Peña de Eduardo Sosa: donde todas las artes confluyen

Eduardo Sosa y Yasek Manzano ya habían compartido momentos anteriores en escena, pero quiso el trovador invitar al destacado trompetista a ese singular espacio que cada primer viernes del mes anima en la Casa Cultural del Alba

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

«Soy un jazzista frustrado, pero te voy a tararear una frasecita», dijo el trovador a su primer invitado de la noche. Con gran similitud tímbrica, esbozó el artista una frase al estilo de Miles Davis que el público reconoció rápidamente.

Su interlocutor lo siguió, con la voz y no con su instrumento habitual, aceptando inmediatamente el reto. Es un apasionado del jazz y uno de sus más virtuosos cultores en la Isla. Le devolvió al cantautor la palabra, no sin antes confesarle: «Soy un cantante frustrado», e hizo un ademán, que muchos entendimos como: «Se hace lo que se puede con el canto».

Eduardo Sosa y Yasek Manzano ya habían compartido momentos anteriores en escena, pero quiso el trovador invitar al destacado trompetista a ese singular espacio que cada primer viernes del mes anima en la Casa Cultural del Alba, de la capital.

En la cita de septiembre, Manzano tomó su trompeta y, con gran virtuosismo, siguió a Sosa y su grupo en varias canciones. La experiencia fue insuperable.

Varios artistas dejaron esa noche igual huella. Nelson Gudín abandonó a su popular personaje de El bacán de la vida, y ofreció una mirada real a nuestra cotidianidad desde la piel de un «hombre pasado de tragos», a la vez que sorprendió al auditorio con algunos de los poemas pertenecientes a su libro La ciudad y el loco, cuya presentación está prevista para finales de septiembre.

El cantautor Manuel Argudín también tomó la guitarra en la velada y mostró sus canciones más sensibles, mientras Eduardo Ramos quiso regalar a los presentes dos temas compuestos por Pablo Milanés, con música de Chucho Valdés, contenidos en el disco Más allá de todo, hecho por ambos creadores.

Así de diverso en manifestaciones artísticas es este espacio que Eduardo Sosa protagoniza. Es un lugar donde «se conversa, se traen amigos», comenta a Juventud Rebelde. De ahí que hasta la instalación ubicada en Línea y D, del Vedado capitalino, se han llegado varias personalidades en los últimos seis meses.

«Realmente por aquí han pasado músicos de la talla de la cantante Beatriz Márquez y el saxofonista César López, entre muchos otros. También se ha ido incorporando un público ávido de un tipo de música que no es la que se transmite habitualmente en los medios, melodía con la que se pueden divertir y pasar un buen rato», señala.

En estas citas, el cantautor muestra sus composiciones llenas de un arraigo a lo más tradicional de nuestra música. Esa riqueza sonora le llega a Sosa desde su lugar de nacimiento, quizá para reafirmar esa gran máxima de Miguel Matamoros que señala que los buenos cantantes proceden de las lomas, pero cantan en los llanos.

Así, desde las elevaciones más altas de la Isla —las de Santiago de Cuba—, Eduardo Sosa extrajo un sinnúmero de temas que ha vuelto universales. El grupo que lo acompaña tampoco ha dejado atrás sus raíces y vuelca en la melodía lo más clásico del son, logrando tal sonoridad con la unión de la percusión, bajo, tres, trompeta y guitarra.

Para Sosa es este peculiar encuentro de viernes una manera de «poner a prueba» esas nuevas melodías, aunque sean «las mismas canciones que interpretaba con mi guitarra». Ahora las «arropa» con su grupo, al cual llama «la columna invasora».

Es que para el autor de A mí me gusta, compay, su peña es una posibilidad de confrontar con los espectadores el trabajo que viene haciendo con esos muchachos. «Existe una cosa interesantísima, hay quien llega temprano para ver hasta la prueba de sonido», asegura.

Con las mismas dotes de buen comunicador que exhibe en la Casa Cultural del Alba, Eduardo emprende nuevas presentaciones. Para el 30 de octubre venidero prepara un concierto en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes; en tanto a finales de septiembre podrá vérsele en Cienfuegos, en octubre en Pinar del Río, en noviembre en Holguín, y en diciembre se llegará a su natal provincia de Santiago de Cuba.

No obstante, el cantautor no quiere dejar lugares de la Isla sin recorrer y en el primer trimestre de 2011 realizará una gira nacional. Aun con el cronograma ocupado hasta el año próximo, el cantante hace tiempo para crear canciones que luego incluirá en su próximo disco, un álbum que sumará a los que hiciera cuando formaba parte del dúo Postrova, al que facturó junto al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, y al que grabara en solitario con Producciones Colibrí, titulado Eduardo Sosa.

Amén de tantos proyectos entre manos, el trovador se regocija con tener ese singular espacio en la Casa Cultural del Alba. Allí, con creatividad, Sosa va tendiendo un puente para que confluyan todas las artes y estrecha con su carisma esa distancia que a veces separa al artista de la gente que lo sigue.

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