Problemas del arte de contar historias

El joven escritor cienfueguero Alejandro Cernuda conversa con Juventud Rebelde a propósito de su libro Problemas del arte figurativo, Premio Oriente 2010 en la categoría de Cuento

Autor:

Julio Martínez Molina

CIENFUEGOS.— A través de su libro Problemas del arte figurativo, Alejandro Cernuda obtuvo el prestigioso Premio Oriente 2010 en la categoría de Cuento. Esta es la razón por la cual el joven escritor cienfueguero conversa ahora con Juventud Rebelde.

El tuyo no parece el título de un volumen de ese género, remite en cambio a territorio del ensayo...

—Quise darle a su denominación un carácter de ensayo para que llamara la atención. El libro está concebido como un todo integrador de diversos elementos, a pesar de ser de cuentos, y estos poseer disímiles argumentos.

¿De qué tratan esas historias?

—Hablan de las falsas certezas de las personas, sobre lo que a veces refrendamos en tanto hechos verídicos aunque en el fondo no lo sean.

—¿Existe un lazo de identificación entre los relatos?

—Hay algo particular, aunque quizá no se cumpla en todas las piezas, y es que son historias de una carga social muy profunda, pero muchas de ellas tienen un carácter fantástico.

«Problemas..., el cuento elegido para intitular la obra, es la historia de un pintor que está hospitalizado y se dedica a vender dibujos de los pacientes a aquellos que no pueden venir a verlos.

«Hay otro en torno a un escritor fracasado que se encuentra con el primer amor, el cual cambió su vida en pos del dinero, aunque se pretenda retornar a un tiempo en comunión ya ido y el cuento termine como un canto al regreso de cuanto fueron ellos, al punto donde quedaron.

—Te refieres a tu texto Las partes en conflicto, finalista del concurso de La Gaceta de Cuba. A propósito, no te ha ido nada mal en esto de los lauros.

—No, en realidad no, tengo cuatro casi al hilo, el Fundación de la Ciudad de Santa Clara, 2008; el premio La Llave, Santiago de Cuba 2008 y 2009, y ahora el Oriente. No es mucho pero sí algo...

—Antes hablabas de la incorporación de lo fantástico a tus historias. ¿Te interesa como género?

—No me atrae en tanto género, sino como un canal para darle dentro de mi literatura un poco más de alivio al lector, apartándolo algo de la rispidez corriente. No suelo mostrar un grupo de personajes que están mal con la vida; trato de que haya optimismo en cuanto escribo, me interesa mucho el optimismo en la creación literaria.

«La parte fantástica de mis cuentos tiene que ver más con una especie de mundo imperceptible donde se mueven muchas cosas de la vida cotidiana».

—¿Fue el cuento el género de tu iniciación literaria?

—Empecé escribiendo novelas; lo primero que hice fue un bodrio de 300 páginas, el cual abandoné a la larga, pero, sin embargo, supuso experiencia grandiosa ya que lo compuse en medio de cierta etapa en la cual no sabía qué iba a hacer con mi vida. Me hizo darme cuenta de mi capacidad para escribir algo mejor que aquello; eso me marcó un camino en un momento determinado.

—Pero no más novelas...

—No, no. Continué, luego escribí Enamorarse de Ana, ganadora del Premio de la Fundación de la ciudad de Santa Clara, ya publicada y algo que me satisfizo. Ahora terminé otra, La casa de todos, de carácter histórico, también con elementos fantásticos.

—¿A qué hora tienes la mente más clara para escribir?

—No se trata tanto de una razón de claridad como de oportunidad. Lo hago cuando termina la novela, la mejor hora posible, y estoy sentado en la  computadora hasta las tres o cuatro de la mañana; luego duermo hasta cerca de las nueve, y me pongo a leer.

—¿Qué lees?

—Mi formación nunca fue muy literaria, sino más bien científica. Al iniciarme en la narrativa era informático, cursé algunos años universitarios de especialidades técnicas nunca concluidas... Por eso debí correr mucho y leer bastante ahora. Siempre estoy leyendo algo, de todo.

—¿Cuándo podremos hojear Problemas del arte figurativo?

—Se publicará en 2011, con 2 000 ejemplares.

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