Emiliano Zerbini: Un cantor de historias

Al cantante argentino le preocupa que se preserven las culturas raigales, esas que se conservan a través de los indígenas, los cantores de pueblo, las danzas folclóricas, los carnavales

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Durante el pasado Festival del Caribe, en el santiaguero Teatro Martí, la voz del folclorista argentino Emiliano Zerbini introdujo a los espectadores en una sonoridad peculiar, mientras una compañía danzaria gaucha representaba el arte de los campos de la nación sudamericana.

Las canciones de Zerbini adentraron a los presentes en las chayeras y las melodías carnavalescas de la parte rural de su país. En los rostros del público aparecía esa particular satisfacción de saber que Argentina posee muchos valores culturales, además del tango porteño.

Emiliano es una de las voces jóvenes que cultiva esa línea artística en su país, y estuvo en Cuba para mostrarlo. Página 12, uno de los principales diarios sureños, reconoce en la obra del cantautor esa llama que abrieron en su nación autores como Cuchi Leguizamón y Peteco Carabajal. «A los 33 años, (Emiliano) es una de las figuras que encaran una búsqueda distinta sin alejarse demasiado de la raíz», constata el rotativo.

Es que el gusto por la música le quedó registrado en los genes al intérprete, nacido en Córdoba. «Desde muy chango (niño) estoy en contacto con el arte popular. Mis padres son bailarines y toda mi familia se dedica a alguna rama del arte. Además, me crié en un pueblo de la provincia de La Rioja y ahí el folclor es algo cotidiano», confiesa Zerbini en diálogo electrónico con nuestro diario.

La crítica especializada enmarca las composiciones del artista en el llamado nuevo folclor de su país, pero él se resiste a tal conceptualización. «Ese movimiento está relacionado con algo muy “marketinero” que inventaron las compañías para clasificar el producto. Me resisto a eso. Prefiero estar en la línea de los nuevos cantautores independientes».

En una de las canciones de su último disco, Luz de andar, dicta su compromiso con los protagonistas de sus historias. Hay ciertas cosas que no se venden,/ que no se compran/ la libertad, la sangre, la historia,/ son simples cosas que no se tocan, entona.

Lo lamentable, según Zerbini, es que algunas veces se ha utilizado ese compromiso para promocionarse. «El nuestro está intacto y es honesto», asegura.

Para muchos Luz de andar es un álbum que lleva el peso de la madurez melódica alcanzada por Emiliano. Pero, ¿por qué inspirarse en temas sociales?

«Porque creo que es necesario. Así lo siento. Mi país es hermoso y me encanta cantar y contar sus bellezas y virtudes. Sin embargo, también ha pasado por muchas cosas lamentables: dictaduras, democracias corruptas, hambre, pobreza, falta de educación... Creo que nuestra generación no puede estar distraída de ello y hay muchos cantores que llevan a la poesía cantada la realidad».

Rioja madre, letra que pertenece a ese volumen y en la que su autor habla de la tierra que lo viera crecer, muestra en su armonía una manera contemporánea de tocar las canciones folclóricas. Zerbini afirma que no desoye la tradición, «más bien pienso que es una búsqueda que intenta enriquecerse de lo antiguo, pero con una sonoridad actual».

Al cantante le preocupa que se preserven las culturas raigales, esas que se conservan a través de los indígenas, los cantores de pueblo, las danzas folclóricas, los carnavales... «Es el amor de cada persona, la convicción y el compromiso, lo que hace que nuestra natividad sobreviva, atraviese los años y la transculturación no llegue a colonizarnos», señala.

Zerbini ha grabado de forma independiente sus tres discos: Ofrendas, Canción pueblera y Luz de andar. «Resulta difícil, pero muy agradable en términos creativos. Hay que tratar de comercializar nuestro trabajo, pero que el trato que hagamos con las disqueras sea respetuoso con nuestra ética. Afortunadamente existe Internet y también podemos tocar en vivo. En esos espacios podemos vender nuestros discos».

Es común que Emiliano se presente acompañado de una banda compuesta por violín, guitarras y bombo. En este encuentro con la Isla prefirió que fuera su guitarra la única que mediara entre él y el público.

¿Algún plan de mezclar su música con la cubana, o de presentarse aquí? Zerbini desea que ambas posibilidades se cumplan. «Estoy en Argentina ahora mismo y creo que mi alma se quedó en Cuba. Ojalá pudiera mixturar nuestras culturas. ¿Volver? ¡Seguro!».

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