llenar mi alma de lo que más necesito: poesía».

Dice el poeta Waldo Leyva Portal, antiguo director del CIDVI, que «lo esencial es atraer a los jóvenes a nuestras raíces campesinas, y sobre todo a los niños. Es hermoso verlos cantar desde pequeñitos, superarse, ir a la universidad, y saber que salieron de allí, del aula de repentismo. Podrán ser improvisadores en el futuro o tal vez no, pero se acercaron a una tradición que les pertenece y la aman».

En Cuba se desarrolla un fuerte movimiento para cultivar la décima en la infancia y la juventud. «Existen actualmente 89 talleres especializados de Repentismo Infantil. Más de 2 000 niños y adolescentes reciben clases de repentismo impartidas por excelentes poetas improvisadores, las cuales consolidan el trabajo del CIDVI para la preservación de la décima en Cuba, y además se desarrollan encuentros, festivales iberoamericanos de la décima, peñas campesinas, grabación de discos y otras actividades que propician el estudio de la espinela en Cuba, aseguró Haydée Hernández, especialista de los talleres.

De la pluma y de la voz

«No, no me atrevo a improvisar… Lo hago en broma, con los amigos, algunas veces, pero concretamente subir a un escenario a cantar y a improvisar, nunca, y no creo que pueda hacerlo jamás», reconoce Waldo Leyva, escritor de libros que plasman la excelencia de este género.

«Pienso que la improvisación es la lectura hermosísima de un arte en ebullición creativa permanente, sin posibilidad de reposo, y por lo tanto de enorme complejidad; el poeta tiene que estar respondiendo a muchas expectativas al mismo tiempo, para con su poesía satisfacerse a sí mismo, y al público que le escucha», explica.

Los improvisadores cumplen condiciones impuestas a través de la interacción con el público, como el pie forzado. «Son artistas impresionantes; dicen todo lo que desean en un corto período de tiempo y además no olvidan los recursos literarios. Están provistos de una aguzada memoria, no solo para prevenir y evitar repeticiones de la rima, sino también con el objetivo de agradar a los oyentes», destaca el laudista Eduanis González.

La décima oral expresa una comunicación directa, inmediata. Se apoya en los recursos comunicativos y en ese sentido en las leyes de la improvisación. «Importa más el impacto, el reconocimiento del diálogo y la comunicación, que la eficacia literaria, lo cual no quiere decir que la décima oral en Cuba no tenga una belleza poética», esclarece Leyva.

Al mismo tiempo, la improvisación somete a sus cultores a un elevado riesgo. Según la poetisa y escritora Gisela Rizo, «son muy escasos segundos para conformar una secuencia lógica: me gusta hacerlo, pero no siempre sale bien, y la posibilidad inminente de errores es también coercitiva».

Para «infortunio» de los improvisadores, los deslices que el repentista comete en un guateque durante la improvisación ya no se los lleva el viento: la tecnología se ha encargado de que perduren. «Nunca olvido la grabadora; con ella conservo todas las controversias de la canturía», asegura Vicente Hernández, laudista y admirador de la décima cubana.

El repentista Lázaro Palenzuela admite que «no es nada fácil saber que están grabando todo lo que estás diciendo, pues los nervios se ponen de punta; sin embargo, hay que continuar». Aun así reconoce que ese registro no es del todo negativo. «Gracias a esto se han rescatado del olvido bellísimas espinelas que, como ya sabemos, requieren de un gran ingenio».

Dentro de la improvisación existen diferencias: está la décima oral improvisada, que responde a la inmediatez del momento; la no improvisada, escrita para cantarse, que  debe ajustarse a las tonadas; y la que se escribe para ser cantada como si fuera improvisada, la cual pretende dar la impresión de que se está creando en ese instante.

En Cuba los poetas que escriben generalmente no reniegan de la improvisación. Es que la décima forma parte de nuestra tradición literaria.

Redonda como un CD

El Cubadisco 2010 está dedicado a la música campesina y a todos los repentistas del mundo. Homenajeará en esta ocasión a distintas figuras de la cultura cubana, entre ellas Celina González, Inocente Iznaga y Adolfo Alfonso.

La Feria cuenta con la participación de cultores cubanos y extranjeros del repentismo, así como de niños, quienes mostrarán las tonadas y habilidades que han aprendido.

Como saludo a la fiesta del disco cubano, la gira nacional Se formó la guajira, dirigida por Alexis Diaz-Pimienta, regaló 13 conciertos el pasado febrero.

La espinela criolla constituye una autentica tradición cultural cubana, y para Diaz-Pimienta, presidente de Honor del Cubadisco, «es maravilloso que esta sea la protagonista del Cubadisco 2010, y que nuevamente nos guíe e ilumine. «¡Gracias, Vicente Espinel, por la bendición de esta estrofa!».

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