Donde renace la vida

El pequeño Kevin Cape Guerra, de 13 años de edad, ganó el primer premio en el XIV Concurso Internacional de artistas jóvenes Arcoíris de la Victoria, que tuvo lugar en Rusia

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Aquellas rejas —puertas de una prisión que ponía grilletes a los sueños, mutilaba la inocencia y clausuraba los sentimientos— ahora permanecen abiertas. A través de los ojos de Kevin el campo de concentración de Auschwitz, otrora mayor centro de exterminio de la Alemania nazi, es un sitio que rinde tributo a la libertad.

Dentro y fuera de esa barrera ascienden al cielo árboles y plantas mientras que a ras del suelo prolifera, con pinceladas impresionistas, el pasto que sirve de alimento a un par de vacas. Dispersos y fundidos con la tierra yacen algunos cascos en cuyo costado se puede leer SS. De su interior brotan retoños verdes. Ya no son un símbolo del terror, sino la evocación de un pasado que no puede volver a ser un presente.

Esa es la visión de la derrota del fascismo que Kevin Cape Guerra plasmó en una pintura. Tenía 12 años cuando, pincel y acrílico en mano, se dispuso a materializar su idea; y 13 cuando se enteró de que con ella había obtenido el primer lugar en el XIV Concurso Internacional de artistas jóvenes Arcoíris de la Victoria, que desde Rusia dedica esfuerzos a conmemorar el triunfo de la Gran Guerra Patria y la caída del régimen fascista.

El joven artista contó a JR la historia que lo llevó a convertirse en participante de ese certamen y ganador del primer lugar. «En la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana, donde Rusia asistió como país invitado, se desarrolló un concurso de dibujo infantil donde la temática era que los niños cubanos pintaran a Rusia y los niños rusos a Cuba. Participé en ese evento y pinté la Catedral de San Basilio. A los presentes les gustó mucho y al día siguiente me dijeron que había obtenido el primer lugar.

«Luego me comunicaron el interés que ellos tenían en que yo aceptara estar en un concurso, cuya temática era la derrota del fascismo».

Kevin detalló los significados de su obra. Al hacerlo no fue difícil percibir cómo asomaban pequeños duendes que encendían faroles en sus pupilas. «Para participar allí busqué información y me documenté. Tomé como punto de partida el campo de concentración de Auschwitz. La idea era reflejar el renacer de la vida en aquel lugar que durante tanto tiempo fue símbolo de la muerte y de horrores sufridos por mucha gente.

«También le agregué una vaca comiendo de la hierba que nacía. Como en ese sitio murieron tantas personas, decidí representar algo que diera el sentido contrario. Pensé en poner una flor, pero luego no la incluí pues las flores también se marchitan, y no quería eso en mi trabajo. Estuve varios días haciendo bocetos, pero siempre con la idea esencial de que después del error que constituyó el fascismo, ya era momento para la paz, la vida y la armonía».

Según explicó su abuela, Libertad Mercedes Moreno, la Galería de Arte y Literatura Infantil Pájaro de Fuego, la cual estuvo presente en la Feria Internacional del Libro de La Habana con un stand infantil, se llevó el cuadro para Rusia.

Meses después, la directora de esa institución, Alevtina Sharova, les envió una carta en la cual informaba que la pintura había sido expuesta en varios lugares como el Centro de Negocios Sibernaya Bashnia, en abril; y en el XIV Concilio Mundial del Pueblo Ruso, en mayo, donde la obra fue titulada a partir de unos versos del poeta contemporáneo soviético Robert Rozhdestvenski: «Sobre una gran tierra una vez acabó la guerra». La confirmación de que Kevin había ganado llegó en agosto.

«Cuando supe la noticia de que había logrado el primer premio me puse supercontento», confesó el adolescente admirador de Wifredo Lam, Vincent van Gogh y Pablo Picasso. Su mamá, Annie Guerra Moreno, con el orgullo y la felicidad resumidos en una sonrisa, dijo que ese fue un día de celebraciones.

Al indagar acerca de la premiación se conoció que el galardón fue recibido este domingo por Juan Valdés Figueroa, embajador cubano en Rusia. El acto coincidió con la XXIII Feria Internacional del Libro de Moscú.

A Kevin le emociona la idea y se siente complacido, pero ahora lo que acapara su atención es la preparatoria para San Alejandro, que obtuvo al ocupar el puesto 12 en ese escalafón. Disfruta pintar, pero asegura querer convertirse en arquitecto para diseñar casas y, tal vez, para continuar proyectando con su obra el reflejo de un mundo cambiante.

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