Sergio Guerra Vilaboy, tras la gesta emancipatoria de América Latina - Cultura

Sergio Guerra Vilaboy, tras la gesta emancipatoria de América Latina

El profesor, ensayista e investigador Sergio Guerra Vilaboy se alzó con el Premio Extraordinario por el Bicentenario de la Emancipación Hispanoamericana convocado por Casa de las Américas con su libro Jugar con fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina

Autor:

Giovanni Fernández Valdés

Desafíos, guerras, utopías perdidas por incomprensiones e ignorancias, amores, hombres con un pensamiento profundo que lucharon por una nación libre, son algunos de los engranajes que conforman la historia de Nuestra América.

Acercarnos a los movimientos emancipatorios que se gestaron hace 200 años nos convida a pensar y analizar lo que fuimos, pero también nos ayuda a construir lo que queremos ser. En la búsqueda de nuestro pasado, el profesor, ensayista e investigador Sergio Guerra Vilaboy, quien se alzó con el Premio Extraordinario por el Bicentenario de la Emancipación Hispanoamericana convocado por Casa de las Américas con su libro Jugar con fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina, no solo ha formado a varias generaciones de alumnos en la Universidad de La Habana, en la asignatura de Historia de América, sino que sus textos son de obligada consulta si deseamos aprender sobre nuestro continente.

—¿Por qué en su texto Jugar con fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina realiza un análisis comparado de la gesta como un proceso?

—Es lo que siempre he tratado de hacer como profesor e investigador de la Universidad de La Habana, porque América Latina es un continente con una veintena de naciones, y cuando impartes la asignatura de Historia de América debes hacerlo para analizar la evolución de los diferentes países, pues no tendría ningún sentido y no tienes tiempo de realizar un estudio de cada uno por separado.

«Lo mejor es visualizar los acontecimientos como un proceso, valorando dónde se dieron regularidades, excepciones y particularidades en un país determinado. Este ensayo es, en cierto modo, esa metodología de trabajo aplicada a determinados problemas de la lucha por la independencia, y donde antiguas colonias de España tuvieron un proceso en que coincidieron en época y tuvieron características comunes».

—¿Qué importancia tuvo Cuba en este análisis, siendo la gesta cubana en 1868?

—Algunos historiadores cubanos han planteado que en la Isla la conciencia nacional estaba rezagada en relación con otros países latinoamericanos y he tratado de demostrar que es falso. Al revés, probablemente en Cuba esa conciencia estuviera más avanzada que en otros territorios y que fueron otras razones de carácter económico, el temor a los acontecimientos de Haití, la enorme presencia militar española en la Isla, las reformas momentáneas que realizó España, y la oposición de los Estados Unidos, las que impidieron que Cuba alcanzara su independencia en ese período, pero eso no quiere decir que las problemáticas que llevaron a la independencia en otros territorios no estuvieran presentes en Cuba. Una prueba son las conspiraciones de José Antonio Aponte en 1812; en la década del 20 estuvo la de Soles y Rayos de Bolívar y la Legión del Águila Negra. No podemos dejar de señalar el pensamiento independentista de Félix Varela, quien en 1823 se lanza en una campaña de proselitismo a favor de la independencia y comienza desde Estados Unidos a elaborar su periódico El Habanero.

«Uno de los propósitos del libro es insertar la Historia de Cuba en la Historia latinoamericana porque, para poder entender la primera hay que verla dentro de esta otra gran historia, pero con sus particularidades».

—La influencia de la Revolución haitiana fue un factor para que los españoles jugaran con el fuego de la revolución, ¿por qué plantear esta tesis y cómo se desarrolla en el texto?

—Ese es un capítulo del libro para analizar cómo España, en determinado momento de la guerra, manipula a las masas populares contra los independentistas, valiéndose de las propias limitaciones de muchos sectores dominados por la aristocracia criolla —que quería solamente una independencia política, pero sin cambios sociales.

«España se aprovecha demagógicamente y “enarboló” algunas de las banderas que interesaban a las masas populares para echarlas a pelear entre ellas, principalmente las indígenas y las poblaciones esclavas. Lo llamo jugar con fuego porque estaban azuzando una sublevación contra los patriotas que sirvió para que el proceso se revirtiera y se incendiaran ellos mismos, es decir que no pudieron impedir el avance de la lucha independentista.

«Comenzó con la Revolución haitiana cuando España les dio la libertad a los esclavos para que se sumaran al ejército español y pelearan contra la Francia revolucionaria.

«En un determinado momento Toussaint Louverture estuvo en el ejército español porque les darían la libertad. Ahora, cuando el proceso se radicalizó y los esclavos se estaban liberando a sí mismos, Louverture se percató de que la verdadera liberación se lograba estando a favor de la Revolución haitiana. Los españoles jugaron con el fuego y encendieron aún más la pradera emancipatoria.

«También fue el caso de la primera y segunda repúblicas en Venezuela, cuando el propio arzobispo católico de Caracas incita a los esclavos para que luchen al lado de España, pero al final se unieron a Bolívar quien, en 1816, al desembarcar, decreta la abolición de la esclavitud total y no solo de los que se incorporaran a su ejército».

—¿Tienen alguna conexión los acontecimientos sucedidos hace 200 años y el momento histórico que estamos viviendo?

—En la introducción de este libro están de alguna manera enlazados por dos cosas, la primera porque se conmemoran 200 años de aquel proceso que no comenzó en 1810, sino con la sublevación de esclavos en Haití y su proclamación en 1804 como primer estado independiente latinoamericano.

«La segunda está impulsada por cómo esos acontecimientos se están repitiendo en el mundo de hoy y los cambios que se están sucediendo en el continente son la continuación de ese proceso. Es decir, cómo un grupo de países que desean cambios sociales en América Latina —lo que Chávez ha llamado Socialismo del Siglo XXI—, han reverdecido, como nunca antes, la idea de la unidad latinoamericana en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ¿eso no es recuperar el legado de los próceres de hace 200 años?, ¿esta no será la segunda independencia que quería Martí, no solo por los cambios sociales sino por la necesidad de la integración? Esperamos que se logre resolver los problemas insolubles que nos llegan hasta hoy. Ahora, ese proceso está minado de dificultades, peligros, emboscadas no solo de los que internamente no desean un cambio sino de las potencias más fuertes como Estados Unidos, por lo que se debe seguir luchando, como hace 200 años, por la verdadera integración de los países de Latinoamérica».

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