Que nunca les falte el espíritu de cubanía

Con el estreno en los cines de Nikita Chama Boom y los 40 años del gran Elpidio Valdés, símbolo indiscutible de los cubanos, sobran razones para conversar en exclusiva con el Premio Nacional de Cine, Juan Padrón

Autores:

José Luis Estrada Betancourt
Lisbet Rodríguez

El esperado regreso al cine de animación del gran cineasta cubano Juan Padrón, con Nikita Chama Boom, ha sido recibido con beneplácito por todos sus coterráneos. Y lo hizo con esta breve pero simpática historia que constituye su jocoso homenaje a todos los niños cubanos que nacieron después de la Crisis de Octubre.

«Es una idea que tenía pensada hace muchos años y no quería que Daniel Díaz Torres se me adelantara con su peli en vivo (se refiere a Lisanka, que por estos días también se exhibe en las salas del país). Espero que el público se divierta con una visión humorística de una cosa tan seria como la Crisis de Octubre. Yo la recuerdo así».

Pudiera ser también una buena nueva para los miles de seguidores de Juan Padrón, que tiene a la mitad dos guiones de largometraje con su Elpidio; después es como si nos echara un cubo de agua cuando confiesa que se le han ido enfriando. «No tengo la energía para arrancar a trabajar en proyectos que llevan tantos años de realización», dice, para luego tranquilizarnos:

«Sin embargo, escribo, en venganza, un corto llamado Xip Zérep contra los vampiros lácteos, el primer guión que presenté en 1967 al ICAIC, y me plancharon. Lo reescribo de memoria y se desarrolla en Cuba, pero en el año 2260 o por ahí. También un largo sobre la Tribu Tapok… y me divierto muchísimo. Pero sí, me esforzaré por terminar los dos guiones de Elpidio. Uno va de ninja en Japón y el otro es sobre los majases mambises. Buscaré un grupo de jóvenes que me den una mano y todos esos proyectos estarán mata’os en lo que canta un gallo».

—¿Imaginó que cuando en 1975 recibió el premio en el XII Festival Internacional de Cine para niños en Gijón, España, usted obtendría, durante diez años consecutivos, todos los reconocimientos con los que cuentan los Estudios en esa etapa? ¿Alguno de estos lauros que recuerde de manera especial? ¿Por qué?

—Todos fueron emocionantes, pero el estreno del primer largometraje Elpidio Valdés, en el anfiteatro de la Ciudad de los Pioneros José Martí, con diez mil pioneros gritando y saltando, emocionados con la película, ha sido lo más grande para mí. Constaté el amor de los niños hacia el personaje. Fue como si lo encontrara esa noche en la alegría de todos aquellos pioneros que vibraban con las escenas de los mambises.

—Hasta el momento ha sido el único que ha conseguido llegar felizmente al largometraje. ¿Cómo lo explica?

—Al largometraje de animación, sí. En realidad, desde los años 70 muchos directores prepararon guiones para largos, pero por distintas razones nunca los realizaron. En los 80 hubo un período de alrededor de siete u ocho años en que la dirección del ICAIC no quiso hacer largos, cosa que considero un gran error. Otros proyectos no consiguieron financiación o eran guiones flojos. Pero era cuestión de tiempo y ya, en el nuevo estudio, hay varios artistas trabajando en largos. Se prepara el primer largo en 3D del cine animado cubano (Meñique, de Ernesto Padrón).

—¿Pensó alguna vez que Elpidio, personaje que surgió como «secundario» en 1970 en la revista Pionero, se convertiría en símbolo de los cubanos? ¿Qué lo llevó a extraerlo de una historieta de samuráis para ponerlo a pelear con los españoles?

—Nunca pensé que el personaje iba a ser tan entrañable para los niños cubanos… pero también para los jóvenes y para las personas adultas. Un fenómeno del cual me siento muy satisfecho. El objetivo principal del personaje siempre ha sido contar historias de la Guerra de Independencia y las primeras aventuras eran más fantasiosas simplemente porque todavía no me había terminado de documentar sobre el Ejército Libertador y no me conocía los uniformes españoles.

—¿Qué lo motivó a sacarlo del papel para trasladarlo al celuloide?

—La historieta es lo que más se parece al dibujo animado; y cuando Elpidio ya era conocido por la prensa, fue lo natural: intentar presentar las aventuras del personaje a todo color y con música, voces y sonidos. Hicimos dos películas de prueba, al público le gustó… y seguimos. Se hicieron 21 cortos y tres largos.

—¿Por qué si Elpidio Valdés permanece aún en la memoria de todos los cubanos dejó de protagonizar otras películas?

—Porque no pude formar un equipo, una especie de oficina, un sistema o colectivo que trabajara en conjunto las películas, las historietas, los libros… que es lo que se hace en otros lugares cuando se tiene un personaje exitoso como Elpidio. Salvo una corta colaboración con otros directores de animación, enfrenté solo todo el trabajo durante muchos años. Luego, debía hacer los cortos casi como una meta de producción, lo cual baja la calidad. Y no quise hacer más cortos hasta que sintiera la necesidad de contar nuevos cuentos.

«Las historietas siguieron unos años más, pero se acabó el papel. Y ya no tengo la energía de joven para trabajar horas y horas en guiones e ideas. Sin embargo estoy escribiendo, sobre Elpidio, novelas de aventuras. Se ha publicado Elpidio Valdés contra dólar y cañón; y este año Cómo me hice Pepito el corneta. En preparación tengo otra donde Pepito cae preso de los “rayadillos” y otra sobre las tropas habaneras que lucharon en Pensacola, Florida, contra los ingleses y sus tropas indias mercenarias durante la guerra de independencia de las Trece Colonias norteamericanas».

—Como Elpidio cumple 40 años, los Filminutos arriban a tres décadas. ¿Cómo apareció esa idea de crear estos cortos dirigidos al público adulto?

—Los realicé cuando terminé el primer largometraje. Estaba «fundido» y para divertirme hice los tres primeros Filminutos en secreto y los entregué ya listos para animar. Mi idea era atraer al cine animado a los humoristas del patio, y en especial a los caricaturistas. Que vieran una oportunidad de hacer también cosas para el cine. Como los chistes de vampiros, el humor negro o erótico no estaba dentro de la línea del estudio, que se consagraba solo a la producción de cine para la infancia, pensé que iban a planchar el proyecto… pero no, se acordó producir Filminutos para jóvenes y adultos todos los años. Pero para mi sorpresa, los caricaturistas hicieron, casi obligados por mí y renegando como condenados, un solo Filminuto. La serie se relajó luego en el sentido del rigor. Se hicieron chistes mediocres o idiotas, y muchos de estos por aficionados al humor. A la larga, prácticamente colaboraron nada más que un par de profesionales; y la calidad se resintió, tanto en los chistes como en el diseño en general. Queremos volver a retomar la idea y tratar de que tenga la calidad que nuestro público se merece.

—¿Por qué permaneció tanto tiempo «alejado» del cine?

—Pues primero, broncas y disgustos que no vienen al caso; segundo, que soy muy rencoroso… y tercero, que yo quería probar a pintar cuadros, a ilustrar y a escribir libros. Pinté algunas cosas. Di talleres sobre guión dibujado en varios lugares. Realicé o actué en varios videoclips, escribí tres novelas, entre estas Vampiros en La Habana y Vampirenkommando; y asesoré proyectos de animación. Hice afiches de Elpidio Valdés y preparé y coloreé —para editar— varios libros de humor. Escribo otros guiones… Le hago cuentos a un nieto; y tengo otro en camino. No perdí el tiempo.

—A usted se le presenta como caricaturista, historietista, realizador de dibujos animados, guionista, ilustrador. ¿Con cuál de esas profesiones se siente más identificado? ¿Por qué?

—Como caricaturista, creo. Hacer chistes de un cuadro, lo que se llamaban —en mis tiempos— cartones, fue mi primera incursión en el humor profesional, en la vida cotidiana de los periódicos, de la época de los teletipos, de los impresos en rotativa, de revisar galeras, de plomo hirviendo y todo aquello. Mi escuela fue la revista Mella. El Sable, La Chicharra y dedeté me recuerdan el comienzo de mi vida adulta, con responsabilidades, el descubrir nuevas técnicas, de hacerme del oficio con toda mi energía; y luego saltar al cine. Y porque me da rabia que por más que me esforcé dibujando chistes, nunca jamás me gané ni un solo premio como caricaturista.

—Los Estudios de Animación acaban de cumplir 50 años. ¿Qué importancia ha tenido la creación y permanencia de una institución como esa?

—Creó un estilo o escuela de cine de animación cubano, que no tenía antecedentes. El noticiero, el documental y la ficción sí lo tenían cuando empezó el ICAIC, pero la animación fue lo nuevo. Pocos países han logrado algo así. Pero para muchos, son solo muñequitos… y no ven su importancia para la cultura cubana.

—¿Qué momento vive el dibujo animado en Cuba y en el mundo?

—Tenemos un nuevo estudio; y se hizo para los jóvenes realizadores de Animación. Estamos ante otro renacer del cine de animación en todo el mundo. Creo que es debido a las nuevas posibilidades de la computación. El trabajo se hace más humano, más fácil, y los proyectos más baratos. Con buenos programas, y buen gusto, se pueden hacer trabajos muy dignos y de gran calidad.

«Los jóvenes que tenemos, excelentes artistas, tendrán que encontrar el próximo camino del cine animado de nuestro país. No será el mismo de antes, por supuesto… Pero todos queremos que no le falte nunca el espíritu de cubanía, que es su sello de calidad».

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